viernes, 21 de octubre de 2011

La Princesita 03


La princesa acaba de llegar al pueblo, no sabe qué hacer, adonde ir, ni con quien hablar...el miedo vuelve a apoderarse de ella, quiere volver...es mucho más fácil ser prisionera que ser libre...ahora no depende de nadie, nadie le dice lo que puede o no puede hacer, lo que tiene que hacer...y eso la descoloca, ya que no de ese modo no sabe que es lo que realmente tiene que hacer...La princesa sabe que la buscaran, que no la dejaran huir tan fácilmente, sin poner ninguna resistencia, que no descansaran hasta dar con ella...Pero le da igual, ahora, mientras el viento y los rayos de sol acarician sus cálidas y sonrosadas mejillas, la princesa se sonríe a sí misma, y sabe que le da igual que la busquen, que se siente más libre que nunca, que las alas que durante tanto tiempo ha ansiado, al fin están creciendo...y que se siente bien consigo misma...mucho mas bien que cuando imaginaba el mundo en su lujosa habitación. No sabe que le espera ahora, no sabe a dónde ir, donde se refugiara cuando la noche caiga y el frío venga a buscarla...La gente la mira, su cara, su peinado, su forma de vestir, de comportarse, de andar, todos saben que ella no es igual, que no ha crecido entre trabajo y enfermedad...cuchichean a su espalda cuando pasa, hablan de ella, de la princesa fugitiva...
Y de pronto escucha una voz anciana a su espalda, que trata de llamar la atención de alguien. Y se gira, y hay una viejecita invidente, que está tejiendo, y que se le ha caído un ovillo, y reclama el que alguien la ayude. Pero la gente, pobre o rica, está siempre muy ajetreada con sus propios problemas como para estar ayudando a una pobre anciana. Porque los humanos son egoístas por naturaleza, y en este mundo nadie se preocupa por nadie. La princesita se da cuenta de que en realidad, los campesinos no son tan diferentes a las personas que la han criado. Se agacha y recoge el ovillo, y se acerca a la anciana, y se lo pone en las manos, para que lo coja bien. Y la anciana sonríe, y murmura un dulce gracias, y la princesita sonríe aún más que la anciana, y en ese momento, por primera vez en su vida, se siente útil, se deja de sentir fuera de lugar, se siente contenta por haber ayudado a alguien que lo necesitase...Y entonces piensa que tal vez si que tenga un lugar en el mundo, como todas las personas, y fuese ese, el de ayudar a la gente que lo necesitase, el hecho de con poco, hacer feliz a alguien. Porque la felicidad completa no es más que un cúmulo de pequeñas cositas que nos ponen contentos día a día. Y para eso estaba ella ahí, en ese mundo, para conseguir que las personas tuviesen ese trocito de felicidad diaria que tanto se necesita a veces. Porque ese era su lugar en el mundo, porque ella se había convertido en la princesita de la felicidad...
Porque decidió que no quería ver a nadie llorando nunca...

...Cuando lloras las horas le dan la vuelta al reloj.
Cuando lloras a solas me muerdes el corazón...

...Piensa lo que quieras pero ahora, él que llora soy yo...

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