jueves, 1 de diciembre de 2011

Álex&Julieta 12


-Ahora dime que no te llamas Romeo, si no me deberé enamorar perdidamente de ti.
El chico rió.
-Me llamo Alex.-le contestó. Julieta entrecerró los ojos, juraría que ese nombre le recordaba algo.
-Pues yo sí soy Julieta, un placer.-le ofreció su mano al chico, para ayudarlo a levantar.
Fue en ese momento, cuando sus manos se cogieron con fuerza por primera vez, cuando una especie de descarga eléctrica recorrió sus cuerpos. Las farolas cercanas titilaron, ellos se sorprendieron a la vez que un torrente de recuerdos los inundaban, la respiración se les paró y el corazón tomó la velocidad del amor.
Recordaron cada momento vivido, cada palabra, cada gesto, el dolor de no poderse tocar. El dolor de quererse y no poderlo vivir. Recordaron el porqué y el cómo habían podido despertar. Se recordaron.
-Julieta…
-Alex…
Julieta saltó a los brazos de este, llorando de pura felicidad. Alex agarró tan fuerte a Julieta que parecía que temía que fuese a desaparecer en cualquier momento.
-Julieta… Julieta… mi Julieta…-repitió una y otra vez en su oído.-No sabes cuánto…-pensó decir tiempo, pero en realidad, él no había llevado la cuenta del tiempo.-cuantos sueños he esperado este momento.
-Pensaba que tú no creías en los sueños.-le dijo Julieta separando su cabeza del pecho de Alex.
-¿Cómo no voy a creer? Tú eres mi sueño… y estás aquí… eres real.-la abrazó más fuerte. Julieta sonrió y se acurrucó entre los brazos de Alex.
El destino tiene su propia forma de poner a cada uno en su lugar, el destino juega sus cartas en el orden que quiere porque sabe que al final siempre gana. El destino es lioso y maleducado. Pero ese mismo destino era el que los había reunido allí a los dos en ese momento, el que había vuelto a poner orden y felicidad en sus vidas. Ese destino se había aliado con su amor, y les había estado tendiendo un camino a recorrer para su propia felicidad. Los había llevado hasta sus recuerdos, y sobre todo, los había llevado a estar juntos. Ese lioso y maleducado Sr. Destino les había salvado, no la vida, si no el alma y el corazón.
Alex colocó sus manos en las mejillas de Julieta, esta sonrió por el contacto suave y cálido, pero sobre todo, real. Cerró los ojos, dispuesta a disfrutar de lo que vendría, ya era hora. Ambos se lo merecían.
Alex acercó sus labios tierna y lentamente a los de Julieta, tratándola como si siguiesen en ese sueño donde ella podía desaparecer.
Justo en el momento en que sus labios se unieron, en ese mismo instante, todas las farolas de varias calles a la redonda se apagaron sin motivo aparente.

FIN

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