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Mira… puede que tengas razón. Pasar demasiado tiempo en una hoja equivocada
puede hacerte mucho, mucho, mucho daño. Y puede que lo mejor fuese olvidarte
para siempre. Pasar la página o romperla. Puede que no merecieras que me fijase
en ti, o que yo no me mereciera fijarme en ti. Puede que las cosas hubiesen
sido diferentes si en vez de empeñarme en seguir en esa página la hubiese
pasado cuando debía. Y no creas que no lo intenté. Lo hice tantas veces que al
final lo único que conseguí fue cortarme con los bordes. Y ahora, aún con mis
heridas, podría estar feliz, sin que tú me importarás y sin tener que sufrir
por ti. Pero… aunque hubiese conseguido eso, superarlo, olvidarte o incluso
odiarte, de nada serviría. Media palabra tuya es suficiente para desmoronar mi
vida, para darme cuenta que no lo he superado, porque tú eres tú… y siempre vas
a ser tú. Y ser tú es suficiente como para que mi corazón sienta una debilidad
casi chocante por ti. Podría odiarte con todas mis fuerzas pero si vinieses y
me dijeses todo lo que me has dicho… no te podría odiar. Tú eres tú, y en mi
vida siempre vas a ser esa persona que necesito para que el mundo gire. Te
odie, te aborrezca… da igual, podría enterarme que eres la peor persona del
mundo y aún así seguirías siendo importante para mí. Porque no puedo odiarte,
ni olvidarte, ni nada que tenga que ver con sacarte del corazón, por mucho que
yo me intente convencer de que sí. Tú siempre vas a estar en mi corazón, es
más, tú siempre vas a ser mi corazón.-Una solitaria lágrima resbaló por la
mejilla de la chica.-Ahora te dejo que me pidas tú lo que quieras.
La
chica cerró los ojos, mientras escuchaba los pasos del chico acercándose.
-Abre
los ojos.-le hizo caso.- ¿Sientes todo lo que has dicho?
-O
más.-la mano temblorosa del chico se deslizó por la mejilla de la chica, y esta
tembló bajo ella.-Puede que a idiota no me ganes.
-Pues…
si es por esto, ¡bendita idiotez!-le dijo él.
-Pídeme
lo que quieras para convencerme de que me importas.-repitió ella las palabras
anteriormente pronunciadas por él.
-Si
ahora mismo no existiese nuestra idiotez ni nada más que nosotros, ¿qué harías?
-Te
besaría.
-Entonces
ya sé que te voy a pedir. Piensa que no existe nadie más que nosotros y actúa
como tal.-ella sonrío débilmente.
-Ante
todo, ¿qué harías tú?
-¿Yo?
–El chico sonrió con nerviosismo.- Me dejaría besar.
La
chica se tuvo que poner un poco de puntillas, mientras el chico la rodeaba. Un
escalofrío casi violento recorrió las columnas de ambos mientras sus labios,
poco a poco, se unían en ese beso que tanto tiempo había tenido que esperar gracias
a la dichosa cobardía.
[…]
La
chica despertó sobre el teclado del ordenador, no sabía cuanto tiempo llevaba
durmiendo, pero le parecían días. Por la ventana se veía como anochecía. Se
desperezó y miró la pantalla, donde la ventana del chico aparecía abierta y en
blanco, como siempre. Suspiró.
Apagó
el ordenador del botón y se tumbó en la cama. Escuchó como sonaba el timbre,
como abrían y como alguien subía por las escaleras. Sería su amiga, creía haber
quedado con ella hoy. Volvió a suspirar. Dichosos sueños estúpidos, infantiles
y jodidamente dolorosos.
Llamaron
a la puerta de su habitación y ella se levantó de mala gana para abrir.
Y
allí estaba él, con su flamante sonrisa en la cara.
-Creí
que habíamos quedado.
Una
sonrisa iluminó el rostro de la chica, que con solo dos pasos, abrazó
fuertemente al chico. Abrazó a su propio corazón. Al engranaje de su mundo. A
él.
FIN

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