El
primer rayo de sol en varias semanas de lluvia.
Cerré
los ojos para disfrutar de la suave brisa que me revolvía el pelo, y también
del agradable olor a hierba mojada. Ya no hacía frío. Ya no llovía, y según la
televisión, probablemente no volvería a llover en meses. Puse una mueca de
desagrado, no me gustaba esa idea. La lluvia es una de las mejores cosas de la
vida.
Al
abrir los ojos, él ya estaba allí. Me miraba fijamente, parado frente a mí a un
par de metros. Me molestó, no sabía quién era y mucho menos qué miraba.
Permaneció mirándome varios segundos, tal vez todo un minuto. Me giré, más
molesta aún, y empecé a andar en sentido contrario, buscando otro lugar
tranquilo donde disfrutar del día que hacía.
Escuché
pasos acelerados y el chico se puso a mi lado. Lo miré de reojo y vi como no me
quitaba el ojo de encima. ¡Qué tipo tan extraño! Pero, sin embargo, había algo
en él que me resultaba familiar.
-¡Hola!-me
saludó con energía, ni siquiera me detuve, lo miré con menos disimulo y murmuré
un seco:
-Hola.
-¿Qué
tal?-siguió con alegría.
-Perdona,-le
dije, parándome en seco, el tardó dos pasos más, se giró y me miró.- ¿nos
conocemos?
-Pues
claro.-contestó simplemente. Mentira. Yo nunca olvido una cara. Jamás.
-Lo
siento, pero creo que te equivocas de persona.
-No,
no me equivoco.
-¿Ah,
sí? Pues… ¿cómo me llamo?
-Eso
no lo sé, nunca me lo dijiste. Pero tus ojos… jamás olvidaría esos ojos.-me
contestó, suspiré.- ¿Acaso no te acuerdas de mí?-negué con la cabeza.- ¡Pero
eso es imposible!
-Lo
siento.
-Me
encontré contigo una vez.
-¿Dónde?-le
pregunté con curiosidad.
-En
un sueño.
No
pude por menos que sonreír sarcásticamente y empezar a andar de nuevo.
-Muy
buena forma de intentar ligar, un tanto cursi, pero sigue intentándolo.-le
dije, sin mirarlo si quiera. Él se adelantó a mí y se detuvo.
-No
es ninguna estrategia para ligar contigo. Te lo digo completamente en
serio.-sus ojos reflejaban una absoluta convicción, lo que me hizo dudar de ser
cordura.-Yo estaba andando y tú me detuviste, me miraste a los ojos y me dijiste:
“eres tú, siempre…”
-“…
has sido tú”.-terminé yo su frase, confusa ante el hecho de que yo misma
hubiese tenido un sueño igual no hacía mucho. Él sonrió con ganas.
-Me
recuerdas…
-No,
solo fue un sueño.
-Fue
más que eso. Los dos estamos aquí, en la misma situación, solo falta que lo
digas.
-¿El
qué?
-Que
soy yo.-sonreí.
-Que
estupidez.
-Está
bien, está bien. Si no quieres creerme, no lo hagas, yo te convenceré.
-¿Ah,
sí?
-Claro.
Ven mañana, a esta hora y a este sitio.-me dijo, sonrió y se marchó a toda
prisa. Yo me reí. Era absurdo que pensase que volvería al día siguiente, y el
hecho de que pensase que lo creía era más absurdo aún.
Aunque…
desde luego, una parte de mi le creyó desde el primer momento que lo miró a los
ojos.

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