Tragué
saliva con dificultad y agaché la cabeza, mirándole solo un poco, de reojo.
Estaba ahí, eso o me había vuelto loca al fin. Decidí creer que verdaderamente
estaba allí, puesto que aún confiaba aunque solo fuese un poco en mi cordura.
Me giré a mi hermano, respiré profundamente y le dije:
-Estaré
por allí.-hice un amplio gesto con la mano y empecé a andar. Sí, me moría de
ganas de verlo, pero él había sido quien había decidido que no quería verme
más, por lo que yo no era quien para obligarle a tenerme que ver. Bueno,
también se le puede llamar huir a lo que estaba haciendo.
Fui
acelerando el paso a medida que me alejaba del sitio, hasta que me escondí
detrás de un árbol, me agaché y comencé a hiperventilar.
Apenas
dos segundos después, él ya estaba allí agachado delante mía y con cara
preocupada.
-¿Estás
bien?-su voz sonaba dolorosamente cerca, no la recordaba, al igual que mi
memoria no le hacía justicia a sus ojos. Desde luego que no había guardado bien
su imagen en mi corazón. Bien, al menos tendría la oportunidad de volverlo a
memorizar.
-Sí.-me
levanté, vi como intentó ayudarme, pero se alejó antes de hacerlo. Miró a otro
lado y yo también lo hice.
-Cuanto
tiempo.
-No
tienes que verme si no quieres.-le solté del tirón, él puso una cara extraña.
-¿Cómo?
-Decidiste
que no verme era la mejor opción y estabas en tu derecho, me daba igual lo que
yo sintiese porque eras tú quien me importaba. Y todo sigue igual. No tienes
porque verme porque nos hayamos encontrado por casualidad aquí.
-¿Y
si sí quiero verte?
-Pues
serías idiota.-una lágrima rodó por mi mejilla.-Habías cortado por lo sano, si
quisieses volverme a ver sería volver a hacerte daño cuando al fin habías
conseguido librarte de ti.
-Tendré
que hacerte algunas aclaraciones. Primero, nunca he conseguido librarme de ti,
en estas semanas he pensado en ti día sí y día también todos las horas del día.
Segundo, me moría de ganas por volverte a ver, te he echado de menos de una
forma casi increíble. Tercero, no vas a hacerme daño, esta vez será diferente, lo
sé.
-¿Y
cómo lo sabes?
-Porque
acabas de decir que te importo.
-Antes
también me importabas y eso no impidió que te hiciera daño.
-Antes
era diferente. Ahora acabas de anteponer mi bienestar al tuyo.-lo miré a los
ojos, comprendiendo por donde iba.-Si te hago una pregunta ¿me contestarás?
-Sí.-contesté
sin dudarlo, incluso sabiendo cuál sería su pregunta.
-¿Qué
sientes por mi exactamente?-mi corazón se aceleró y se puso a la defensiva,
chillándome que si no le decía la verdad me las vería con él.
-Es
una pregunta difícil.
-En
realidad no lo es. Puedes decirme que me ves como un amigo, en cuyo caso
aceptaré verte todas las veces que tú quieras. O puedes decirme que no sientes
nada, en cuyo caso te obligaré a verme todos los días. O simplemente puedes
decirme que me quieres.
-¿Y
cual es la condición del si te quiero?
-Que
te exigiré que me des una explicación de qué es lo que sientes exactamente.
-Esa
pregunta ya la has hecho.
-Y
sigo esperando una respuesta.
-Estas
semanas han sido las peores semanas de mi vida. Te echaba de menos. Pensaba en
ti. Veía el sol y me dolía, porque me recordaba que era estúpida, que sin ti
nunca me enamoraría ni tendría posibilidad de hacerlo. Eras mi única
oportunidad y en verdad no me importaba que no hubiese más, eras cuanto quería
y necesitaba para ser feliz ahora y siempre. Y no te tenía, me dolía muchísimo…
y me seguirá doliendo si no te vuelvo a ver nunca, pero que me duela al menos
sirve para que te recuerde de una forma clara, para saber que existías y que
seguirás existiendo donde quiera que estés, aunque no sea a mi lado.
-¿Puedo
interpretar eso como un “te quiero”?
-No,
deberías interpretarlo como mucho más. ¿Sabes qué? Tengo algo que decirte.
-Pues
dímelo.-me dijo sonriendo.
-Eres
tú.-su sonrisa se ensanchó a la vez que una gota de lluvia cayó en su mejilla.
Ambos nos sorprendimos muchísimo y miramos al cielo, al tiempo que la lluvia
empezaba a caer con fuerza, como si siempre hubiese estado ahí o como si no
llevase tanto sin pasar por la ciudad. Sonreí y lo miré.-He tardado tanto como
la lluvia.
-No
importa, lo importante es que ambas habéis llegado.-sonrió más y yo también.-
¿Decías algo?
-Sí.-me
puse sería.- Te decía que eres tú. Siempre has sido y serás tú.
FIN






