Ella
estaba frente al ordenador cuando la pequeña ventanita de abajo a la derecha
apareció para mostrarle que él había iniciado sesión. Una pequeña e
idiota sonrisa acudió a su cara, a la vez que con un simple “clic” le abría
conversación. No pensaba hablarle, por supuesto, nunca lo hacía aunque se
muriese de ganas, pero siempre abría conversación, era una forma de mantener la
esperanza… la ilusión.
Observó
la ventana abierta durante unos segundos, mientras la sonrisa iba dejando paso
a un suspiro. Después miró la foto, para acabar minimizando su ventana, nunca
cerrándola.
Apenas
acababa de hacerlo cuando el ya más que pesado “tirorí” acompañado por ese
parpadeo incansable le enseñó que él le había hablado. Durante un instante
pensó que tal vez había enviado algo sin querer y se sintió avergonzada e
idiota. Después, mientras los nervios hacían que sus manos temblasen, bajó el
ratón hasta su ventana para descubrir que había sido él quien había iniciado la
conversación. Solo había un simple “ola” pero incluso una sola “o” habría sido
suficiente. Le había hablado.
El
corazón le latía tan deprisa que lo sentía en la garganta, tenía ganas de
chillar, de reírse como una histérica y de cruzar su habitación dando saltos.
Se preguntaba qué motivo podía haberle llevado a hablarle, justo a ella, porque
sí. Respiró varias veces, intentando recuperar algo de su calma perdida,
tratando de no sufrir un ataque al corazón. “Solo está aburrido” pensó “se
aburre y habla con cualquiera que esté conectado en ese momento”.
“hola”
escribió ella como pudo.
“q
tal?” recibió casi instantáneamente.
“bien,
y tú?”
“muy
bien” silencio incómodo para ella, que se mordía el labio incansablemente. “q
aces?”
“pues
no mucho, y tú?” se acercaba el momento en el que todas las conversaciones se
estancaban.
“nada”
silencio incómodo de nuevo. Ella suspiró, mientras que él aparecía escribiendo
un mensaje. “oye…” sus ojos se clavan en la pantalla, esperando una
continuación, muerta de curiosidad. Pero él ni siquiera aparece escribiendo.
“oigo”
lo anima.
“tiens
algo q acer? me gustaria ablar contigo” ella abre mucho los ojos ante semejante
cosa.
“estamos
hablando, no?”
“me
referia a cara a cara” es como si un mazo golpease directamente el pecho de la
chica y se le olvidó como se respiraba. “¿hablar conmigo?” pensó “¿de qué?”.
“para?”
le pregunta ella, aunque sabe muy bien que si le dice que vaya a algún sitio lo
hará sin pensárselo dos veces. Porque es él.
“podriamos?”
vuelve a preguntar él.
“claro,
no sé de qué, pero cuando quieras”
“aora?”
ella abre los ojos aún más. “¿qué está pasando aquí?”se pregunta. Asustada.
Intrigada. Confundida. Atontada. Horriblemente encantada ante la simple idea de
hablar con él en persona. De que al fin él sea capaz de decirle algo después de
tanto tiempo, sea lo que sea, va a oír su voz. Y no solo eso, la va a oír
dedicada, completa y exclusivamente, a ella.
“claro,
sabes donde vivo”
“salgo
de mi casa ya, no tardare” y cierra sesión, sin más, dejándola a ella en mitad
de su ataque al corazón.
Traga
saliva con dificultad, luego casi se echa a llorar por la incomprensión del
momento, después apaga el ordenador, sin despedirse de nadie y por fin, va
directa hacia la puerta de la calle, se sienta frente a ella y espera. Pensando
que todo esto es una broma de mal gusto.
Apenas
unos minutos después el ruido de una moto se detiene frente a su puerta y su
corazón se acelera más aún. Segundos después suena el timbre.
Vuelve
a tragar saliva, se levanta lentamente y alarga la mano hasta la cerradura.
Coge aire y abre.
Y
sí, allí está él, con los ojos clavados en el suelo y el casco en una mano.
Parece estar discutiendo consigo mismo. Ella también agacha la cabeza y frunce
el ceño, ni siquiera la dice hola.
-¡Luego
vuelvo!-grita para que se enteren los que están en el salón. Después sale de casa
cerrando la puerta, se mete las manos en los bolsillos y empieza a andar,
ignorando la moto. Mientras el chico se sitúa detrás de ella y la sigue, sin
abrir la boca.

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