viernes, 6 de abril de 2012

Días de lluvia y sequía 01

El primer rayo de sol en varias semanas de lluvia.
Cerré los ojos para disfrutar de la suave brisa que me revolvía el pelo, y también del agradable olor a hierba mojada. Ya no hacía frío. Ya no llovía, y según la televisión, probablemente no volvería a llover en meses. Puse una mueca de desagrado, no me gustaba esa idea. La lluvia es una de las mejores cosas de la vida.
Al abrir los ojos, él ya estaba allí. Me miraba fijamente, parado frente a mí a un par de metros. Me molestó, no sabía quién era y mucho menos qué miraba. Permaneció mirándome varios segundos, tal vez todo un minuto. Me giré, más molesta aún, y empecé a andar en sentido contrario, buscando otro lugar tranquilo donde disfrutar del día que hacía.
Escuché pasos acelerados y el chico se puso a mi lado. Lo miré de reojo y vi como no me quitaba el ojo de encima. ¡Qué tipo tan extraño! Pero, sin embargo, había algo en él que me resultaba familiar.
-¡Hola!-me saludó con energía, ni siquiera me detuve, lo miré con menos disimulo y murmuré un seco:
-Hola.
-¿Qué tal?-siguió con alegría.
-Perdona,-le dije, parándome en seco, el tardó dos pasos más, se giró y me miró.- ¿nos conocemos?
-Pues claro.-contestó simplemente. Mentira. Yo nunca olvido una cara. Jamás.
-Lo siento, pero creo que te equivocas de persona.
-No, no me equivoco.
-¿Ah, sí? Pues… ¿cómo me llamo?
-Eso no lo sé, nunca me lo dijiste. Pero tus ojos… jamás olvidaría esos ojos.-me contestó, suspiré.- ¿Acaso no te acuerdas de mí?-negué con la cabeza.- ¡Pero eso es imposible!
-Lo siento.
-Me encontré contigo una vez.
-¿Dónde?-le pregunté con curiosidad.
-En un sueño.
No pude por menos que sonreír sarcásticamente y empezar a andar de nuevo.
-Muy buena forma de intentar ligar, un tanto cursi, pero sigue intentándolo.-le dije, sin mirarlo si quiera. Él se adelantó a mí y se detuvo.
-No es ninguna estrategia para ligar contigo. Te lo digo completamente en serio.-sus ojos reflejaban una absoluta convicción, lo que me hizo dudar de ser cordura.-Yo estaba andando y tú me detuviste, me miraste a los ojos y me dijiste: “eres tú, siempre…”
-“… has sido tú”.-terminé yo su frase, confusa ante el hecho de que yo misma hubiese tenido un sueño igual no hacía mucho. Él sonrió con ganas.
-Me recuerdas…
-No, solo fue un sueño.
-Fue más que eso. Los dos estamos aquí, en la misma situación, solo falta que lo digas.
-¿El qué?
-Que soy yo.-sonreí.
-Que estupidez.
-Está bien, está bien. Si no quieres creerme, no lo hagas, yo te convenceré.
-¿Ah, sí?
-Claro. Ven mañana, a esta hora y a este sitio.-me dijo, sonrió y se marchó a toda prisa. Yo me reí. Era absurdo que pensase que volvería al día siguiente, y el hecho de que pensase que lo creía era más absurdo aún.
Aunque… desde luego, una parte de mi le creyó desde el primer momento que lo miró a los ojos.

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