domingo, 1 de enero de 2012

Ella&Él 07


-¿Sabes qué?-le dijo él, después de más de dos minutos en silencio. La chica hizo un ruido negativo, pero no pronuncio palabra. Tenía los ojos fijos en las nubes, cambiantes y juguetonas, que recorrían el cielo de lado a lado. El chico también estaba igual.-A veces tengo la sensación de que si tú me pidieses algo, por estúpido e insensato que fuese, lo haría y no lo pensaría ni dos segundos.
La chica abrió mucho los ojos, no esperaba esa confesión, y puestos a ser sinceros, ella también tenía algo que decir.
-Yo a veces pienso lo mismo. Solo que en mi caso, es más la certeza de que lo haría. Fuese lo que fuese.
El silencio era tal que escuchó como el chico tragaba saliva.
-Y sería capaz de intentar ser un poco más… un poco menos tonto. Que tuvieses algo de lo que hablar conmigo.
-Bueno, estamos hablando y nada ha cambiado desde la última vez que nos gritamos en mitad de la calle. Puede que estuviese equivocada al final.
-No lo estabas. Me di cuenta de que tenías razón. Tú y yo no teníamos nada de qué hablar y me di cuenta de cuánto podría hacer por ti cuando de pronto tomé la decisión de leer, solo por si en algún momento podíamos tener una conversación civilizada, tener algo que decirte.
-Estamos teniendo una conversación civilizada.
-Y yo estoy hablando, cosa terriblemente sorprendente.
-No creas que yo tengo mil cosas interesantes que decir, normalmente siempre digo tonterías o las hago.
-Pues a mí me resulta interesante todo lo que dices.
Silencio.
-Y a mí lo que dices tú. Leas o no Romeo y Julieta.-el chico rió.
-Es complicado.
-¿El libro?
-No, esto, decir lo que pienso, hablar contigo, debería ser más fácil. Me siento bien cuando estás cerca, pero por alguna extraña razón, no soy capaz de decirte todo lo que me gustaría.
-Yo tampoco. Y es frustrante.
Silencio de nuevo.
-Pídeme cualquier cosa.
-¿Qué?-esta vez la chica sí le miró, y se encontró con que el chico se había sentado y la miraba.
-Eso, pídeme cualquier cosa, por imposible que sea. Pídemela, y si la hago y siento la necesidad de hacerla sabré que verdaderamente me importas, que soy capaz de todo.
La chica se levantó de la hierba y miró hacia otro lado.
-Llévame a casa.-le pidió.
-Oh, vaya, tal vez hubiese sido mejor callar.-dijo el chico, levantándose a su lado. Agachó la cabeza y dio un par de pasos para volver al lugar original, a donde les esperaba la moto y con ella el mundo real.
-¿Cualquier cosa?-preguntó la chica, que se había quedado retrasada y observaba el suelo con atención. El chico la miró y arqueó una ceja.
-Pensé que querías irte.
-En realidad no. Cuando las cosas toman caminos así siempre me entran las ganas de huir. Pero voy a hacerle frente, no voy a escaparme.
-Pues entonces pídeme cualquier cosa.
-Mírame y sonríe.-dijo clavando sus ojos en los de él. Él lo hizo casi instantáneamente.
-¿Cualquier cosa y me pides que sonría?
-Bueno, carezco de imaginación, además ha sido lo primero que se me ha ocurrido que hicieses por mí. Me gusta que sonrías mirándome a los ojos. Antes no lo hacías demasiado.
-Ya ves, yo también huyo cuando las cosas se ponen extrañas.
-¿Consideras esta situación extraña?
-Más o menos. Nunca pensé que fuese capaz de hablar tanto tiempo contigo.
-Yo tampoco.-sonrió ella.
-A mí también me gusta que sonrías.-le dijo él.
-¿Porqué pensabas que no podrías hablar tanto conmigo?
-Porque me pongo nervioso y se me olvida lo que quería decirte. Porque tengo miedo de hablar más de la cuenta. De cagarla. Ya ves que lo hice a la primera ocasión que tuve de hablar contigo.
-¿Y porqué quisiste hablar conmigo?
-No sé… de repente me di cuenta que tú eras la única persona con la que quería hablar. La única voz encima de la tierra que quería escuchar. Y llegó un momento en que no aguanté más tiempo sin ella, que la necesitaba, que ya no era una voz más, que ya era la voz de mi vida, la única voz, la más importante de todas.
-Qué extraño.
-¿El qué es extraño?
-Que me digas esto. Estuve más de dos años intentando escuchar tu voz de una forma directa. Me resultabas extremadamente necesario en mi vida, como si sin ti el mundo ya no girase así que durante esos años el mundo no giraba, porque no tenía tu voz para hacerlo.
-Y aprendió a girar sin mí.

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