-
Que extraño.
-¿El
qué es extraño?
-Que
me digas esto. Estuve más de dos años intentando escuchar tu voz de una forma
directa. Me resultabas extremadamente necesario en mi vida, como si sin ti el
mundo ya no girase así que durante esos años el mundo no giraba, porque no
tenía tu voz para hacerlo.
-Y
aprendió a girar sin mi.
-En
realidad… aprendió a girar contigo. No creas que esto de que mi mundo gire es
desde hace mucho… un par de días a lo sumo. De pronto unas palabras en la
ventanita de un ordenador le dieron sentido a mi mundo. ¡Lo que hay que ver!
El
chico no sabía qué decir, clavó los ojos en el suelo y cogió aire. Era el
momento, soltarlo todo o no hacerlo nunca.
-Tú…
yo… he sido increíblemente idiota. He esperado tanto tiempo que pensé que ya
era tarde, y debería de serlo, me lo merezco por no haber reaccionado cuando
debía, por haber dejado pasar el tiempo y que el miedo y la cobardía me ganasen
la carrera. Debería haberte enfrentado en el mismo momento en que todo esto
empezó y las cosas hubiesen sido diferentes. Hubiese actuado a tiempo por una
vez en mi vida. Me merezco que me pisotees y me utilices como quieras por
decirlo ahora, por venir a incordiarte cuando tú ya no tendrías porque
soportarme. Por haber esperado tanto tiempo que te he dado la posibilidad de
olvidarme, incluso de odiarme por lo estúpido que he sido… pero no creas que no
lo lamento, lo he lamentado siempre. Un día más y se acaba, siempre me decía
eso, un día y afronto la verdad. Y entonces te veía, con tus amigos, con tu
sonrisa, con tu vida, como si yo ya no importara ni nunca volviese a hacerlo. Y
me volvía a acobardar, porque no quería un no como respuesta, porque nunca he
tenido que hacerle frente a nada como esto y no sabía como reaccionar, qué
hacer para que fuese menos doloroso, donde guardarme las ganas de gritar… y
llegó el momento en que no lo aguanté, en que tenía que estallar antes de
volverme loco y estuve toda una semana abriendo tu ventanita sin decirte nada,
solo escribiendo y borrando una a una todas las letras que ponía. Por que ante
todo, soy un cobarde y…
-Creo
que es suficiente. Yo tampoco he sido la persona más valiente.
-Pero
hiciste más que yo.
-Tampoco
sirvió de mucho.
-Sirvió
de suficiente… mira, sé que es egoísta venir ahora a inmiscuirme en tu vida,
que no me merezco que malgastes un solo segundo más de tu tiempo escuchando lo
que te digo, porque yo he sido idiota y no te lo he dicho hasta que ya no me lo
he aguantado más. Porque tú también has estado así y cuando puedes pasar página
vengo yo aquí, a pedirte por favor que no lo hagas, que te quedes en esa
página, porque soy un egoísta que no pienso en cuanto te ha podido doler
permanecer tanto tiempo en la misma. Porque ahora soy yo quien no aguanta más y
te necesita. Porque yo también quiero que mi mundo gire y tú eres la única
persona que puede conseguirlo.
-No
eres egoísta.
-Sí
que lo soy. Deberías decirme “llévame a casa” y no hablarme nunca más. Deberías
olvidarme y que yo siguiese colgado por ti para siempre, para que sufra, porque
es lo que me merezco con lo mal que me he portado.
-A
veces la cobardía puede a los sentimientos.
-Pero
eso no debería de ser así, no con todo lo que yo siento. Debería haberte dicho
algo, porque yo sabía que sufrías y aunque eso me mataba, nunca hice nada por
impedirlo y la solución estuvo siempre en mis manos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario