viernes, 6 de abril de 2012

Días de lluvia y sequía 03


Los siguientes meses fueron iguales. Todas las tardes de todo un año me encontré con ese chico. Todas las tardes me intentó convencer. Todas las tardes me negué a creerlo… pero por alguna extraña razón yo continuaba acudiendo a nuestros encuentros… supongo que eso mismo fue lo que le dio fuerzas para aguantar mi cabezonería todo ese tiempo, porque sino, no entendería como fue capaz de soportar mis comentarios sarcásticos cada vez que sacaba el tema del sueño, y ser capaz de volver a sacarlo al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente…
Hablamos mucho, por supuesto, y claro que me daba cuenta de que era especial, e incluso lo echaba de menos cuando no estaba con él. Pero eso no significaba que sintiese nada por él, incluso aunque esa siempre hubiese sido su intención. Yo no encontraba en él eso que me dijese que era él, que siempre lo había sido. Su fantasioso sueño nunca se cumpliría, por más que le pesase y por más que me pesase a mí hacerle daño.
Yo ya estaba en el parque. Hoy también hacía sol, este no se había ido ni un solo día en todo el año. La lluvia había abandonado la ciudad por un tiempo (mucho, demasiado) y ya la empezaba a echar de menos. Suspiré molesta, él llegó a la vez. Me miró muy serio y murmuró:
-Tenemos que hablar.
Yo me levanté, confusa. Sí, hablar, era justo lo que habíamos estado haciendo todo un año.
-Dime.
-Se acabó.
Traté de encontrarle significado a sus palabras.
-¿El qué se acabó?-sus ojos brillaban de una forma dolorosamente especial. ¿Había encontrado a alguien que lo quisiese de verdad? ¿Se habría cansado de mí? ¿Ya no sentiría nada? Las preguntas se agolpaban en mi cabeza, pero no las pronuncié. Esperé pacientemente a que él me diese una explicación. Mientras un nudo se instalaba en mi garganta y un vacío en mi pecho.
-No quiero que nos sigamos viendo. No quiero seguir ilusionándome cuando ya no queda esperanza, cuando nunca la hubo. Tal vez algún día, dentro de mucho, lo hubiese conseguido, pero… ¿a qué precio? Cada segundo que pasa contigo sin conseguir que me quieras me abre un agujero en el corazón y a estas alturas, mi corazón está más que cuarteado. No puedo obligarle a pasar por esto. No es justo, lo entiendes, ¿verdad?
-Claro.-lo entendía, agaché la cabeza y tragué con dificultad. Permaneció en silencio unos segundos.
-Y lo que más me fastidia, -añadió tras este instante, mirándome con seriedad. Yo busqué sus ojos, hoy los vería por última vez.-es que yo sé que tú eres el amor de mi vida y que por lo tanto estaré destinado a pasar el resto de mi vida solo, porque tú no quieres estar en ella… pero… hay algo que me fastidia aún más… y es saber que yo también soy el amor de tu vida, aunque tú no lo sepas… y un día, de pronto, te acordarás de mi, de lo que te estoy diciendo ahora, y te darás cuenta de cuanta razón llevaba… y ya será tarde, cada uno tendrá su propia vida, lejos del otro, sin posibilidad para el amor porque no fuimos capaces de aprovecharlo en su momento… y su momento es este…

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