domingo, 1 de enero de 2012

Ella&Él 09


- Mira… puede que tengas razón. Pasar demasiado tiempo en una hoja equivocada puede hacerte mucho, mucho, mucho daño. Y puede que lo mejor fuese olvidarte para siempre. Pasar la página o romperla. Puede que no merecieras que me fijase en ti, o que yo no me mereciera fijarme en ti. Puede que las cosas hubiesen sido diferentes si en vez de empeñarme en seguir en esa página la hubiese pasado cuando debía. Y no creas que no lo intenté. Lo hice tantas veces que al final lo único que conseguí fue cortarme con los bordes. Y ahora, aún con mis heridas, podría estar feliz, sin que tú me importarás y sin tener que sufrir por ti. Pero… aunque hubiese conseguido eso, superarlo, olvidarte o incluso odiarte, de nada serviría. Media palabra tuya es suficiente para desmoronar mi vida, para darme cuenta que no lo he superado, porque tú eres tú… y siempre vas a ser tú. Y ser tú es suficiente como para que mi corazón sienta una debilidad casi chocante por ti. Podría odiarte con todas mis fuerzas pero si vinieses y me dijeses todo lo que me has dicho… no te podría odiar. Tú eres tú, y en mi vida siempre vas a ser esa persona que necesito para que el mundo gire. Te odie, te aborrezca… da igual, podría enterarme que eres la peor persona del mundo y aún así seguirías siendo importante para mí. Porque no puedo odiarte, ni olvidarte, ni nada que tenga que ver con sacarte del corazón, por mucho que yo me intente convencer de que sí. Tú siempre vas a estar en mi corazón, es más, tú siempre vas a ser mi corazón.-Una solitaria lágrima resbaló por la mejilla de la chica.-Ahora te dejo que me pidas tú lo que quieras.
La chica cerró los ojos, mientras escuchaba los pasos del chico acercándose.
-Abre los ojos.-le hizo caso.- ¿Sientes todo lo que has dicho?
-O más.-la mano temblorosa del chico se deslizó por la mejilla de la chica, y esta tembló bajo ella.-Puede que a idiota no me ganes.
-Pues… si es por esto, ¡bendita idiotez!-le dijo él.
-Pídeme lo que quieras para convencerme de que me importas.-repitió ella las palabras anteriormente pronunciadas por él.
-Si ahora mismo no existiese nuestra idiotez ni nada más que nosotros, ¿qué harías?
-Te besaría.
-Entonces ya sé que te voy a pedir. Piensa que no existe nadie más que nosotros y actúa como tal.-ella sonrío débilmente.
-Ante todo, ¿qué harías tú?
-¿Yo? –El chico sonrió con nerviosismo.- Me dejaría besar.
La chica se tuvo que poner un poco de puntillas, mientras el chico la rodeaba. Un escalofrío casi violento recorrió las columnas de ambos mientras sus labios, poco a poco, se unían en ese beso que tanto tiempo había tenido que esperar gracias a la dichosa cobardía.


[…]


La chica despertó sobre el teclado del ordenador, no sabía cuanto tiempo llevaba durmiendo, pero le parecían días. Por la ventana se veía como anochecía. Se desperezó y miró la pantalla, donde la ventana del chico aparecía abierta y en blanco, como siempre. Suspiró.
Apagó el ordenador del botón y se tumbó en la cama. Escuchó como sonaba el timbre, como abrían y como alguien subía por las escaleras. Sería su amiga, creía haber quedado con ella hoy. Volvió a suspirar. Dichosos sueños estúpidos, infantiles y jodidamente dolorosos.
Llamaron a la puerta de su habitación y ella se levantó de mala gana para abrir.
Y allí estaba él, con su flamante sonrisa en la cara.
-Creí que habíamos quedado.
Una sonrisa iluminó el rostro de la chica, que con solo dos pasos, abrazó fuertemente al chico. Abrazó a su propio corazón. Al engranaje de su mundo. A él.

FIN

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