viernes, 6 de abril de 2012

Días de lluvia y sequía 07


Tragué saliva con dificultad y agaché la cabeza, mirándole solo un poco, de reojo. Estaba ahí, eso o me había vuelto loca al fin. Decidí creer que verdaderamente estaba allí, puesto que aún confiaba aunque solo fuese un poco en mi cordura. Me giré a mi hermano, respiré profundamente y le dije:
-Estaré por allí.-hice un amplio gesto con la mano y empecé a andar. Sí, me moría de ganas de verlo, pero él había sido quien había decidido que no quería verme más, por lo que yo no era quien para obligarle a tenerme que ver. Bueno, también se le puede llamar huir a lo que estaba haciendo.
Fui acelerando el paso a medida que me alejaba del sitio, hasta que me escondí detrás de un árbol, me agaché y comencé a hiperventilar.

Apenas dos segundos después, él ya estaba allí agachado delante mía y con cara preocupada.
-¿Estás bien?-su voz sonaba dolorosamente cerca, no la recordaba, al igual que mi memoria no le hacía justicia a sus ojos. Desde luego que no había guardado bien su imagen en mi corazón. Bien, al menos tendría la oportunidad de volverlo a memorizar.
-Sí.-me levanté, vi como intentó ayudarme, pero se alejó antes de hacerlo. Miró a otro lado y yo también lo hice.
-Cuanto tiempo.
-No tienes que verme si no quieres.-le solté del tirón, él puso una cara extraña.
-¿Cómo?
-Decidiste que no verme era la mejor opción y estabas en tu derecho, me daba igual lo que yo sintiese porque eras tú quien me importaba. Y todo sigue igual. No tienes porque verme porque nos hayamos encontrado por casualidad aquí.
-¿Y si sí quiero verte?
-Pues serías idiota.-una lágrima rodó por mi mejilla.-Habías cortado por lo sano, si quisieses volverme a ver sería volver a hacerte daño cuando al fin habías conseguido librarte de ti.
-Tendré que hacerte algunas aclaraciones. Primero, nunca he conseguido librarme de ti, en estas semanas he pensado en ti día sí y día también todos las horas del día. Segundo, me moría de ganas por volverte a ver, te he echado de menos de una forma casi increíble. Tercero, no vas a hacerme daño, esta vez será diferente, lo sé.
-¿Y cómo lo sabes?
-Porque acabas de decir que te importo.
-Antes también me importabas y eso no impidió que te hiciera daño.
-Antes era diferente. Ahora acabas de anteponer mi bienestar al tuyo.-lo miré a los ojos, comprendiendo por donde iba.-Si te hago una pregunta ¿me contestarás?
-Sí.-contesté sin dudarlo, incluso sabiendo cuál sería su pregunta.
-¿Qué sientes por mi exactamente?-mi corazón se aceleró y se puso a la defensiva, chillándome que si no le decía la verdad me las vería con él.
-Es una pregunta difícil.
-En realidad no lo es. Puedes decirme que me ves como un amigo, en cuyo caso aceptaré verte todas las veces que tú quieras. O puedes decirme que no sientes nada, en cuyo caso te obligaré a verme todos los días. O simplemente puedes decirme que me quieres.
-¿Y cual es la condición del si te quiero?
-Que te exigiré que me des una explicación de qué es lo que sientes exactamente.
-Esa pregunta ya la has hecho.
-Y sigo esperando una respuesta.
-Estas semanas han sido las peores semanas de mi vida. Te echaba de menos. Pensaba en ti. Veía el sol y me dolía, porque me recordaba que era estúpida, que sin ti nunca me enamoraría ni tendría posibilidad de hacerlo. Eras mi única oportunidad y en verdad no me importaba que no hubiese más, eras cuanto quería y necesitaba para ser feliz ahora y siempre. Y no te tenía, me dolía muchísimo… y me seguirá doliendo si no te vuelvo a ver nunca, pero que me duela al menos sirve para que te recuerde de una forma clara, para saber que existías y que seguirás existiendo donde quiera que estés, aunque no sea a mi lado.
-¿Puedo interpretar eso como un “te quiero”?
-No, deberías interpretarlo como mucho más. ¿Sabes qué? Tengo algo que decirte.
-Pues dímelo.-me dijo sonriendo.
-Eres tú.-su sonrisa se ensanchó a la vez que una gota de lluvia cayó en su mejilla. Ambos nos sorprendimos muchísimo y miramos al cielo, al tiempo que la lluvia empezaba a caer con fuerza, como si siempre hubiese estado ahí o como si no llevase tanto sin pasar por la ciudad. Sonreí y lo miré.-He tardado tanto como la lluvia.
-No importa, lo importante es que ambas habéis llegado.-sonrió más y yo también.- ¿Decías algo?
-Sí.-me puse sería.- Te decía que eres tú. Siempre has sido y serás tú.


FIN

Días de lluvia y sequía 06


Creo que lo estoy llevando bastante bien.
Lo sigo echando de menos, claro, pero normalmente me mantengo tan ocupada que no pienso en apenas en él. Siempre estoy haciendo algo, mi madre dice que me nota un tanto hiperactiva, pero es la única solución que he encontrado para que no me duela.
Y aún así lo hace.
El dolor es bueno, me recuerda que todo lo que pasó ocurrió de verdad, que él existes y que donde quiera que esté tal vez, de vez en cuando, se acuerde de mí. Yo intento no acordarme de él así que últimamente hago cosas que nunca antes había hecho. Como cuidar de mi hermano pequeño voluntariamente, llevarlo a donde quiere cuando quiere, sin necesidad de enfados. Cuidarlo es una forma de no pensar en él, sí, una buena forma.
Hoy se le ha antojado ir a casa de Pablito, su amigo nuevo del cole. Así que he aceptado, como siempre que me pide algo. Salimos de casa y el sol se clavó en mi piel, cálido, burlón, igual que todos los días de todo este tiempo. ¿Cómo no puede la gente preguntarse porque no vuelve la lluvia? Yo me lo pregunto, pero la gente simplemente dice que no le gusta. Que estupidez, al menos hay gente más idiota que yo por ahí.
Intento no pensar mucho en el sol, porque me recuerda a él. Es como otra seguridad de que existió, de que la lluvia no vendrá, de que nunca más lo veré. El sol me duele muchísimo. Mantengo las persianas de mi habitación echadas siempre, cuanto menos luz, mejor. Pero no puedo evitar ser consciente de su presencia cuando salgo a la calle.
Íbamos de camino a casa de Pablito cuando mi hermano salió corriendo parque adentro, gritando algo como “he quedado aquí con él”. Lo seguí, con paso lento y cansado. El sol me agotaba, estar en ese sitio me agotaba más aún. Caminé con la vista clavada en el suelo, evitando mirar a sitios que me lo puedan recordar.
Mi hermano ya estaba al lado de su amigo, riendo como si los problemas no existieran. Los miré con envidia. Jugar, todo lo que ellos tenían que hacer era eso.
Tardé en darme cuenta que al lado de Pablito había alguien, que mantenía sus ojos fijos en los míos, que no lo miraban. Levanté la vista a tiempo de encontrarme con él, como si nada hubiese pasado, en el mismo sitio, a la misma hora, con el mismo sol.

Días de lluvia y sequía 05


“Solo hace dos semanas que no te veo y parece que ha pasado todo un siglo. Te echo de menos de una forma increíble. Te necesito, sí, esa es la expresión. Necesito volverte a ver para arreglar todo lo que eché a perder, y sin embargo no puedo hacer nada por arreglarlo. Por eso te escribo aunque nunca vayas a leerlo. Supongo que es una forma de recordarme a mi misma que sigo escuchando tu voz en cada rincón de mi mente y de mi corazón, repitiendo que ya no hay posibilidad para el amor, que fui idiota y dejé pasar nuestro momento.
Al levantarme hoy me he acercado a la ventana. Pensaba ir al parque de nuevo como cada día en estas dos semanas, porque hasta ese momento aún tenía la absurda esperanza de que volvieses, de que me echases de menos o me necesitases, aunque solo fuese la mitad de lo que lo hago yo.
Pero todo eso ha desaparecido al asomarme a la ventana. Al ver el sol, en lo alto, enorme, brillando como siempre, mirándome, riéndose de mi y de mi dolor. Señalándome mientras me recordaba que estaba allí y que no le iba a dejar el camino libre a la lluvia.
Tú no vas a estar allí. Lo sé y tú también lo sabes. Puede que quieras ir, pero no lo harás, has cortado por lo sano, como debías hacer. Le has dado la tregua a tu corazón y es lo mejor que podías haber hecho. Pero mientras tanto, el mío solo se queja, dice que te echa de menos, late despacio y no puedo recriminarle, me dice que no puede hacerlo más rápido, que le falta el motor, que se ha quedado vacío. Lo entiendo perfectamente. A veces pienso que no tengo corazón, otras duele de tal forma que no me queda más remedio que saber que sigue ahí, latiendo con esfuerzo, pero latiendo.
Y aunque tú ya no estás, sigues siendo el motivo de sus latidos.
Me pregunto si pensarás en mi, espero que no, o al menos, que si lo haces, no te duela tanto como a mi pensar en ti.
¿Por qué lo compliqué tantísimo? Debería de haberme plantado frente a ti y haberte dicho que te creía, y más aún, haberte dicho que yo también te quería. Ahora ya no hay oportunidad. Deberías de haber desaparecido antes, o no haber aparecido nunca. Pero las cosas no serían diferentes, ¿verdad? Nos hubiésemos conocido igual. Y yo habría hecho lo mismo, porque simplemente le tengo miedo a ser feliz. Que idiotez, que ridiculez, normal que yo sea imbécil cuando le tengo miedo a una cosa así.

Hoy he tomado la decisión, no volveré jamás. Se acabó el parque. Se acabó mantener esperanzas sin sentido. Se acabó recordarte de esta forma. Sí, se acabó. Aunque puede que te siga escribiendo, me sienta bien escribirte, es como si tuviese alguien a quien contarle todo, aunque en verdad no lo tenga, ni tampoco haya mucho que contar cuando tú no estás en mi vida.
Yo también voy a cortar con lo sano, aunque lo que menos está mi corazón en estos momentos es sano. Un corazón sano no duele de esta forma, ni se clava de esta forma. ¿Sabes qué? Pegué los pedazos rotos hace dos semanas, pero aún no he hecho que funcione, simplemente se niega, dice que te quiere.
Yo también digo que te quiero, y que te echo de menos. Y encima pensarás que no lo hago, donde quiera que estés si me sigues recordando pensarás que no te quise, ni te quiero, ni te querré nunca. Y a solo unos kilómetros de ti estaré yo. Fingiendo que te he olvidado o que puedo vivir sin ti.

El sol sigue ahí fuera. Me mira y se sigue riendo de mi…”

Días de lluvia y sequía 04


Me quedé sin aliento, con el pulso acelerado y buscando el aire que no había encontrado en ninguna de sus palabras. Mi corazón se agrietó, se enfadó y me chilló.
Mis ojos, aún clavados en los suyos, reprimían todas las lágrimas que el orgullo les impedía derramar. Me llevé las manos al pecho y le ordené a mi corazón que se callase, que todo cuanto quería escuchar en esos momentos era el silencio. Ese que no dolía, que no hablaba de cosas dañinas. Un silencio sano, seguro, nada de impregnarlo con el sucio veneno de las palabras. Solo quería oír la nada, volver a casa, meterme en la cama y que todo fuese una mala pesadilla.-Y…-continúo él, eliminando el silencio para llenarlo, probablemente, de algo que me atravesase el corazón de lado a lado, y dejase ese agujero allí para siempre, recordándome sus palabras día tras día durante el resto de mi vida.-podría seguir esperando que me quisieses, que te quitaras esa estúpida máscara que te pones para protegerte de mi y de acabar creyéndome, o peor aún, queriéndome… podría esperar eso el resto de mi vida… pero esperarte sería como esperar que ahora, en plena sequía, lloviese… inútil y frustrante.
Una solitaria lágrima recorrió su mejilla. Lo entendí al sentir aquel dolor tan extraño, que era en parte mío y en parte suyo, lo entendí perfectamente. Claro que era él. Lo había sido siempre aunque no me diese cuenta. Lo sería siempre aunque no volviese a verlo.
Se fue. Se fue y me dejó allí sola, en mitad de un parque abarrotado de gente con sus propios problemas, ajenos a mi dolor, ajenos a los pedazos de mi corazón destrozado que estaban a mis pies. Ahora tendría que recogerlos, tendría que conseguir que volviese a funcionar sin que se me clavasen sus pedazos y doliese, tendría que hacer que funcionase sin él.
Como si eso fuese posible.
Como si lo fuese a olvidar.
Como si fuese a llover después de todo un año sin lluvia.

Días de lluvia y sequía 03


Los siguientes meses fueron iguales. Todas las tardes de todo un año me encontré con ese chico. Todas las tardes me intentó convencer. Todas las tardes me negué a creerlo… pero por alguna extraña razón yo continuaba acudiendo a nuestros encuentros… supongo que eso mismo fue lo que le dio fuerzas para aguantar mi cabezonería todo ese tiempo, porque sino, no entendería como fue capaz de soportar mis comentarios sarcásticos cada vez que sacaba el tema del sueño, y ser capaz de volver a sacarlo al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente…
Hablamos mucho, por supuesto, y claro que me daba cuenta de que era especial, e incluso lo echaba de menos cuando no estaba con él. Pero eso no significaba que sintiese nada por él, incluso aunque esa siempre hubiese sido su intención. Yo no encontraba en él eso que me dijese que era él, que siempre lo había sido. Su fantasioso sueño nunca se cumpliría, por más que le pesase y por más que me pesase a mí hacerle daño.
Yo ya estaba en el parque. Hoy también hacía sol, este no se había ido ni un solo día en todo el año. La lluvia había abandonado la ciudad por un tiempo (mucho, demasiado) y ya la empezaba a echar de menos. Suspiré molesta, él llegó a la vez. Me miró muy serio y murmuró:
-Tenemos que hablar.
Yo me levanté, confusa. Sí, hablar, era justo lo que habíamos estado haciendo todo un año.
-Dime.
-Se acabó.
Traté de encontrarle significado a sus palabras.
-¿El qué se acabó?-sus ojos brillaban de una forma dolorosamente especial. ¿Había encontrado a alguien que lo quisiese de verdad? ¿Se habría cansado de mí? ¿Ya no sentiría nada? Las preguntas se agolpaban en mi cabeza, pero no las pronuncié. Esperé pacientemente a que él me diese una explicación. Mientras un nudo se instalaba en mi garganta y un vacío en mi pecho.
-No quiero que nos sigamos viendo. No quiero seguir ilusionándome cuando ya no queda esperanza, cuando nunca la hubo. Tal vez algún día, dentro de mucho, lo hubiese conseguido, pero… ¿a qué precio? Cada segundo que pasa contigo sin conseguir que me quieras me abre un agujero en el corazón y a estas alturas, mi corazón está más que cuarteado. No puedo obligarle a pasar por esto. No es justo, lo entiendes, ¿verdad?
-Claro.-lo entendía, agaché la cabeza y tragué con dificultad. Permaneció en silencio unos segundos.
-Y lo que más me fastidia, -añadió tras este instante, mirándome con seriedad. Yo busqué sus ojos, hoy los vería por última vez.-es que yo sé que tú eres el amor de mi vida y que por lo tanto estaré destinado a pasar el resto de mi vida solo, porque tú no quieres estar en ella… pero… hay algo que me fastidia aún más… y es saber que yo también soy el amor de tu vida, aunque tú no lo sepas… y un día, de pronto, te acordarás de mi, de lo que te estoy diciendo ahora, y te darás cuenta de cuanta razón llevaba… y ya será tarde, cada uno tendrá su propia vida, lejos del otro, sin posibilidad para el amor porque no fuimos capaces de aprovecharlo en su momento… y su momento es este…

Días de lluvia y sequía 02


Hoy también brillaba el sol.
Incluso más que ayer. Está bien, me gusta la lluvia, pero como cualquier persona normal, también me gusta cuando el sol sale después de muchos días sin verlo.
Ahora bien… ¿qué estaba haciendo yo allí? Que ridícula era. Me escondí detrás de unos arbustos, mirando el sitio donde me había parado el día anterior. En realidad no sabía que hacía allí cuando me había prometido que no iría.
Y ahí estaba yo, oculta detrás de unos arbustos esperando que el loco del día anterior apareciese, sabiendo que no lo haría y aún así deseándolo. Suspiré. Idiota. Oí algo detrás de mi, y después alguien carraspeó. Me giré y me lo encontré allí, sonriente.
-Hola.-su sonrisa se ensanchó.
-Hola.-contesté simplemente, mirando hacia otro lado. ¿Qué había hecho para que se diese cuenta de dónde estaba?
-¿Qué haces aquí?-su sonrisa desapareció y arqueó las cejas.
-Nada, yo ya me iba.-sí, porque era idiota y ahora tocaba huir. Me adelanté teniendo en cuenta que debería de pasar por su lado. Aceleré el paso cuando estaba cerca de él para pasar más rápido. Él me cogió del brazo.
-Y si te vas ya… ¿por qué has venido?
-Pues… no lo sé, la verdad.
-Te lo voy a decir yo.-me soltó.-Has venido porque una parte de ti sabía que no mentía.
-Eso es ridículo.-le dije mirándolo fijamente.- ¿Cómo iba a creer semejante idiotez?
-Oye, no es ninguna idiotez. Simplemente, es la vida. Hay que creer en los sueños, si no jamás se cumplirían.
-Y creo en mis sueños pero no tengo porqué creer en los tuyos.
-¿Y si el sueño es de ambos?
-No es de ambos. Fuiste tú quien te acercaste a mi, quien dijiste que ya me conocías, quien había soñado conmigo.
-Y tú fuiste quien terminó una de las frases que me dijiste en el sueño, ¿cómo explicas eso?
-Hay cosas que simplemente no se pueden explicar. Supongo que… casualidad.
-¿Y no podría ser, precisamente, una casualidad el hecho de que yo haya soñado contigo y te haya encontrado? La mejor de las casualidades.
Sonreí y agaché la cabeza, moviéndola de un lado a otro.
-Los chicos como tú no existen.-levanté los ojos y los clavé en los suyos, donde había una muda nota de confusión.-No me mires así.
-Es que no te entiendo.
-Ni yo a ti.-volví a suspirar. Y tragué saliva, tratando de encontrar las palabras para expresar lo que pensaba.-Me refiero a que los chicos que creen en sueños no existen. Los chicos sois más de… cosas simples.
Y de pronto, en contra de todo lo que yo pensaba que haría, se echó a reír con ganas. Yo lo miré extrañada.
-Sí, bueno, los chicos somos más simples, pero eso ya está comprobado. Pero que seamos más simples no significa que no nos puedan llamar la atención cosas interesantes.-después se encogió de hombros.-O puede que yo sea rarito.
-O un mentiroso.
-Oh.-puso cara de que le hubiesen pegado una puñalada y se llevó la mano al pecho.-Eso me ha dolido.
Puse una mala mueca. Y él volvió a relajarse y sonrió.
-No tengo porqué confiar en ti.
-Y aunque quería que confiases, sabía que no lo harías.-sonrió y se encogió de hombros.-Aunque me halaga que creas que miento tan bien. Te diré algo, no lo hago. Si estuviese mintiendo me habrías pillado hace mucho.
-¿Puedo irme?
-Claro que puedes.-se apartó.-La pregunta es… ¿quieres irte?
-Sí que quiero.-pasé por su lado y anduve un par de pasos. No sé que fue lo que me llevó exactamente a girarme y a decirle aquello, pero lo hice. Al girarme lo encontré mirando al suelo triste. Que estupidez, se me encogió el corazón al verlo así, lo conocía de hacía tan solo un día.
-Oye… te veo mañana.- y por primera vez le sonreí.

Días de lluvia y sequía 01

El primer rayo de sol en varias semanas de lluvia.
Cerré los ojos para disfrutar de la suave brisa que me revolvía el pelo, y también del agradable olor a hierba mojada. Ya no hacía frío. Ya no llovía, y según la televisión, probablemente no volvería a llover en meses. Puse una mueca de desagrado, no me gustaba esa idea. La lluvia es una de las mejores cosas de la vida.
Al abrir los ojos, él ya estaba allí. Me miraba fijamente, parado frente a mí a un par de metros. Me molestó, no sabía quién era y mucho menos qué miraba. Permaneció mirándome varios segundos, tal vez todo un minuto. Me giré, más molesta aún, y empecé a andar en sentido contrario, buscando otro lugar tranquilo donde disfrutar del día que hacía.
Escuché pasos acelerados y el chico se puso a mi lado. Lo miré de reojo y vi como no me quitaba el ojo de encima. ¡Qué tipo tan extraño! Pero, sin embargo, había algo en él que me resultaba familiar.
-¡Hola!-me saludó con energía, ni siquiera me detuve, lo miré con menos disimulo y murmuré un seco:
-Hola.
-¿Qué tal?-siguió con alegría.
-Perdona,-le dije, parándome en seco, el tardó dos pasos más, se giró y me miró.- ¿nos conocemos?
-Pues claro.-contestó simplemente. Mentira. Yo nunca olvido una cara. Jamás.
-Lo siento, pero creo que te equivocas de persona.
-No, no me equivoco.
-¿Ah, sí? Pues… ¿cómo me llamo?
-Eso no lo sé, nunca me lo dijiste. Pero tus ojos… jamás olvidaría esos ojos.-me contestó, suspiré.- ¿Acaso no te acuerdas de mí?-negué con la cabeza.- ¡Pero eso es imposible!
-Lo siento.
-Me encontré contigo una vez.
-¿Dónde?-le pregunté con curiosidad.
-En un sueño.
No pude por menos que sonreír sarcásticamente y empezar a andar de nuevo.
-Muy buena forma de intentar ligar, un tanto cursi, pero sigue intentándolo.-le dije, sin mirarlo si quiera. Él se adelantó a mí y se detuvo.
-No es ninguna estrategia para ligar contigo. Te lo digo completamente en serio.-sus ojos reflejaban una absoluta convicción, lo que me hizo dudar de ser cordura.-Yo estaba andando y tú me detuviste, me miraste a los ojos y me dijiste: “eres tú, siempre…”
-“… has sido tú”.-terminé yo su frase, confusa ante el hecho de que yo misma hubiese tenido un sueño igual no hacía mucho. Él sonrió con ganas.
-Me recuerdas…
-No, solo fue un sueño.
-Fue más que eso. Los dos estamos aquí, en la misma situación, solo falta que lo digas.
-¿El qué?
-Que soy yo.-sonreí.
-Que estupidez.
-Está bien, está bien. Si no quieres creerme, no lo hagas, yo te convenceré.
-¿Ah, sí?
-Claro. Ven mañana, a esta hora y a este sitio.-me dijo, sonrió y se marchó a toda prisa. Yo me reí. Era absurdo que pensase que volvería al día siguiente, y el hecho de que pensase que lo creía era más absurdo aún.
Aunque… desde luego, una parte de mi le creyó desde el primer momento que lo miró a los ojos.