viernes, 6 de abril de 2012

Días de lluvia y sequía 07


Tragué saliva con dificultad y agaché la cabeza, mirándole solo un poco, de reojo. Estaba ahí, eso o me había vuelto loca al fin. Decidí creer que verdaderamente estaba allí, puesto que aún confiaba aunque solo fuese un poco en mi cordura. Me giré a mi hermano, respiré profundamente y le dije:
-Estaré por allí.-hice un amplio gesto con la mano y empecé a andar. Sí, me moría de ganas de verlo, pero él había sido quien había decidido que no quería verme más, por lo que yo no era quien para obligarle a tenerme que ver. Bueno, también se le puede llamar huir a lo que estaba haciendo.
Fui acelerando el paso a medida que me alejaba del sitio, hasta que me escondí detrás de un árbol, me agaché y comencé a hiperventilar.

Apenas dos segundos después, él ya estaba allí agachado delante mía y con cara preocupada.
-¿Estás bien?-su voz sonaba dolorosamente cerca, no la recordaba, al igual que mi memoria no le hacía justicia a sus ojos. Desde luego que no había guardado bien su imagen en mi corazón. Bien, al menos tendría la oportunidad de volverlo a memorizar.
-Sí.-me levanté, vi como intentó ayudarme, pero se alejó antes de hacerlo. Miró a otro lado y yo también lo hice.
-Cuanto tiempo.
-No tienes que verme si no quieres.-le solté del tirón, él puso una cara extraña.
-¿Cómo?
-Decidiste que no verme era la mejor opción y estabas en tu derecho, me daba igual lo que yo sintiese porque eras tú quien me importaba. Y todo sigue igual. No tienes porque verme porque nos hayamos encontrado por casualidad aquí.
-¿Y si sí quiero verte?
-Pues serías idiota.-una lágrima rodó por mi mejilla.-Habías cortado por lo sano, si quisieses volverme a ver sería volver a hacerte daño cuando al fin habías conseguido librarte de ti.
-Tendré que hacerte algunas aclaraciones. Primero, nunca he conseguido librarme de ti, en estas semanas he pensado en ti día sí y día también todos las horas del día. Segundo, me moría de ganas por volverte a ver, te he echado de menos de una forma casi increíble. Tercero, no vas a hacerme daño, esta vez será diferente, lo sé.
-¿Y cómo lo sabes?
-Porque acabas de decir que te importo.
-Antes también me importabas y eso no impidió que te hiciera daño.
-Antes era diferente. Ahora acabas de anteponer mi bienestar al tuyo.-lo miré a los ojos, comprendiendo por donde iba.-Si te hago una pregunta ¿me contestarás?
-Sí.-contesté sin dudarlo, incluso sabiendo cuál sería su pregunta.
-¿Qué sientes por mi exactamente?-mi corazón se aceleró y se puso a la defensiva, chillándome que si no le decía la verdad me las vería con él.
-Es una pregunta difícil.
-En realidad no lo es. Puedes decirme que me ves como un amigo, en cuyo caso aceptaré verte todas las veces que tú quieras. O puedes decirme que no sientes nada, en cuyo caso te obligaré a verme todos los días. O simplemente puedes decirme que me quieres.
-¿Y cual es la condición del si te quiero?
-Que te exigiré que me des una explicación de qué es lo que sientes exactamente.
-Esa pregunta ya la has hecho.
-Y sigo esperando una respuesta.
-Estas semanas han sido las peores semanas de mi vida. Te echaba de menos. Pensaba en ti. Veía el sol y me dolía, porque me recordaba que era estúpida, que sin ti nunca me enamoraría ni tendría posibilidad de hacerlo. Eras mi única oportunidad y en verdad no me importaba que no hubiese más, eras cuanto quería y necesitaba para ser feliz ahora y siempre. Y no te tenía, me dolía muchísimo… y me seguirá doliendo si no te vuelvo a ver nunca, pero que me duela al menos sirve para que te recuerde de una forma clara, para saber que existías y que seguirás existiendo donde quiera que estés, aunque no sea a mi lado.
-¿Puedo interpretar eso como un “te quiero”?
-No, deberías interpretarlo como mucho más. ¿Sabes qué? Tengo algo que decirte.
-Pues dímelo.-me dijo sonriendo.
-Eres tú.-su sonrisa se ensanchó a la vez que una gota de lluvia cayó en su mejilla. Ambos nos sorprendimos muchísimo y miramos al cielo, al tiempo que la lluvia empezaba a caer con fuerza, como si siempre hubiese estado ahí o como si no llevase tanto sin pasar por la ciudad. Sonreí y lo miré.-He tardado tanto como la lluvia.
-No importa, lo importante es que ambas habéis llegado.-sonrió más y yo también.- ¿Decías algo?
-Sí.-me puse sería.- Te decía que eres tú. Siempre has sido y serás tú.


FIN

Días de lluvia y sequía 06


Creo que lo estoy llevando bastante bien.
Lo sigo echando de menos, claro, pero normalmente me mantengo tan ocupada que no pienso en apenas en él. Siempre estoy haciendo algo, mi madre dice que me nota un tanto hiperactiva, pero es la única solución que he encontrado para que no me duela.
Y aún así lo hace.
El dolor es bueno, me recuerda que todo lo que pasó ocurrió de verdad, que él existes y que donde quiera que esté tal vez, de vez en cuando, se acuerde de mí. Yo intento no acordarme de él así que últimamente hago cosas que nunca antes había hecho. Como cuidar de mi hermano pequeño voluntariamente, llevarlo a donde quiere cuando quiere, sin necesidad de enfados. Cuidarlo es una forma de no pensar en él, sí, una buena forma.
Hoy se le ha antojado ir a casa de Pablito, su amigo nuevo del cole. Así que he aceptado, como siempre que me pide algo. Salimos de casa y el sol se clavó en mi piel, cálido, burlón, igual que todos los días de todo este tiempo. ¿Cómo no puede la gente preguntarse porque no vuelve la lluvia? Yo me lo pregunto, pero la gente simplemente dice que no le gusta. Que estupidez, al menos hay gente más idiota que yo por ahí.
Intento no pensar mucho en el sol, porque me recuerda a él. Es como otra seguridad de que existió, de que la lluvia no vendrá, de que nunca más lo veré. El sol me duele muchísimo. Mantengo las persianas de mi habitación echadas siempre, cuanto menos luz, mejor. Pero no puedo evitar ser consciente de su presencia cuando salgo a la calle.
Íbamos de camino a casa de Pablito cuando mi hermano salió corriendo parque adentro, gritando algo como “he quedado aquí con él”. Lo seguí, con paso lento y cansado. El sol me agotaba, estar en ese sitio me agotaba más aún. Caminé con la vista clavada en el suelo, evitando mirar a sitios que me lo puedan recordar.
Mi hermano ya estaba al lado de su amigo, riendo como si los problemas no existieran. Los miré con envidia. Jugar, todo lo que ellos tenían que hacer era eso.
Tardé en darme cuenta que al lado de Pablito había alguien, que mantenía sus ojos fijos en los míos, que no lo miraban. Levanté la vista a tiempo de encontrarme con él, como si nada hubiese pasado, en el mismo sitio, a la misma hora, con el mismo sol.

Días de lluvia y sequía 05


“Solo hace dos semanas que no te veo y parece que ha pasado todo un siglo. Te echo de menos de una forma increíble. Te necesito, sí, esa es la expresión. Necesito volverte a ver para arreglar todo lo que eché a perder, y sin embargo no puedo hacer nada por arreglarlo. Por eso te escribo aunque nunca vayas a leerlo. Supongo que es una forma de recordarme a mi misma que sigo escuchando tu voz en cada rincón de mi mente y de mi corazón, repitiendo que ya no hay posibilidad para el amor, que fui idiota y dejé pasar nuestro momento.
Al levantarme hoy me he acercado a la ventana. Pensaba ir al parque de nuevo como cada día en estas dos semanas, porque hasta ese momento aún tenía la absurda esperanza de que volvieses, de que me echases de menos o me necesitases, aunque solo fuese la mitad de lo que lo hago yo.
Pero todo eso ha desaparecido al asomarme a la ventana. Al ver el sol, en lo alto, enorme, brillando como siempre, mirándome, riéndose de mi y de mi dolor. Señalándome mientras me recordaba que estaba allí y que no le iba a dejar el camino libre a la lluvia.
Tú no vas a estar allí. Lo sé y tú también lo sabes. Puede que quieras ir, pero no lo harás, has cortado por lo sano, como debías hacer. Le has dado la tregua a tu corazón y es lo mejor que podías haber hecho. Pero mientras tanto, el mío solo se queja, dice que te echa de menos, late despacio y no puedo recriminarle, me dice que no puede hacerlo más rápido, que le falta el motor, que se ha quedado vacío. Lo entiendo perfectamente. A veces pienso que no tengo corazón, otras duele de tal forma que no me queda más remedio que saber que sigue ahí, latiendo con esfuerzo, pero latiendo.
Y aunque tú ya no estás, sigues siendo el motivo de sus latidos.
Me pregunto si pensarás en mi, espero que no, o al menos, que si lo haces, no te duela tanto como a mi pensar en ti.
¿Por qué lo compliqué tantísimo? Debería de haberme plantado frente a ti y haberte dicho que te creía, y más aún, haberte dicho que yo también te quería. Ahora ya no hay oportunidad. Deberías de haber desaparecido antes, o no haber aparecido nunca. Pero las cosas no serían diferentes, ¿verdad? Nos hubiésemos conocido igual. Y yo habría hecho lo mismo, porque simplemente le tengo miedo a ser feliz. Que idiotez, que ridiculez, normal que yo sea imbécil cuando le tengo miedo a una cosa así.

Hoy he tomado la decisión, no volveré jamás. Se acabó el parque. Se acabó mantener esperanzas sin sentido. Se acabó recordarte de esta forma. Sí, se acabó. Aunque puede que te siga escribiendo, me sienta bien escribirte, es como si tuviese alguien a quien contarle todo, aunque en verdad no lo tenga, ni tampoco haya mucho que contar cuando tú no estás en mi vida.
Yo también voy a cortar con lo sano, aunque lo que menos está mi corazón en estos momentos es sano. Un corazón sano no duele de esta forma, ni se clava de esta forma. ¿Sabes qué? Pegué los pedazos rotos hace dos semanas, pero aún no he hecho que funcione, simplemente se niega, dice que te quiere.
Yo también digo que te quiero, y que te echo de menos. Y encima pensarás que no lo hago, donde quiera que estés si me sigues recordando pensarás que no te quise, ni te quiero, ni te querré nunca. Y a solo unos kilómetros de ti estaré yo. Fingiendo que te he olvidado o que puedo vivir sin ti.

El sol sigue ahí fuera. Me mira y se sigue riendo de mi…”

Días de lluvia y sequía 04


Me quedé sin aliento, con el pulso acelerado y buscando el aire que no había encontrado en ninguna de sus palabras. Mi corazón se agrietó, se enfadó y me chilló.
Mis ojos, aún clavados en los suyos, reprimían todas las lágrimas que el orgullo les impedía derramar. Me llevé las manos al pecho y le ordené a mi corazón que se callase, que todo cuanto quería escuchar en esos momentos era el silencio. Ese que no dolía, que no hablaba de cosas dañinas. Un silencio sano, seguro, nada de impregnarlo con el sucio veneno de las palabras. Solo quería oír la nada, volver a casa, meterme en la cama y que todo fuese una mala pesadilla.-Y…-continúo él, eliminando el silencio para llenarlo, probablemente, de algo que me atravesase el corazón de lado a lado, y dejase ese agujero allí para siempre, recordándome sus palabras día tras día durante el resto de mi vida.-podría seguir esperando que me quisieses, que te quitaras esa estúpida máscara que te pones para protegerte de mi y de acabar creyéndome, o peor aún, queriéndome… podría esperar eso el resto de mi vida… pero esperarte sería como esperar que ahora, en plena sequía, lloviese… inútil y frustrante.
Una solitaria lágrima recorrió su mejilla. Lo entendí al sentir aquel dolor tan extraño, que era en parte mío y en parte suyo, lo entendí perfectamente. Claro que era él. Lo había sido siempre aunque no me diese cuenta. Lo sería siempre aunque no volviese a verlo.
Se fue. Se fue y me dejó allí sola, en mitad de un parque abarrotado de gente con sus propios problemas, ajenos a mi dolor, ajenos a los pedazos de mi corazón destrozado que estaban a mis pies. Ahora tendría que recogerlos, tendría que conseguir que volviese a funcionar sin que se me clavasen sus pedazos y doliese, tendría que hacer que funcionase sin él.
Como si eso fuese posible.
Como si lo fuese a olvidar.
Como si fuese a llover después de todo un año sin lluvia.

Días de lluvia y sequía 03


Los siguientes meses fueron iguales. Todas las tardes de todo un año me encontré con ese chico. Todas las tardes me intentó convencer. Todas las tardes me negué a creerlo… pero por alguna extraña razón yo continuaba acudiendo a nuestros encuentros… supongo que eso mismo fue lo que le dio fuerzas para aguantar mi cabezonería todo ese tiempo, porque sino, no entendería como fue capaz de soportar mis comentarios sarcásticos cada vez que sacaba el tema del sueño, y ser capaz de volver a sacarlo al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente…
Hablamos mucho, por supuesto, y claro que me daba cuenta de que era especial, e incluso lo echaba de menos cuando no estaba con él. Pero eso no significaba que sintiese nada por él, incluso aunque esa siempre hubiese sido su intención. Yo no encontraba en él eso que me dijese que era él, que siempre lo había sido. Su fantasioso sueño nunca se cumpliría, por más que le pesase y por más que me pesase a mí hacerle daño.
Yo ya estaba en el parque. Hoy también hacía sol, este no se había ido ni un solo día en todo el año. La lluvia había abandonado la ciudad por un tiempo (mucho, demasiado) y ya la empezaba a echar de menos. Suspiré molesta, él llegó a la vez. Me miró muy serio y murmuró:
-Tenemos que hablar.
Yo me levanté, confusa. Sí, hablar, era justo lo que habíamos estado haciendo todo un año.
-Dime.
-Se acabó.
Traté de encontrarle significado a sus palabras.
-¿El qué se acabó?-sus ojos brillaban de una forma dolorosamente especial. ¿Había encontrado a alguien que lo quisiese de verdad? ¿Se habría cansado de mí? ¿Ya no sentiría nada? Las preguntas se agolpaban en mi cabeza, pero no las pronuncié. Esperé pacientemente a que él me diese una explicación. Mientras un nudo se instalaba en mi garganta y un vacío en mi pecho.
-No quiero que nos sigamos viendo. No quiero seguir ilusionándome cuando ya no queda esperanza, cuando nunca la hubo. Tal vez algún día, dentro de mucho, lo hubiese conseguido, pero… ¿a qué precio? Cada segundo que pasa contigo sin conseguir que me quieras me abre un agujero en el corazón y a estas alturas, mi corazón está más que cuarteado. No puedo obligarle a pasar por esto. No es justo, lo entiendes, ¿verdad?
-Claro.-lo entendía, agaché la cabeza y tragué con dificultad. Permaneció en silencio unos segundos.
-Y lo que más me fastidia, -añadió tras este instante, mirándome con seriedad. Yo busqué sus ojos, hoy los vería por última vez.-es que yo sé que tú eres el amor de mi vida y que por lo tanto estaré destinado a pasar el resto de mi vida solo, porque tú no quieres estar en ella… pero… hay algo que me fastidia aún más… y es saber que yo también soy el amor de tu vida, aunque tú no lo sepas… y un día, de pronto, te acordarás de mi, de lo que te estoy diciendo ahora, y te darás cuenta de cuanta razón llevaba… y ya será tarde, cada uno tendrá su propia vida, lejos del otro, sin posibilidad para el amor porque no fuimos capaces de aprovecharlo en su momento… y su momento es este…

Días de lluvia y sequía 02


Hoy también brillaba el sol.
Incluso más que ayer. Está bien, me gusta la lluvia, pero como cualquier persona normal, también me gusta cuando el sol sale después de muchos días sin verlo.
Ahora bien… ¿qué estaba haciendo yo allí? Que ridícula era. Me escondí detrás de unos arbustos, mirando el sitio donde me había parado el día anterior. En realidad no sabía que hacía allí cuando me había prometido que no iría.
Y ahí estaba yo, oculta detrás de unos arbustos esperando que el loco del día anterior apareciese, sabiendo que no lo haría y aún así deseándolo. Suspiré. Idiota. Oí algo detrás de mi, y después alguien carraspeó. Me giré y me lo encontré allí, sonriente.
-Hola.-su sonrisa se ensanchó.
-Hola.-contesté simplemente, mirando hacia otro lado. ¿Qué había hecho para que se diese cuenta de dónde estaba?
-¿Qué haces aquí?-su sonrisa desapareció y arqueó las cejas.
-Nada, yo ya me iba.-sí, porque era idiota y ahora tocaba huir. Me adelanté teniendo en cuenta que debería de pasar por su lado. Aceleré el paso cuando estaba cerca de él para pasar más rápido. Él me cogió del brazo.
-Y si te vas ya… ¿por qué has venido?
-Pues… no lo sé, la verdad.
-Te lo voy a decir yo.-me soltó.-Has venido porque una parte de ti sabía que no mentía.
-Eso es ridículo.-le dije mirándolo fijamente.- ¿Cómo iba a creer semejante idiotez?
-Oye, no es ninguna idiotez. Simplemente, es la vida. Hay que creer en los sueños, si no jamás se cumplirían.
-Y creo en mis sueños pero no tengo porqué creer en los tuyos.
-¿Y si el sueño es de ambos?
-No es de ambos. Fuiste tú quien te acercaste a mi, quien dijiste que ya me conocías, quien había soñado conmigo.
-Y tú fuiste quien terminó una de las frases que me dijiste en el sueño, ¿cómo explicas eso?
-Hay cosas que simplemente no se pueden explicar. Supongo que… casualidad.
-¿Y no podría ser, precisamente, una casualidad el hecho de que yo haya soñado contigo y te haya encontrado? La mejor de las casualidades.
Sonreí y agaché la cabeza, moviéndola de un lado a otro.
-Los chicos como tú no existen.-levanté los ojos y los clavé en los suyos, donde había una muda nota de confusión.-No me mires así.
-Es que no te entiendo.
-Ni yo a ti.-volví a suspirar. Y tragué saliva, tratando de encontrar las palabras para expresar lo que pensaba.-Me refiero a que los chicos que creen en sueños no existen. Los chicos sois más de… cosas simples.
Y de pronto, en contra de todo lo que yo pensaba que haría, se echó a reír con ganas. Yo lo miré extrañada.
-Sí, bueno, los chicos somos más simples, pero eso ya está comprobado. Pero que seamos más simples no significa que no nos puedan llamar la atención cosas interesantes.-después se encogió de hombros.-O puede que yo sea rarito.
-O un mentiroso.
-Oh.-puso cara de que le hubiesen pegado una puñalada y se llevó la mano al pecho.-Eso me ha dolido.
Puse una mala mueca. Y él volvió a relajarse y sonrió.
-No tengo porqué confiar en ti.
-Y aunque quería que confiases, sabía que no lo harías.-sonrió y se encogió de hombros.-Aunque me halaga que creas que miento tan bien. Te diré algo, no lo hago. Si estuviese mintiendo me habrías pillado hace mucho.
-¿Puedo irme?
-Claro que puedes.-se apartó.-La pregunta es… ¿quieres irte?
-Sí que quiero.-pasé por su lado y anduve un par de pasos. No sé que fue lo que me llevó exactamente a girarme y a decirle aquello, pero lo hice. Al girarme lo encontré mirando al suelo triste. Que estupidez, se me encogió el corazón al verlo así, lo conocía de hacía tan solo un día.
-Oye… te veo mañana.- y por primera vez le sonreí.

Días de lluvia y sequía 01

El primer rayo de sol en varias semanas de lluvia.
Cerré los ojos para disfrutar de la suave brisa que me revolvía el pelo, y también del agradable olor a hierba mojada. Ya no hacía frío. Ya no llovía, y según la televisión, probablemente no volvería a llover en meses. Puse una mueca de desagrado, no me gustaba esa idea. La lluvia es una de las mejores cosas de la vida.
Al abrir los ojos, él ya estaba allí. Me miraba fijamente, parado frente a mí a un par de metros. Me molestó, no sabía quién era y mucho menos qué miraba. Permaneció mirándome varios segundos, tal vez todo un minuto. Me giré, más molesta aún, y empecé a andar en sentido contrario, buscando otro lugar tranquilo donde disfrutar del día que hacía.
Escuché pasos acelerados y el chico se puso a mi lado. Lo miré de reojo y vi como no me quitaba el ojo de encima. ¡Qué tipo tan extraño! Pero, sin embargo, había algo en él que me resultaba familiar.
-¡Hola!-me saludó con energía, ni siquiera me detuve, lo miré con menos disimulo y murmuré un seco:
-Hola.
-¿Qué tal?-siguió con alegría.
-Perdona,-le dije, parándome en seco, el tardó dos pasos más, se giró y me miró.- ¿nos conocemos?
-Pues claro.-contestó simplemente. Mentira. Yo nunca olvido una cara. Jamás.
-Lo siento, pero creo que te equivocas de persona.
-No, no me equivoco.
-¿Ah, sí? Pues… ¿cómo me llamo?
-Eso no lo sé, nunca me lo dijiste. Pero tus ojos… jamás olvidaría esos ojos.-me contestó, suspiré.- ¿Acaso no te acuerdas de mí?-negué con la cabeza.- ¡Pero eso es imposible!
-Lo siento.
-Me encontré contigo una vez.
-¿Dónde?-le pregunté con curiosidad.
-En un sueño.
No pude por menos que sonreír sarcásticamente y empezar a andar de nuevo.
-Muy buena forma de intentar ligar, un tanto cursi, pero sigue intentándolo.-le dije, sin mirarlo si quiera. Él se adelantó a mí y se detuvo.
-No es ninguna estrategia para ligar contigo. Te lo digo completamente en serio.-sus ojos reflejaban una absoluta convicción, lo que me hizo dudar de ser cordura.-Yo estaba andando y tú me detuviste, me miraste a los ojos y me dijiste: “eres tú, siempre…”
-“… has sido tú”.-terminé yo su frase, confusa ante el hecho de que yo misma hubiese tenido un sueño igual no hacía mucho. Él sonrió con ganas.
-Me recuerdas…
-No, solo fue un sueño.
-Fue más que eso. Los dos estamos aquí, en la misma situación, solo falta que lo digas.
-¿El qué?
-Que soy yo.-sonreí.
-Que estupidez.
-Está bien, está bien. Si no quieres creerme, no lo hagas, yo te convenceré.
-¿Ah, sí?
-Claro. Ven mañana, a esta hora y a este sitio.-me dijo, sonrió y se marchó a toda prisa. Yo me reí. Era absurdo que pensase que volvería al día siguiente, y el hecho de que pensase que lo creía era más absurdo aún.
Aunque… desde luego, una parte de mi le creyó desde el primer momento que lo miró a los ojos.

domingo, 1 de enero de 2012

Ella&Él 09


- Mira… puede que tengas razón. Pasar demasiado tiempo en una hoja equivocada puede hacerte mucho, mucho, mucho daño. Y puede que lo mejor fuese olvidarte para siempre. Pasar la página o romperla. Puede que no merecieras que me fijase en ti, o que yo no me mereciera fijarme en ti. Puede que las cosas hubiesen sido diferentes si en vez de empeñarme en seguir en esa página la hubiese pasado cuando debía. Y no creas que no lo intenté. Lo hice tantas veces que al final lo único que conseguí fue cortarme con los bordes. Y ahora, aún con mis heridas, podría estar feliz, sin que tú me importarás y sin tener que sufrir por ti. Pero… aunque hubiese conseguido eso, superarlo, olvidarte o incluso odiarte, de nada serviría. Media palabra tuya es suficiente para desmoronar mi vida, para darme cuenta que no lo he superado, porque tú eres tú… y siempre vas a ser tú. Y ser tú es suficiente como para que mi corazón sienta una debilidad casi chocante por ti. Podría odiarte con todas mis fuerzas pero si vinieses y me dijeses todo lo que me has dicho… no te podría odiar. Tú eres tú, y en mi vida siempre vas a ser esa persona que necesito para que el mundo gire. Te odie, te aborrezca… da igual, podría enterarme que eres la peor persona del mundo y aún así seguirías siendo importante para mí. Porque no puedo odiarte, ni olvidarte, ni nada que tenga que ver con sacarte del corazón, por mucho que yo me intente convencer de que sí. Tú siempre vas a estar en mi corazón, es más, tú siempre vas a ser mi corazón.-Una solitaria lágrima resbaló por la mejilla de la chica.-Ahora te dejo que me pidas tú lo que quieras.
La chica cerró los ojos, mientras escuchaba los pasos del chico acercándose.
-Abre los ojos.-le hizo caso.- ¿Sientes todo lo que has dicho?
-O más.-la mano temblorosa del chico se deslizó por la mejilla de la chica, y esta tembló bajo ella.-Puede que a idiota no me ganes.
-Pues… si es por esto, ¡bendita idiotez!-le dijo él.
-Pídeme lo que quieras para convencerme de que me importas.-repitió ella las palabras anteriormente pronunciadas por él.
-Si ahora mismo no existiese nuestra idiotez ni nada más que nosotros, ¿qué harías?
-Te besaría.
-Entonces ya sé que te voy a pedir. Piensa que no existe nadie más que nosotros y actúa como tal.-ella sonrío débilmente.
-Ante todo, ¿qué harías tú?
-¿Yo? –El chico sonrió con nerviosismo.- Me dejaría besar.
La chica se tuvo que poner un poco de puntillas, mientras el chico la rodeaba. Un escalofrío casi violento recorrió las columnas de ambos mientras sus labios, poco a poco, se unían en ese beso que tanto tiempo había tenido que esperar gracias a la dichosa cobardía.


[…]


La chica despertó sobre el teclado del ordenador, no sabía cuanto tiempo llevaba durmiendo, pero le parecían días. Por la ventana se veía como anochecía. Se desperezó y miró la pantalla, donde la ventana del chico aparecía abierta y en blanco, como siempre. Suspiró.
Apagó el ordenador del botón y se tumbó en la cama. Escuchó como sonaba el timbre, como abrían y como alguien subía por las escaleras. Sería su amiga, creía haber quedado con ella hoy. Volvió a suspirar. Dichosos sueños estúpidos, infantiles y jodidamente dolorosos.
Llamaron a la puerta de su habitación y ella se levantó de mala gana para abrir.
Y allí estaba él, con su flamante sonrisa en la cara.
-Creí que habíamos quedado.
Una sonrisa iluminó el rostro de la chica, que con solo dos pasos, abrazó fuertemente al chico. Abrazó a su propio corazón. Al engranaje de su mundo. A él.

FIN

Ella&Él 08


- Que extraño.
-¿El qué es extraño?
-Que me digas esto. Estuve más de dos años intentando escuchar tu voz de una forma directa. Me resultabas extremadamente necesario en mi vida, como si sin ti el mundo ya no girase así que durante esos años el mundo no giraba, porque no tenía tu voz para hacerlo.
-Y aprendió a girar sin mi.
-En realidad… aprendió a girar contigo. No creas que esto de que mi mundo gire es desde hace mucho… un par de días a lo sumo. De pronto unas palabras en la ventanita de un ordenador le dieron sentido a mi mundo. ¡Lo que hay que ver!
El chico no sabía qué decir, clavó los ojos en el suelo y cogió aire. Era el momento, soltarlo todo o no hacerlo nunca.
-Tú… yo… he sido increíblemente idiota. He esperado tanto tiempo que pensé que ya era tarde, y debería de serlo, me lo merezco por no haber reaccionado cuando debía, por haber dejado pasar el tiempo y que el miedo y la cobardía me ganasen la carrera. Debería haberte enfrentado en el mismo momento en que todo esto empezó y las cosas hubiesen sido diferentes. Hubiese actuado a tiempo por una vez en mi vida. Me merezco que me pisotees y me utilices como quieras por decirlo ahora, por venir a incordiarte cuando tú ya no tendrías porque soportarme. Por haber esperado tanto tiempo que te he dado la posibilidad de olvidarme, incluso de odiarme por lo estúpido que he sido… pero no creas que no lo lamento, lo he lamentado siempre. Un día más y se acaba, siempre me decía eso, un día y afronto la verdad. Y entonces te veía, con tus amigos, con tu sonrisa, con tu vida, como si yo ya no importara ni nunca volviese a hacerlo. Y me volvía a acobardar, porque no quería un no como respuesta, porque nunca he tenido que hacerle frente a nada como esto y no sabía como reaccionar, qué hacer para que fuese menos doloroso, donde guardarme las ganas de gritar… y llegó el momento en que no lo aguanté, en que tenía que estallar antes de volverme loco y estuve toda una semana abriendo tu ventanita sin decirte nada, solo escribiendo y borrando una a una todas las letras que ponía. Por que ante todo, soy un cobarde y…
-Creo que es suficiente. Yo tampoco he sido la persona más valiente.
-Pero hiciste más que yo.
-Tampoco sirvió de mucho.
-Sirvió de suficiente… mira, sé que es egoísta venir ahora a inmiscuirme en tu vida, que no me merezco que malgastes un solo segundo más de tu tiempo escuchando lo que te digo, porque yo he sido idiota y no te lo he dicho hasta que ya no me lo he aguantado más. Porque tú también has estado así y cuando puedes pasar página vengo yo aquí, a pedirte por favor que no lo hagas, que te quedes en esa página, porque soy un egoísta que no pienso en cuanto te ha podido doler permanecer tanto tiempo en la misma. Porque ahora soy yo quien no aguanta más y te necesita. Porque yo también quiero que mi mundo gire y tú eres la única persona que puede conseguirlo.
-No eres egoísta.
-Sí que lo soy. Deberías decirme “llévame a casa” y no hablarme nunca más. Deberías olvidarme y que yo siguiese colgado por ti para siempre, para que sufra, porque es lo que me merezco con lo mal que me he portado.

-A veces la cobardía puede a los sentimientos.
-Pero eso no debería de ser así, no con todo lo que yo siento. Debería haberte dicho algo, porque yo sabía que sufrías y aunque eso me mataba, nunca hice nada por impedirlo y la solución estuvo siempre en mis manos.

Ella&Él 07


-¿Sabes qué?-le dijo él, después de más de dos minutos en silencio. La chica hizo un ruido negativo, pero no pronuncio palabra. Tenía los ojos fijos en las nubes, cambiantes y juguetonas, que recorrían el cielo de lado a lado. El chico también estaba igual.-A veces tengo la sensación de que si tú me pidieses algo, por estúpido e insensato que fuese, lo haría y no lo pensaría ni dos segundos.
La chica abrió mucho los ojos, no esperaba esa confesión, y puestos a ser sinceros, ella también tenía algo que decir.
-Yo a veces pienso lo mismo. Solo que en mi caso, es más la certeza de que lo haría. Fuese lo que fuese.
El silencio era tal que escuchó como el chico tragaba saliva.
-Y sería capaz de intentar ser un poco más… un poco menos tonto. Que tuvieses algo de lo que hablar conmigo.
-Bueno, estamos hablando y nada ha cambiado desde la última vez que nos gritamos en mitad de la calle. Puede que estuviese equivocada al final.
-No lo estabas. Me di cuenta de que tenías razón. Tú y yo no teníamos nada de qué hablar y me di cuenta de cuánto podría hacer por ti cuando de pronto tomé la decisión de leer, solo por si en algún momento podíamos tener una conversación civilizada, tener algo que decirte.
-Estamos teniendo una conversación civilizada.
-Y yo estoy hablando, cosa terriblemente sorprendente.
-No creas que yo tengo mil cosas interesantes que decir, normalmente siempre digo tonterías o las hago.
-Pues a mí me resulta interesante todo lo que dices.
Silencio.
-Y a mí lo que dices tú. Leas o no Romeo y Julieta.-el chico rió.
-Es complicado.
-¿El libro?
-No, esto, decir lo que pienso, hablar contigo, debería ser más fácil. Me siento bien cuando estás cerca, pero por alguna extraña razón, no soy capaz de decirte todo lo que me gustaría.
-Yo tampoco. Y es frustrante.
Silencio de nuevo.
-Pídeme cualquier cosa.
-¿Qué?-esta vez la chica sí le miró, y se encontró con que el chico se había sentado y la miraba.
-Eso, pídeme cualquier cosa, por imposible que sea. Pídemela, y si la hago y siento la necesidad de hacerla sabré que verdaderamente me importas, que soy capaz de todo.
La chica se levantó de la hierba y miró hacia otro lado.
-Llévame a casa.-le pidió.
-Oh, vaya, tal vez hubiese sido mejor callar.-dijo el chico, levantándose a su lado. Agachó la cabeza y dio un par de pasos para volver al lugar original, a donde les esperaba la moto y con ella el mundo real.
-¿Cualquier cosa?-preguntó la chica, que se había quedado retrasada y observaba el suelo con atención. El chico la miró y arqueó una ceja.
-Pensé que querías irte.
-En realidad no. Cuando las cosas toman caminos así siempre me entran las ganas de huir. Pero voy a hacerle frente, no voy a escaparme.
-Pues entonces pídeme cualquier cosa.
-Mírame y sonríe.-dijo clavando sus ojos en los de él. Él lo hizo casi instantáneamente.
-¿Cualquier cosa y me pides que sonría?
-Bueno, carezco de imaginación, además ha sido lo primero que se me ha ocurrido que hicieses por mí. Me gusta que sonrías mirándome a los ojos. Antes no lo hacías demasiado.
-Ya ves, yo también huyo cuando las cosas se ponen extrañas.
-¿Consideras esta situación extraña?
-Más o menos. Nunca pensé que fuese capaz de hablar tanto tiempo contigo.
-Yo tampoco.-sonrió ella.
-A mí también me gusta que sonrías.-le dijo él.
-¿Porqué pensabas que no podrías hablar tanto conmigo?
-Porque me pongo nervioso y se me olvida lo que quería decirte. Porque tengo miedo de hablar más de la cuenta. De cagarla. Ya ves que lo hice a la primera ocasión que tuve de hablar contigo.
-¿Y porqué quisiste hablar conmigo?
-No sé… de repente me di cuenta que tú eras la única persona con la que quería hablar. La única voz encima de la tierra que quería escuchar. Y llegó un momento en que no aguanté más tiempo sin ella, que la necesitaba, que ya no era una voz más, que ya era la voz de mi vida, la única voz, la más importante de todas.
-Qué extraño.
-¿El qué es extraño?
-Que me digas esto. Estuve más de dos años intentando escuchar tu voz de una forma directa. Me resultabas extremadamente necesario en mi vida, como si sin ti el mundo ya no girase así que durante esos años el mundo no giraba, porque no tenía tu voz para hacerlo.
-Y aprendió a girar sin mí.

Ella&Él 06


Estuvieron más de diez minutos sobre la moto y la chica aún no sabía a dónde iban. De pronto, dio un giro brusco y paró la moto, cerca de la carretera y en mitad de la nada.
-Baja. Hemos llegado.
-Oye, ¿piensas abandonarme en mitad de la nada?-le preguntó la chica. Él sonrió. La chica se dio cuenta de cuánto tiempo hacía que ella misma soñaba con ese simple gesto. Una sonrisa. Su sonrisa.
-Claro que no.-La chica se bajó y el chico la siguió.-puedes dejar la mochila aquí, te puedo asegurar que nadie vendrá.
-Ah, ya lo entiendo.-dijo ella mientras se quitaba el casco.- En verdad eres un asesino en serie, que trae aquí a todas sus víctimas, piensas matarme y abandonarme en mitad del campo, ¿no?
Una sincera carcajada salió de entre los labios del chico. La chica sonrió.
-No, si pensase hacerte algo, no me habría expuesto a que me viesen tus amigas. Ni dejarías aquí la mochila. Eso son pruebas en mi contra, y vale que soy idiota, pero tengo dos dedos de frente. Solo quiero enseñarte algo, sígueme.
El chico se metió las manos en los bolsillos y empezó a andar campo a través. La chica soltó su mochila y lo siguió.
Nunca le había gustado el campo, era demasiado torpe como para llevarse bien con él. Demasiadas ramas y cosas con las que poder caerse. Andaba insegura un par de metros por detrás de él que, a diferencia de ella, andaba con seguridad. Apenas tres minutos después de empezar a caminar, llegaron a una cancela de árboles, que parecía cortar irremediablemente el camino.
-¿Y ahora?-le preguntó la chica, desde atrás, él volvió a sonreír y se agachó un poco, para apartar las ramas justas para que se pudiese pasar.
-Las damas primero.-le dijo, acompañando sus palabras con un gesto de la cabeza. Ella se agachó y pasó a través de los arbustos.
Y parecía imposible que un lugar así pudiese existir de verdad. Había tanto verde junto que inconscientemente buscó una muestra de que era real, que no era perfecto. Hierba, fresca, verde, con flores aquí y allí. Un pequeño riachuelo que atravesaba el pequeño claro de un lado a otro, dejando su sonido y su olor fresco y agradable, y que se perdía entre los árboles de más allá.
Un suspiro de asombro se escapó de su boca. A la vez que el chico lograba ponerse a su lado.
-Esto es… imposible.
-No, no, esto es real.
-No pensaba que por aquí había lugares así y…
-mucho menos que yo pudiese conocerlos, ¿no?-terminó él su frase, ella lo miró.-Tranquila, lo puedo entender. Este sitio no me va mucho, lo que no quiere decir que no me guste. Pero supuse que a ti te gustaría más.
-Y me encanta.-dijo ella, avanzando un poco y sin poder dejar de sonreír.-Es tan… sano.-El pasó por su lado y se dejó caer sobre la hierba.- ¿No estará mojada?
-¿Y qué más da?-dijo él.
-Pues que… no s…-pero él ya la había cogido del brazo y prácticamente tirado al suelo. Ella se echó a reír, sin saber muy bien por qué. Tal vez porque ese lugar tenía su propia magia, su propia felicidad, y era imposible no sentirla y no contagiarte de ella.- ¿Y por qué me has traído aquí?-le preguntó ella, tras unos segundos sin parar de reír, poniéndose seria de repente. Él se encogió de hombros.
-La primera vez que estuve aquí, todo esto me recordó a ti. Y bueno, quería traerte como una forma de hacer las paces.
-¿Tenemos que hacer las paces?
-Nunca hemos tenido demasiada relación. Y justo cuando empezamos a tenerla, solo nos peleamos.
-Pero últimamente no nos peleamos, desde que me salvaste de la pulmonía, yo interpreté eso como una manera de hacer las paces.
-Pues interpreta esta como otra más formal. Es más, te propongo que seamos amigos.
-¿Amigos, eh? Trato hecho.-apenas tuvo que pensárselo. Extendió su mano y él la estrechó, el simple contacto de sus manos hizo que un escalofrío recorriese la espalda de la chica, que sus mejillas se encendiesen y retirase la mano inmediatamente. El chico agachó la cabeza y miró hacia otro lado. Después se tumbó sobre la hierba y la chica, después de recobrar la compostura, lo imitó.

Ella&Él 05


El día siguiente amaneció nublado de nuevo, pero para cuando llegó al sitio donde se encontraba normalmente con sus amigas, el sol ya se había asomado.
Todos sus amigas fueron, repuestas y felices, para contagiarle un poco más de felicidad, cosa que hoy ella también tenía. El aire tenía ese olor tan característico de cuando ha estado lloviendo durante horas y ha parado hace solo un rato. Ese olor tan agradable. El aire era frío, y le congelaba la nariz y sus manos, guarecidas en sus bolsillos, intentaban mantener una temperatura normal.
El camino hasta el instituto se le pasó rápido, aunque en ningún momento habían aligerado el paso ni nada por el estilo. El sol, débil aún por el poco tiempo que había tenido para salir, jugaba al escondite con las nubes, llenando y vaciando de luz las calles.
Se sentaron en el banco de siempre, hicieron lo de siempre, hablaron de lo de siempre. Y aún así, la chica tenía la impresión de que hoy era diferente. Hoy no era un día cualquiera. Sus ojos, nerviosos e inquietos, buscaban al chico entrando por la puerta, pero hoy no lo vería, por supuesto que no, hoy había una diferencia fundamental con el día anterior. Hoy sí quería verlo.
El timbre sonó, y ese día, no prestó atención a ninguna de las clases, ni siquiera trató de aparentar que sí lo estaba haciendo. No, ese día no. Las horas pasaban con una lentitud exasperante. El reloj parecía decidido a pararse, o peor, a empezar a correr en el sentido contrario y retrasar el tiempo tanto como pudiese.
Sus ojos vagaban por la ventana, mirando el sol, asentado en su lugar y cansado de jugar con las nubes, a las que ahora mantenía a raya. Ya no hacía tanto frío, los rayos de sol se colaban por la ventana y se mezclaban con la calefacción, cada vez más apagada.
Y aunque parecía imposible que pudiese llegar ese momento, llegó. El timbre, ese último timbre del día, que marcaba que el calvario había terminado por el momento, sonó. El revuelo propio de la salida se armó, y ella participó en él junto con sus amigas, como siempre.
Andaban con paso normal, pero el camino hacía casa le parecía extremadamente largo hoy. Sería porque su cabeza solo le daba vueltas a qué diferente había sido todo el día anterior. Porque había sido deliciosamente diferente, aunque siguiese empeñada en negarlo.
Iban pasando por el sitio donde, el día anterior, se había resbalado y hecho daño, cuando una moto pasó por su lado, y se paró delante de las chicas. Ella reconoció de inmediato la moto y a su propietario, y entonces arqueó una ceja, para después abrir mucho los ojos. Él sonrió bajo su casco y le ofreció el que el día anterior le había dejado. Las amigas de la chica pasaban los ojos, atónitas, del chico al casco y del casco a su amiga, para volver al chico. Mientras, la chica la pasaba del chico al casco.
-Te llevo.-le dijo él.
-Hoy no llueve, no recaerá sobre tu conciencia mi pulmonía ni nada de eso, no te preocupes.-le contestó ella sonriendo. Él también lo hizo. Sus amigas seguían sin entender nada, solo que su amiga estaba hablando de una forma muy natural con el chico que hasta hacía poco le había estado gustando y que ellas sospechaban que aún lo hacía.
-Pero hoy te lo ofrezco por que sí. Venga, sube.
-¿Por qué sí? Nadie ofrece las cosas por que sí.
-Pero yo soy una persona perfectamente adorable, así que sí lo hago. Sube.
-No.-dijo ella sonriendo.
-Te mueres de ganas.
-No voy a dejar a mis amigas solas.
-Estarán bien.-dijo él, colocando el casco directamente sobre las manos de ella. Esta lo miró y suspiró, volviéndose hacía sus amigas.
-¿Os importa?-les dijo, mientras ella, entre cuchicheos y risas la miraban.
-Para nada.-contestó su mejor amiga, sonriendo con gracia. La chica movió la cabeza de un lado a otro, se puso el casco y se sentó detrás de él. Este arrancó la moto de nuevo y corrió varios metros, después bruscamente cambió de dirección.
-Oye, mi casa no es por ahí.-le dijo ella, acercando su cabeza a la del chico para que le escuchase. Él la miró de reojo mientras sonreía.
-Eso ya lo sé. Es que no vamos a tu casa.-le dijo él, mientras aumentaba la velocidad, lo que obligó a que la chica se agarrase más fuerte, con lo que el chico sonrió más.
-¿Y dónde vamos?
-Eso es una sorpresa.
-Y esto, un secuestro.
-¡Eh! Yo no te retengo en contra de tu voluntad, hasta donde yo sé, tú has accedido amablemente a acompañarme.