Pero
de pronto, la princesa se vuelve a sentir vacía de felicidad, pero llena de
pena...siente que su vida y su corazón se han ido con el muchacho...
Se
adentra en el mar, pensando en cuanto tiempo tardará en dejar de sentir ese
dolor que le atravesaba y le quemaba el alma como si de mil puñales ardiendo se
tratasen. Sentía como el agua iba subiendo de nivel conforme ella iba
avanzando, cada vez se notaba más pesada, mientras su ropa se iba empapando y
le hacía ir más lento por el peso. Sonreía, sonreía mientras la brisa marina
secaba las lágrimas que recorrían sus mejillas incansables, sonreía con la
sonrisa más triste que jamás se hubiese visto, una sonrisa que hizo que se
estremeciera incluso el mar, incluso el sol...sonreía de la forma más triste
posible, forma que nadie nunca podría repetir...
Se
adentro hasta que el agua le llegó más allá del cuello. La sensación de paz, de
que a partir de ahora todo si que iría bien, iba aumentando a la vez que el
agua salada iba llenando sus pulmones, mientras le dolía la garganta al
tragarla, o le picaban los ojos cuando le entraba, pero... ¿qué importancia
podía tener eso ahora? ¿Qué importancia puede tener el malestar físico
comparado con la cercanía de no sufrir nunca más?
Sonrió
de nuevo dejando escapar el poco aire que aún guardaba, y se dejó caer en las
profundidades del mar...
Lo
último que escucho antes de perder completamente la conciencia fue una dulce y
melodiosa voz que le pareció la de un ángel, gritando su nombre, llamándola a
ir a donde estuviese. Una voz tan perfecta, que aún siendo su nombre y ella
acostumbrada a escucharlo, le sonó perfecto, se le antojo hermoso por
primera vez en su vida...y por última.
Una sonrisa triste y contagiosa...
FIN








