viernes, 21 de octubre de 2011

La Princesita 07


Y sigue corriendo, y sigue corriendo, y no mira hacia atrás, nunca, no quiere, tiene miedo de ver lo que pase, de ver que su príncipe está en peligro, un peligro del cual ella no puede salvarle, tiene miedo de ver como sufre el príncipe que tanto ha esperado, que no vuelva a verlo. Y cuando cree que ya ha llegado suficientemente lejos, cuando el camino se termina, en el límite del rio, ella se detiene y no sabe qué hacer, no sabe dónde ir, no sabe si volverá a ver de nuevo a su príncipe. Y se sienta en la orilla, al frio de la noche, y ni lo siente. Tiene cosas más importantes en las que pensar antes que en el frio, o en el hambre, tiene que pensar por ejemplo en su príncipe, en el hecho de que probablemente no lo vuelva a ver, nunca más. Se vuelve a sentir sola, y recuerda esa sensación que la ha embargado hace un rato, esa sensación de que todo iba a salir bien, de que la soledad la abandonaría para no volver nunca. Pero ahora, sentada ahí, sintiendo el frio de la noche congelando cada uno de sus huesos, se ve de nuevo sola, se siente más sola que nunca, siente las lagrimas rodando por sus mejillas, sin poderlas contener, siente una pena tan grande, que no puede expresar de ninguna forma... Y mientras tanto, ¿que será del muchacho? ¿Estará bien? ¿Sabrá encontrarla de nuevo?
La soledad es dueña de su vida de nuevo y sabe que no debería de haber corrido para salvar su vida, que debería de haber quedado allí, al lado del muchacho. Pero el miedo es tan cruel, tan jodidamente cruel que se vuelve el dueño de tus actos y te obliga a pensar solo en ti, sin ser capaz de ayudar a nadie más que a ti, a ti, y a ti. El miedo nos devuelve a nuestra verdadera naturaleza, la de ser egoístas.
Y las lágrimas siguen rodando por sus mejillas, y se van congelando conforme van cayendo. Pero no, ella no quiere quedarse allí, ella no quiere dejar pasar su vida delante de sus ojos, sin hacer nada, simplemente sentada ahí, en la orilla de un rio, mirando como el sol vuelve a salir... Porque aunque ahora tuviese el corazón roto, no iba a dejar a su vida morir, porque aun quedaba posibilidad de volver a ver al muchacho, porque su vida no había acabado aun...Y d pronto siente como su corazón regresa a ella, como ya no tiene nada que lo retenga allí...y eso solo puede significar una cosa, el dolor se apodera de ella, y las lagrimas más amargas inundan su rostro...
Pero el sol estaba volviendo a salir y empezaba un nuevo día...

...buscaba el primer día del resto de su vida, borrón y cuenta nueva... [...]...llorabas pidiendo seguir adelante, borrar el pasado, pintar un instante...

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