jueves, 1 de diciembre de 2011

Álex&Julieta 12


-Ahora dime que no te llamas Romeo, si no me deberé enamorar perdidamente de ti.
El chico rió.
-Me llamo Alex.-le contestó. Julieta entrecerró los ojos, juraría que ese nombre le recordaba algo.
-Pues yo sí soy Julieta, un placer.-le ofreció su mano al chico, para ayudarlo a levantar.
Fue en ese momento, cuando sus manos se cogieron con fuerza por primera vez, cuando una especie de descarga eléctrica recorrió sus cuerpos. Las farolas cercanas titilaron, ellos se sorprendieron a la vez que un torrente de recuerdos los inundaban, la respiración se les paró y el corazón tomó la velocidad del amor.
Recordaron cada momento vivido, cada palabra, cada gesto, el dolor de no poderse tocar. El dolor de quererse y no poderlo vivir. Recordaron el porqué y el cómo habían podido despertar. Se recordaron.
-Julieta…
-Alex…
Julieta saltó a los brazos de este, llorando de pura felicidad. Alex agarró tan fuerte a Julieta que parecía que temía que fuese a desaparecer en cualquier momento.
-Julieta… Julieta… mi Julieta…-repitió una y otra vez en su oído.-No sabes cuánto…-pensó decir tiempo, pero en realidad, él no había llevado la cuenta del tiempo.-cuantos sueños he esperado este momento.
-Pensaba que tú no creías en los sueños.-le dijo Julieta separando su cabeza del pecho de Alex.
-¿Cómo no voy a creer? Tú eres mi sueño… y estás aquí… eres real.-la abrazó más fuerte. Julieta sonrió y se acurrucó entre los brazos de Alex.
El destino tiene su propia forma de poner a cada uno en su lugar, el destino juega sus cartas en el orden que quiere porque sabe que al final siempre gana. El destino es lioso y maleducado. Pero ese mismo destino era el que los había reunido allí a los dos en ese momento, el que había vuelto a poner orden y felicidad en sus vidas. Ese destino se había aliado con su amor, y les había estado tendiendo un camino a recorrer para su propia felicidad. Los había llevado hasta sus recuerdos, y sobre todo, los había llevado a estar juntos. Ese lioso y maleducado Sr. Destino les había salvado, no la vida, si no el alma y el corazón.
Alex colocó sus manos en las mejillas de Julieta, esta sonrió por el contacto suave y cálido, pero sobre todo, real. Cerró los ojos, dispuesta a disfrutar de lo que vendría, ya era hora. Ambos se lo merecían.
Alex acercó sus labios tierna y lentamente a los de Julieta, tratándola como si siguiesen en ese sueño donde ella podía desaparecer.
Justo en el momento en que sus labios se unieron, en ese mismo instante, todas las farolas de varias calles a la redonda se apagaron sin motivo aparente.

FIN

Álex&Julieta 11


La chica paseaba despreocupadamente por la calle, con su libro favorito, Romero y Julieta, entre las manos. Solía hacer eso muchas veces, encerrarse en ese libro y tener ojo solo para saber que no estaba cruzando cuando no debía o que no había nadie con quien chocarse.
Se sabía ese libro de memoria, aunque eso no quitaba que cada vez que lo leía se sintiese como si fuese la primera.
Hacia un rato ya que tenía la impresión de que alguien iba detrás de ella. Por eso ahora mantenía el libro abierto sin apenas mirarlo e iba de calle en calle sin seguir una dirección concreta.
De pronto se encontró con que la calle que había tomado no tenía la salida, ella sola se había metido en la boca del lobo. Intentó darse la vuelta, para intentar enmendar su error, pero ya era tarde. El hombre que la había estado siguiendo ya estaba en la entrada de la calle, caminando hacía ella.
-Hola guapa.-un estremecimiento recorrió el cuerpo de la chica, al saberse en peligro y sola. Su respiración se aceleró por el miedo y bajó la mano con la que sostenía el libro, aún con su dedo marcando la página por la que se había quedado. Hizo acopio de toda su valentía, que en ese momento parecía muy poca.
-Disculpe.-se dispuso a pasar por su lado, ignorando el peligro, con la esperanza de que el hombre recapacitase y la dejase marchar. Pero no, no lo hizo. El hombre le agarró el brazo con el que sostenía el libro, y al darse cuenta de ello se lo quitó de las manos.- ¡No!
-¿Romeo y Julieta? Bah, tonterías.-arrojó el libro un par de metros más allá.
-Suélteme.-le dijo ella, pareciendo serena.-Suélteme o tendré que gritar.
Una sonrisa maléfica cruzó el rostro del hombre a la vez que de no sabía dónde sacaba una navaja, con la que amenazó el cuello de la chica. A esta se le escapó un débil quejido y trató de separarse lo máximo posible del hombre, que aflojó su presión en el brazo.
-No tiene porque pasarte nada, bonita. Tu y yo podemos pasarlo muy bien.-acercó su cara a la de la chica, que la apartó.
-¡No!-gritó.

El chico iba caminando cuando escuchó el grito. Acababa de pasar por la entrada de un callejón y le pareció que venía de allí. No era asunto suyo, pero tenía curiosidad.
Se asomó un poco, lo justo para ver a una chica amenazada por una navaja. Abrió mucho los ojos.
Lo más sensato, pensó después, hubiese sido llamar a la policía y que ellos solucionasen todo este asunto. Eso era lo más sensato, desde luego, pero todo el mundo le decía que últimamente, estaba menos sensato que nunca. Así que, sin saber bien porqué, se metió en el callejón, tratando de hacer el menor ruido posible, y cogiendo un par de piedras que había tiradas por allí, se las lanzó al agresor de la chica.
Siempre había tenido mucha puntería, así que le acertó en la cabeza de lleno. La chica aprovechó el momento de confusión para huir un poco del hombre, pero este reaccionó pronto y volvió a agarrarla del brazo.
-Lárgate de aquí, muchacho, esto es entre la chica y yo.-le dijo, furioso. El chico lo miró y no se movió en absoluto.-Lárgate si no quieres acabar mal.
-Suéltala si no quieres acabar mal.-contestó el chico, a la vez que le lanzaba otra piedra que el hombre no pudo evitar. La chica, esta vez sí, salió corriendo hasta llegar al lado del muchacho.-Ponte detrás mía.-le dijo, sin apartar los ojos del agresor, que ahora los miraba con el odio más profundo.
-¡No saldréis de este callejón!-el hombre se abalanzó sobre ellos, sin darles tiempo a reaccionar. Iba a por la chica, ambos lo sabían, primero moriría ella, después, él. La chica vio la navaja ton solo a unos centímetros de su cuerpo, casi se preparó para sentir el frío metal hundiéndose en su carne. Pero no llegó a sentirlo nunca, pues el chico se interpuso, recibiendo él la puñalada en su lugar. La chica abrió mucho los ojos a la vez que se le llenaban de lágrimas. El chico cayó hacia atrás por el impacto, justo sobre los brazos de ella. El hombre pareció asustarse en ese momento, pues salió huyendo de allí. La chica seguía llorando, mientras, en el suelo, abrazaba con fuerza al chico, mojando su pecho de lágrimas.
-¡No tenías por qué hacerlo!-repitió una y otra vez.
-Eh…-el chico sonrió un poco entre sus brazos.-Estoy bien… no me ha hecho nada.
La chica buscó la herida, pero no la halló, solo un pequeño corte en la chaqueta, a la altura del corazón.
-¿Cómo?-el chico se incorporó un poco y se sacó un libro del sitio donde había ido a parar el corte. La navaja había atravesado un poco el libro, pero no le había llegado a hacer nada a él. La chica leyó el título: Romeo y Julieta. Abrió mucho los ojos y fue a recoger su ejemplar, después se lo tendió a él.-Es lo justo.
El chico se sorprendió, y después sonrió.
-Gracias, pero no hace falta…
-Cógelo. Me has salvado la vida…te podrían haber matado.-le dijo la chica, volviéndose a arrodillar a su lado.-Ahora dime que no te llamas Romeo, si no me tendré que enamorar perdidamente de ti.
El chico rió.

Álex&Julieta 10


Julieta pasó varias semanas recuperándose del accidente. Siempre había alguien con ella, su madre no la dejaba después de haber pensado que la había perdido. Los médicos le habían contado que su recuperación parecía un milagro, que ellos no tenían esperanzas.
Violeta pasaba mucho tiempo visitando a Julieta, porque se sentía culpable de su estado. Le contó todo lo que en verdad pasó con Alex.
-Así que lo que yo te quise decir es que a Alex lo habían trasladado a otro hospital, pero no que había muerto.-le explicó.
-¿Alex?-preguntó Julieta, completamente confundida.- ¿Quién es Alex?
-¿Cómo qué quien es Alex? ¡Te has pasado meses en este hospital visitándolo!-le dijo, muy sorprendida ante la falta de memoria.
-Yo no conozco a ningún Alex, Violeta…
-Debe de ser cosa del accidente, verás cómo lo recordarás todo…-le dijo Violeta acariciando su frente.
-Pero es que yo ya lo recuerdo todo. Me acuerdo de ti… y del accidente… no debí coger el coche, si ni siquiera tengo carné… sigo siendo tan descerebrada como siempre, que se le va a hacer.-Julieta movió la cabeza de un lado a otro. Violeta la observó preocupada.
-Recordarás a Alex… ya verás…-le dijo ella. Julieta la miró sin entender, pero después asintió con la cabeza, todo fuese por complacer a Violeta, que se había portado tan bien.
Cuando su madre estuvo con ella de nuevo, le preguntó si ella conocía a algún Alex, y su madre le respondió que hasta donde ella sabía, no había ningún “Alex”, pero sí le dijo que el mismo día de su accidente, Violeta llamó un poco antes de que la avisasen de lo ocurrido. Y le dijo que pensaba que Julieta se había confundido, que lo había entendido todo mal y que hablase con ella antes de que ocurriese alguna cosa.
-Ese “Alex” debía de ser muy importante para ti… si no Violeta no se hubiese molestado en llamar para solucionar el malentendido.-finalizó su relato su madre. Pero Julieta, por mucho que lo intentó, por mucho que luchó contra su mente y buscó en su corazón, no logró encontrar ningún rastro de ningún Alex…
Oh, oh, pobre Julieta, que olvida a aquel por el que casi dio su vida.

Alex despertó de improviso un par de noches después de ser trasladado. Su padre, con pocas esperanzas ya, aún continuaba durmiendo a su lado todas las noches que podía.
Alex abrió los ojos como si hubiese despertado de una pesadilla. Tenía la respiración acelerada, y su corazón saltaba en su pecho. Fue tan de repente que su padre despertó a su vez.
Se sorprendió tanto de ver a Alex despierto… el corazón se le encogió y las lágrimas afloraron en su rostro. Esa misma mañana los médicos le habían vuelto a decir que no había esperanza. Y esa misma noche él había abierto los ojos.
“La esperanza siempre existe” se dijo para sí a la vez que abrazaba con tanta fuerza a su hijo que este se echó a reír apartándolo un poco.
-¿Qué ha pasado?-le preguntó a su padre.
-Hijo, entraste en coma después del accidente.-Alex recordaba perfectamente ese accidente, recordaba el miedo y la necesidad de proteger a su hermana.
-¡Dalia!-dijo, tratando de incorporarse en la cama, pero un montón de cables se lo impedían.
-Tu hermana está bien, hijo.-le dijo él, poniendo una mano sobre su hombro.-Gracias a Dios, ya todos estamos bien.
-¿Cuánto tiempo…?
-Cinco meses y dos días.-le contestó su padre.-Pero eso ya no importa, lo importante es que estás bien… ¡he estado tan preocupado por ti!
Y acto seguido volvió a abrazarlo con fuerza.
Un par de días después, su padre estaba en su habitación junto con Dalia y esta sacó el tema.
-¿No va a venir Julieta a verte?-le preguntó su hermana, reposando su barbilla en el antebrazo de su hermano.
-¿Julieta? ¿Quién es Julieta?-preguntó Alex.
-Tu amiga.-contestó Dalia.
-Yo no tengo ninguna amiga…-contestó, y rápidamente añadió-que se llame Julieta.-no quería lastimar a su padre, que tantas ganas tenía de que su hijo tuviese amigos.
-¿Cómo que no?-le preguntó la chica, abriendo los ojos.
-Papá, ¿de qué habla Dalia?-le preguntó a su padre.
-Una chica llamada Julieta ha estado visitándote los últimos 3 meses. Se pasaba horas contigo, el tiempo que nosotros no estábamos. Te leía, o hablaba contigo como si estuvieses despierto. Parecía que era amiga tuya…
Alex negó con la cabeza.
-Yo no recuerdo a ninguna Julieta.-contestó él, moviendo la cabeza de un lado a otro.
-Pues era una chica muy graciosa y simpática.-le dijo Dalia, que lo miraba fijamente.-Siempre estaba riendo y me regalaba cosas. Me caía bien… espero que vuelva a verte pronto…
Oh, oh, pobre Alex, que ya no recuerda a la persona por la cual estaba dispuesto a dejarse morir.


Y al igual que habían despertado milagrosamente, a la vez olvidaron quien era el otro y cuanto se habían amado. Olvidaron todo aquello que tuvieron. Aquello que los hizo inmensamente felices. Aquello que les había devuelto a la vida.

Oh, oh, pobres Julieta y Alex, que ya no se recuerdan, que sienten el corazón vacío y ni siquiera saben por qué.

Álex&Julieta 09


Alex estaba esperándola, como siempre, eso era lo único que él podía hacer ya.
Esperarla.
Apareció donde hasta segundos antes no había nada, pero no era ella. No era su Julieta, ya no era esa persona.
Estaba… transparente. Veía con claridad las hojas de los árboles caer a través de ella. Se espantó ante lo que eso podía suponer. Su pulso se aceleró ante el profundo terror que sentía en ese momento. Y su corazón empezó a saltar, como si con ello pudiese hacer que el color volviese a Julieta.
-Julieta… ¿qué has hecho?-eso fue lo único que fue capaz de decir.
-Alex…-ella parecía no darse cuenta. Levantó una mano hacía Alex, y este solo sintió una suave calidez en el pecho, en el lugar donde la mano de Julieta había llegado atravesándolo. Julieta agrandó mucho los ojos cuando vio su mano, cuando vio lo que había hecho.-Estás… aquí.
-Sí, yo estoy aquí, ¿dónde estás tú?-le preguntó Alex, casi con furia.
-¿Estás bien?-preguntó Julieta, mientras la dura verdad caía sobre sus hombros. Tenía los ojos muy abiertos y una expresión inescrutable en el rostro. Sus ojos tenían un brillo especial, y Alex juraría que se estaban apagando.
-Todo lo bien que puede estar alguien en coma.-le contestó. Julieta dejó caer su mano hasta que quedó colgando a su lado. Después agachó la cabeza para ocultar su rostro. Las lágrimas rodaron por sus mejillas, o al menos por lo que quedaba de ellas. Después sonrió, una sonrisa tan triste que helaba la sangre. Aunque no levantó la cabeza.
-Estás bien…-se dejó caer al suelo. Alex se agachó a su lado.
-Julieta… ¿qué has hecho?-pronunció cada sílaba como si fuese una palabra sola.
-Violeta me dijo que no pudieron hacer nada… que lo sentía… pensé que estabas…-lloró con más ganas.
-¿Qué?-Alex sintió un vacío en el estómago al escuchar estas palabras, al saber lo que ello suponía. El porqué estaba así.-No…
-Pensé que… ya no estabas… que nunca más estarías.-dijo ella, mientras las lágrimas resbalaban hasta caer sobre sus manos.
-¿Y qué?-le gritó Alex, poniéndose de pie.- ¿Y qué si yo había muerto?
-¿Cómo que y qué?-le dijo Julieta, alzando la cabeza al fin.
-¡Qué importaba! Si yo hubiese muerto ya era tarde para mí… pero tú tenías toda una vida por delante, conocerías a otro chico, te enamorarías y te acabarías olvidando de mí. ¡Que yo hubiese muerto sería lo mejor que podría haber pasado!-le gritó. Julieta se levantó tan rápido que Alex apenas la vio, pero de pronto sintió la misma calidez que había sentido en el pecho con su mano, atravesando su cara.
-¡Ni se te ocurra decir eso!-le gritó ella.
-¿Con que derecho te crees que puedes acabar con tu vida solo porque yo hubiese muerto?-le gritó él de nuevo.-Me da igual mi vida, pero la tuya… ¡la tuya es mucho más importante!
-Ya no…-dijo Julieta.-Ya es tarde…
Volvió a bajar la cabeza.
-Julieta… ¿Porqué?
-Yo nunca he querido a nadie, no de este modo… me duele el corazón cuando estás lejos, y es como si un ladrillo me aprisionase los pulmones, me falta el aire… una vez te dije que no imaginaba mi vida sin ti, porque no la viviría. No hablaba en broma.
-Nuestra historia era bonita…-dijo Alex, agachando también la cabeza.-Pero no quería que de verdad esto fuese la historia de Romeo y Julieta. Yo no quería que nadie muriese… ¿y ahora que se supone que debo hacer yo? Solo puedo dejarme morir.
-No…
Alex sonrió un poco y alzó la mano hasta la mejilla de Julieta. La detuvo a un centímetro de ella.
-Ya no puedo hacer otra cosa…
-Me prometiste que te despertarías.-sollozó Julieta.
-Te prometí que me despertaría cuando encontrase la forma de besarte sin que desaparecieras.-le dijo Alex.-No lo he conseguido así que ya no puedo cumplir mi promesa.
-Quizá este sea el momento.-susurró Julieta.-Tal vez no sea el mejor momento, pero puede que nunca más haya otro.
-Si te beso, me atravesarás, como antes. Y eso terminará matándome o volviéndome loco.-le contestó Alex.
-Por favor.-Julieta cerró los ojos más fuerte que nunca, mientras las lágrimas seguían resbalando por sus mejillas. Alex terminó de depositar su mano sobre su mejilla, y no la atravesó. Una energía extraña recorrió todo su cuerpo empezando desde la palma de su mano.
-Julieta…-ella abrió los ojos sonriendo entre las lágrimas.-Estás volviendo… ya… tienes color.
Julieta levantó su mano hasta colocarla en la mejilla de él. La misma energía volvió a recorrerles. Y entonces, al fin, después de tantísimo tiempo, después de tantísimas ganas, sus labios se unieron y la energía fluyó en ellos. Nunca antes habían sentido nada así. Parecía que sus corazones iban a explotar, y sus mentes…
Sus mentes regresaron al lugar donde correspondía.
Y dos jóvenes, en diferentes hospitales, despertaban a la vez cuando los médicos ya habían perdido completamente la esperanza.

Álex&Julieta 08


Julieta pasó mucho tiempo así, entre visitas y sueños, entre dolor y felicidad.
Era un día de lluvia y rayos el día que se desató la tragedia.
Era por la tarde, Julieta había llegado al hospital y estaba empapada, el paraguas no había hecho muy bien su función de guarecerla de la lluvia.
Pasó por el sitio donde estaba Violeta y la saludó, siguiendo su camino hasta la habitación de Alex.
A Violeta se le desencajó el rostro al verla y salió corriendo tras ella, pero no llegó a tiempo de evitar que entrase en la habitación.
-¡Julieta!-le gritó al llegar a su lado y encontrarla mirando con ojos muy abiertos la cama vacía donde debería de estar Alex.
-¿Dónde está?-un nudo se instaló en su corazón y en su garganta. Le dolía la cabeza, le dolía el alma.- ¡¿Dónde está?!
-Julieta, intentamos que no ocurriese, pero no pudimos hacer nada. Lo siento, Julieta.-Violeta colocó una mano sobre el hombro de la chica, con intención de consolarla. Pero poco podía hacer ella, Julieta sacudió su mano y salió corriendo de allí, dejando el paraguas en el hospital, dejando su propia vida en el hospital. Corrió y corrió y de pronto se encontró en su casa. No había nadie, su madre había salido con su hermano al parque. Una sola idea, una sola locura se le pasó por la cabeza al tiempo que entraba y cogía las llaves del coche.
Julieta no tenía carné, ni siquiera tenía la edad para conducir, pero sabía manejar un coche, su padre la había enseñado antes de irse. Arrancó y activó el limpiaparabrisas, la lluvia caía sin cesar sobre el cristal y apenas podía ver nada. Había niebla allá donde mirase, su mirada estaba empapada en lágrimas. No veía apenas por donde iba. Su instinto de supervivencia le decía que parase, que se hiciese a un lado de la carretera y llamase a su madre, para decirle que estaba bien, que fuese a por ella, que la rescatase como cuando era pequeña y alguien se metía con ella.
Su corazón y su alma, por el contrario, le decían que acelerase, que fuese tan rápido que le plantase cara al mismo viento. Que volase.
Julieta siempre ha sido más de acción. Julieta siempre ha sido más de corazón.
Entre la niebla ve unos faros de otro coche, que viene justo hacia ella. Cuando se da cuenta, no está en el carril que le correspondería, si no en el contrario, en aquel donde el coche se chocaría con ella.
Julieta no se preocupó de nada y solo una persona cruzó por su mente. Solo una persona con la que se podría reunir después de ese accidente. Lo único que importaba ya
Su mente, confusa y en estado de shock, solo repetía una y otra vez su nombre. Hasta que se quedó grabado a fuego en su corazón.
En un último momento pensó en cuanto le dolería su pérdida a su madre, y también pensó en Joaquín, y en que lloraría mucho. Por un segundo dio un pequeño volantazo, el que le hubiese salvado. Después su corazón empezó a arder de nuevo recordándole el rostro de Alex, su voz, su sonrisa, recordándole que si él ya no estaba, nada tendría sentido. Ni siquiera su familia. Nada ni nadie. “Lo superarán” se dijo “se tendrán el uno al otro, pero yo no puedo seguir aquí sin él, yo no lo superaré.”
En apenas un instante, todo terminaría. Cerró los ojos con tanta fuerza que le dolieron. Apretó las manos al volante clavándose las uñas en su propia carne. Se preparó para el inminente fin.

La madre de Julieta junto con Joaquín ya había vuelto a casa cuando el teléfono empezó a sonar.
-¿Diga?-preguntó al coger el auricular.
-¿Está Julieta ahí?
-No, no está, ¿de parte de quien?
-Soy Violeta, la enfermera del hospital. ¿Es usted su madre?
-Sí, ¿puedo ayudarla en algo?
-Verá, hace un rato su hija ha salido de aquí corriendo, creo que yo he tenido la culpa de eso. Creo que me entendió mal, creo que pensó que su amigo había muerto. Dígale por favor que su amigo está bien, solo lo han cambiado de hospital.
-Disculpe, pero…
-Dígaselo, por favor.-y colgó.
La madre de Julieta se preocupó y se asomó al garaje, donde no encontró el coche. En el mismo momento de esto, el teléfono volvió a sonar. Corrió hasta el, al tiempo que la cruda realidad se desplomaba sobre ella y la voz del médico al otro lado de la línea confirmaba sus sospechas. Julieta…

Julieta abrió los ojos y se encontró cara a cara con Alex. Este tenía una expresión horrorizada. La miraba de arriba abajo, temblaba, tenía la respiración acelerada y lágrimas en los ojos.
-Julieta… ¿qué has hecho?
-Alex…-Julieta alzó la mano en busca de su contacto, pero se quedó allí, suspendida en el aire atravesando el pecho de Alex, de pronto se dio cuenta de cuan pálida estaba, y de la translucidez de su piel. De pronto se dio cuenta que Alex y ella ya no pertenecía al mismo mundo.

Álex&Julieta 07


Al abrir los ojos, Julieta se encontró en un precioso parque. Todo era verde. No había bancos, ni papeleras, ni nada más que agua, hierba y árboles.
Nadie excepto ellos dos vería ese lugar jamás. Julieta sonrió, después cayó en la cruda realidad de ese sitio. Ese sitio imaginario, irreal, tanto como su propia historia con Alex. Las lágrimas acudieron a sus ojos y de ahí pasaron a sus mejillas.
-¿Estás llorando? ¿Por qué lloras?-le preguntó él, preocupado.
-Porque… porque…bueno, aparte de porque soy una niña llorona…-sonrió un poco entre lágrima y lágrima.-También lloro porque este sitio es precioso… -pero aún no había dicho EL motivo, ese que le quemaba el alma.-y… y… porque ¡me muero de ganas de abrazarte y no puedo hacerlo!
Dicho esto se dejó caer sobre la hierba que Alex había creado solo para ellos, y lloró con ganas, como no hacía desde hace mucho.
-No… no llores.-dijo él, dejándose caer a su lado, siempre a una distancia prudencial.-Me mata verte llorar y no poder hacer nada. No puedo ofrecerte mi hombro, no puedo cogerte de la mano, ni siquiera puedo limpiar tus lágrimas…-Alex agachó la cabeza al tiempo que una única y solitaria lágrima recorría su mejilla. Luego formó su sonrisa, como pudo.-No llores más, por favor.
Julieta lo miró y se olvidó de cómo se lloraba, y de cómo se respiraba, y de cómo se hablaba. De lo único que se acordaba era de cómo se abrazaba y de que ella no podía hacerlo. Después, al ver la expresión de Alex, también recordó cómo se sonreía.
-Gracias.-le dijo. Él negó con la cabeza.
-Yo soy quien debe agradecerte, Julieta. Tú eres la persona más especial que he visto nunca… yo no tengo nada ya, solo esto y ni siquiera es real, ni yo soy real. Lo único real eres tú. Nada tiene sentido cuando tú no estás, ni mi vida, si a esto se le puede llamar así. Eres lo único que sigue teniendo sentido. La única razón de que yo siga luchando por vivir… si tú desaparecieras, si no volvieses a aparecer por aquí por alguna razón, yo me dejaría morir, y moriría feliz porque ello supondría que algún día, en otro sitio y en otro tiempo, te volvería a ver y quizá todo fuese mejor que ahora.
Julieta lo miraba fijamente, tragándose las lágrimas.
-Si tú te murieras… yo no sobreviviría. Hace dos meses no hubiese imaginado ni por asomo que podría existir alguien como tú, por el que verdaderamente valga la pena luchar, alguien especial. Ahora no puedo imaginar mi vida sin ti, en realidad no la imagino porque me negaría a vivirla. A veces me olvido que esto no es real, de que allí fuera tú estás en coma y yo no te tengo, y todo esto me parece mucho más real que nada. ¿Y si esta es nuestra vida? Lo de fuera no es nada, solo un sueño. Siento que cuando estoy aquí es cuando estoy despierta y cuando estoy allí… estoy en mitad de una pesadilla en la que tú no estás. Para mi esta es la realidad. Esta es la felicidad. Me da igual no poder tocarte, siento cuando estás cerca y con eso me basta. Sé que estás a mi lado y que, si pudieses, me abrazarías igual que yo te abrazaría a ti, y seriamos felices…y somos felices.
-Yo nunca… he tenido nadie a quien querer excepto a mi familia. Nadie que fuese importante en mi vida. Y no me hacía falta, yo estaba bien así. No necesitaba abrazar a nadie, ni hablar con nadie, ni acariciar la mejilla de nadie. No me hacía falta coger de la mano a nadie porque para mí eso no tenía sentido. Ahora entiendo porqué… nada tenía sentido hasta que tu apareciste en mi vida. Me muero por cogerte fuerte de la mano y no soltarte nunca.-cuando dijo esto levantó una de sus manos y la alargó a Julieta, quien a su vez levantó la suya. No llegaron a tocarse, pero sus manos se quedaron muy juntas, casi palma con palma. Tan cerca que podían sentir la calidez del otro.-Me gustaría abrazarte tan fuerte que se nos cortase la respiración a los dos. Me gustaría poder alargar la mano y secar tus lágrimas, y sentir el contacto con tu piel. Daría mi vida con gusto si con eso consiguiese estar contigo de verdad.-cuando dijo eso, dejó caer su mano y agachó la cabeza.
-Daría mí… conciencia con gusto si supiese que al hacerlo vendría a este lugar contigo…-le dijo Julieta.
Alex movió la cabeza de un lado a otro, después la levantó.
-Te prometo que despertaré.
-¿Cuándo?
-Cuando encuentre la forma de besarte sin que desaparezcas. ¿Me tendrás paciencia?
-Esa es una pregunta estúpida. Por supuesto que te tendré paciencia y vendré a visitarte tanto tiempo como sea necesario para que lo logremos. No podría hacer otra cosa.
-Entonces prometido.-le sonrió.
¿Por qué pasaba tan rápido el tiempo allí? Despertaría en cualquier momento, cuando su madre entrase en la habitación a zarandearla. No se iría de allí sin abrazarle.
Enroscó sus brazos fuertemente alrededor de su cuello y no tardó en notar las manos de Alex en su espalda, correspondiendo a su abrazo. Correspondiendo a su amor.
Después desapareció, y él se quedó abrazando a la nada.

Álex&Julieta 06


Alex no supo muy bien cómo reaccionar ante ese contacto. Solo supo que durante el instante en que los labios de Julieta rozaron su mejilla fue como si lo hubiesen conectado a la corriente y como si algo tirase de su cabeza hacia arriba, para sacarlo de este sueño sin fin en el que se había sumido.
Pero no despertó, aunque esta vez lo notase incluso más que la vez anterior, no despertó.
“Cuando más cerca estamos, más vivo me siento” pensaba a menudo en el tiempo en el que estaba sin ella. Y después venía otro pensamiento más: “¿Y si la abrazase? ¿Y si la… besase?”
Cada vez que estos últimos pensamientos visitaban su soledad sacudía la cabeza y se sonrojaba. Era ridículo. Nunca había sentido ganas… qué demonios ganas, él no sentía ganas, él sentía la necesidad de estar en contacto con ella… de poderla abrazar…
Normalmente, cuando Julieta desaparecía todo lo hacía con ella, y lo dejaba en aquella incómoda oscuridad. La echaba de menos, de una forma casi dolorosa, por eso siempre pasaba el tiempo que no estaba pensando en ella, y justo cuando hacía esto, todo se iluminaba como si ella estuviese allí de verdad.
No sabía cuánto tiempo pasaba entre visita y visita. Pero empezó a contar los días por ella. Cada visita era un día, maravilloso y perfecto, y si ella no venía, no importaba, no habría pasado el día aún. Y ese “día” le tenía una sorpresa preparada.

Julieta pasaba más tiempo soñando despierta incluso que el que pasaba dormida. Y tanto despierta como dormida solo había una persona allí. Alex.
Se pasaba el día pensando en él y en si tal vez la extrañaría tanto como ella a él. Si sentiría lo mismo cuando la veía. Luego volvía a esa realidad en la que Alex estaba en coma. Esa dolorosa realidad que a veces le parecía mucho más incierta que sus propios sueños.
No, Julieta ya no soñaba con príncipes azules, soñaba con Alex, que era mucho más que eso.
Sus amigas la miraban preocupas. Era extraño ver a Julieta callada diez minutos, y últimamente no hablaba absolutamente nada y cuando le preguntaban algo respondía con monosílabos y con desgana.
Julieta tenía su propia vida en el hospital, donde se pasaba las horas. Hablaba con las enfermeras y se hizo muy amiga de una de ellas, la que más se encargaba de Alex. Se llamaba Violeta y siempre se pasaba por la habitación para ver si podía ayudar en algo. También le contó que algunas noches, Alex parecía que se iba a despertar en cualquier momento, que movía la cabeza, o las manos.
Ella sonreía ante estas revelaciones.

Esa noche, Julieta se fue a dormir muy pronto. Y tan pronto cayó sobre la cama, se durmió.

Alex la esperaba, como siempre. Su vida ahora se basaba en los momentos en los que ella estaba con él. No había nada más importante que eso, en realidad, ya no había nada más que Julieta. Ni recuerdos, ni pensamientos, ni libros, ni familia. Solo Julieta. La única persona con la que podía relacionarse.
-¡Hola!-la saludó alegremente cuando apareció ante sus ojos y con ella, todo lo demás.
-¡Hola!-Julieta se acercó cuanto pudo a Alex, hasta que su sentido común le avisó de que era suficiente.- ¿Qué tal el día?
Había tomado esa costumbre, porque normalmente siempre hacía que Alex se riese.
-Eterno hasta ahora.-le contestó.- ¿Y el tuyo?
-Bueno, he hecho una visita a un amigo en el hospital, él no sabe qué voy a verlo, pero casi paso más tiempo ahí que en casa.-le dijo ella, con picardía. Alex sonrió aún más.
-Tu amigo tiene mucha suerte.-le dijo.
-En realidad soy yo quien se siente afortunada.
-Cierra los ojos.-le dijo de improviso Alex, y en lugar de hacerle caso se le agrandaron.- ¡Vamos!
-¿Porqué?
-¡Es una sorpresa! ¡Cierra los ojos! ¿No querrás que tenga yo que ir a cerrártelos y desaparezcas, verdad?
-¡Oh, no!-exclamó ella cerrándolos con mucha fuerza.
Alex la observó mucho rato, era tan… especial.
-Puedes abrirlos.-le dijo cuando creyó que era suficiente tiempo. Julieta los abrió, los abrió muchísimo al ver donde estaba y al saber que ella no lo había hecho. Sonrió mucho y a la vez casi salieron lágrimas en sus ojos.- ¿Estás llorando? ¿Por qué lloras?
-Porque… porque…bueno, aparte de porque soy una niña llorona…-sonrió un poco entre lágrima y lágrima.-También lloro porque este sitio es precioso… y… y…y… porque ¡me muero de ganas de abrazarte y no puedo hacerlo sin desaparecer de aquí!
Y entonces rompió a llorar con ganas, y sus lágrimas fueron las de Alex, y su dolor fue el suyo también.

Álex&Julieta 05


La primera noche que Julieta habló con el chico en su sueño, acabó despertándose con la sensación de que alguien la hubiese enchufado a la luz. Y todo por tocar su mano…
Al día siguiente visitó el hospital, se llevó su libro favorito y leyó muchas horas a Alex, hasta que las enfermeras pasaron diciéndole que debía irse. Julieta pasaba con Alex todo el tiempo que estaba solo, casi nunca se encontraba con el padre o con la hermana, aunque eso no significaba que no los conociera. Es más, hasta ellos la conocían a ella.
La noche siguiente durmió, pero no soñó nada. Esto la preocupó. ¿Significaba que esa conexión o lo que fuera se había perdido? ¿No podría volver a hablar con él nunca más? No, no, todo volvería, seguro.
Y, por fin, la tercera noche volvió a soñar con él y lo encontró en el mismo sitio donde lo había dejado.
-¡Vaya!-exclamó al llegar allí, feliz aunque no quisiese reconocerlo, al encontrar el mismo escenario que ella misma había creado sin saber aún muy bien como.
-Hola.-le dijo Alex, mirándola fijamente, ella sonrió.
-Veo que has decidido hacerme caso y dejar esto como yo lo puse.-él negó con la cabeza.
-Esto lo has vuelto a hacer tú.
-¿No lo has hecho tú?
-No. Cuando desapareciste… todo desapareció. He estado a “oscuras” hasta que has vuelto.-le explicó.
-Vaya…-Julieta se dejó caer sobre una silla que se materializó justo en el momento oportuno, y lo miró.- ¿Y porqué no lo recreaste tú?
-Porque yo no sé hacerlo.-contestó él mientras se acercaba lentamente a la silla donde Julieta estaba. Esta apretó su espalda contra ella, intentando alejarse lo máximo posible.
-¿Qué… qué haces?-preguntó al ver como el chico alzaba una mano hacia ella, con toda intención de tocarla. Ella se echó aún más hacia atrás hasta que la silla se volcó.-Oye, si lo que quieres es que me vaya solo tienes que decírmelo.
“Aunque no podré hacer nada” pensó.
-¡No!-exclamó él, dejando caer la mano.- ¿Estás bien?
Ella asintió con la cabeza.
-¿Y si no quieres que me vaya porqué intentas tocarme?-le preguntó.
-¿Puedes crear otra de esas para mí?-dijo señalando con la cabeza la silla donde Julieta se había sentado. Tan pronto lo terminó de decir una igual apareció frente a ella, a la distancia que creyó prudencial. Él se sentó.-Verás… cuando ayer me tocaste… fue una sensación muy extraña. Era como si… no sé… como si tu mano fuese un anzuelo y yo el pez, y cuando se juntaron… me estaban pescando. Por un momento casi creí que me iba a despertar, nunca había sentido nada así.
-Fue una experiencia rara.-confirmó Julieta.- Yo me desperté y no pude volver a dormirme. Y al día siguiente no pude volver.
-¿Han pasado días?-ella asintió.-Aquí no se puede contar el tiempo. La oscuridad no es una buena aliada.
-Al parecer a este lugar le siento bien.-dijo Julieta sonriendo, después agachó la cabeza.- ¿Y a ti como te siento?
No se atrevió a mirarle, por eso no vio la sonrisa que cruzó por su rostro. Tragó saliva dispuesta a escuchar cualquier cosa.
-Digamos…que este sitio… forma parte de mí.-acabó diciendo Alex. Julieta lo miró sin comprender.
-No lo entiendo.-le reconoció.
-A ver… digamos que al principio me resultabas molesta y pesada. Una niña tonta…
-¡Oye! ¡Yo no soy una…!
-Calla y déjame hablar, por una vez en tu vida déjame hablar.-Julieta calló de inmediato.-Al principio era así.
-¿Y ahora?-le preguntó con curiosidad.
-Ahora odio la oscuridad y la soledad que dejas cuando te vas.-le contestó mientras la más sincera y hermosa de las sonrisas le decoró el rostro. Julieta le respondió con una igual.
-Me alegra saber que al menos soy bienvenida.
-Muy bienvenida, créeme.-contestó él. Permanecieron un rato callados, sin siquiera mirarse.
-¿Crees que… que si volviese a pasar lo del otro día… despertarías?-le preguntó Julieta, mirando sus manos para no mirarle a los ojos.
-No lo sé.-dijo él, moviendo la cabeza de un lado a otro.
-Podemos intentarlo de nuevo si quieres…
-¡No! Todavía no quiero.
-¿No quieres despertar?-le preguntó Julieta extrañada.
-Sí, sí quiero. Lo que no quiero es perderte a ti.-dijo él agachando la cabeza a la vez que ella la levantaba. Ambos se pusieron muy rojos, pero Julieta se levantó y acercó mucho su cabeza a la de Alex, obligando a que este la levantara para alejarse de ella.
-Me ha llamado molesta y pesada, señorito.-le dijo ella levantando una ceja, después una enorme sonrisa de derramó en su cara.-De una cosa, o persona en este caso, molesta y pesada, uno no se libra con tanta facilidad, ¿sabes?
-Genial.-le contestó él, sonriendo.
-Y ahora debo irme, yo sí tengo cosas que hacer, no como tú, ¡vago!-volvió a reírse con esa risa suya, musical y perfecta, a opinión de Alex.
-¿Tan pronto?-le preguntó él.
-Parecerá una locura, pero estoy escuchando mi despertador.-le dijo ella, acercando su cara aún más a la de él.-Volveré, te lo prometo.
Y dicho esto, depositó sus labios en la mejilla de Alex, para volver a desaparecer. Y Alex se sintió mucho más "pescado" que antes.

Álex&Julieta 04


Julieta siempre ha sido una chica charlatana y extrovertida. Siempre consigue sacar una sonrisa a la persona con la que esté hablando. Es de las que dicen lo que piensan pese a quien le pese, pero siempre con el suficiente tacto para no dañar a nadie. No suele estar triste nunca. Es educada, una buena hija, una buena hermana, una buena amiga. El perfecto ejemplo a seguir.
Cuando conoce a una persona que le parece interesante, habla mucho, demasiado tal vez, pero es que en estas ocasiones tiene tanto que quiere saber que no puede callarse.
En la escuela siempre está rodeada de gente, se podría decir que es una chica popular y todo el mundo la conoce y la quiere. Siempre está con sus amigas, charlando sobre sus intereses comunes: los chicos.
En realidad a ella no le interesa mucho este tema, puesto que no le gusta nadie de su instituto, a sus amigas por el contrario, sí.
Pablo, el chico más guapo, simpático y agradable de todo el instituto. El chico por el que todas las chicas suspiran cada vez que pasa. El chico que ha pedido a Julieta que salga con él mil veces y ella ha rechazado mil y una. El chico perfecto para todas menos para ella.
Julieta reconoce que es guapo, negarlo sería mentir. Pero no es su clase de chico, cuando está cerca no siente el corazón desbocado, ni ganas de entablar conversación. Tampoco siente ganas de alojar una sonrisa de forma permanente en su cara. Ni de pasar el máximo tiempo posible con él. Cuando está a su lado no siente absolutamente nada. Aunque eso no ha sido nunca un impedimento para que él siga persistiendo y sus amigas sigan preguntándose porque ella no lo acepta.
En casa Julieta es aún más agradable de lo que es fuera. Vive con su madre y con su hermano. Se podría decir que su hermano es su vida, le encanta estar con él, es tan pequeño… su madre pasa poco tiempo en casa, siempre está trabajando y ella siempre está con Joaquín y con Lilia, su niñera desde que ella misma era pequeña.
Julieta sí que tienes sueños. Sueños imposibles, como ella misma los llama, pero en los que sigue teniendo fe.
Hace dos años y medio que su padre los abandonó a todos y fue en ese momento, cuando vio a su madre llorando por los rincones cada vez que estaba sola, cuando tomó la decisión de que nunca se enamoraría, y si lo llegara a hacer, sería de alguien que verdaderamente mereciera la pena, alguien de verdad, alguien que siempre fuese a estar ahí. Se enamoraría de un príncipe azul.
Por eso eran sueños imposibles para ella, porque ella no creía en la existencia de príncipes azules, ni siquiera confiaba en la existencia de príncipes a secas. Por eso nunca se enamoraría, se había pedido tanto a si misma para poderlo hacer que se había creado su propio escudo contra el amor.
Hacía más o menos dos meses de aquello. De aquel primer sueño, desde entonces todas las noches soñaba con él.
Al principio ella siempre era una espectadora cualquiera, alguien entre la gente que observaba al protagonista pero poco a poco, ese protagonista empezó a llamar su atención.
Tardó apenas cuatro días en lograr verle la cara a ese chico, cuatro días para descubrir que tenía los ojos más bonitos que jamás hubiese visto, para sonreír cuando sonreía. Cuatro días solo.
Hay quien confía más en las casualidades que en el destino. Julieta no era de estas, ella nunca creyó en casualidades, por eso mismo, lo acontecido al día siguiente del primer sueño donde le pudo al fin ver claramente, la dejó perpleja y casi sin aliento.
Su madre recibió la llamada de que a su tía la habían ingresado, no era nada grave, un simple y desafortunado accidente laboral. Iban a ir a hacerle una visita esa mañana.
Julieta llegó junto con su familia al hospital y estuvieron mucho rato bromeando con su tía, hasta que le entró hambre y le dijo a su madre que iba a buscar algo de comer. Y así pensaba hacerlo hasta que algo se lo impidió.
Andando por ese mismo pasillo, encontró una puerta entreabierta, solo lo justo para ver la cara del ocupante. La cara del chico. Su adorable rostro.
Desde ese justo instante, Julieta visitó día sí y día también el hospital, lo visitó a él todas y cada una de sus tardes. Todos y cada uno de sus días hasta que incluso las enfermeras sabían su nombre y la saludaban al llegar.

Julieta nunca ha creído en casualidades ni en príncipes.
Julieta siempre ha creído en el destino y en su propio Romeo.