La
primera noche que Julieta habló con el chico en su sueño, acabó despertándose
con la sensación de que alguien la hubiese enchufado a la luz. Y todo por tocar
su mano…
Al
día siguiente visitó el hospital, se llevó su libro favorito y leyó muchas
horas a Alex, hasta que las enfermeras pasaron diciéndole que debía irse.
Julieta pasaba con Alex todo el tiempo que estaba solo, casi nunca se
encontraba con el padre o con la hermana, aunque eso no significaba que no los
conociera. Es más, hasta ellos la conocían a ella.
La
noche siguiente durmió, pero no soñó nada. Esto la preocupó. ¿Significaba que
esa conexión o lo que fuera se había perdido? ¿No podría volver a hablar con él
nunca más? No, no, todo volvería, seguro.
Y,
por fin, la tercera noche volvió a soñar con él y lo encontró en el mismo sitio
donde lo había dejado.
-¡Vaya!-exclamó
al llegar allí, feliz aunque no quisiese reconocerlo, al encontrar el mismo
escenario que ella misma había creado sin saber aún muy bien como.
-Hola.-le
dijo Alex, mirándola fijamente, ella sonrió.
-Veo
que has decidido hacerme caso y dejar esto como yo lo puse.-él negó con la
cabeza.
-Esto
lo has vuelto a hacer tú.
-¿No
lo has hecho tú?
-No.
Cuando desapareciste… todo desapareció. He estado a “oscuras” hasta que has
vuelto.-le explicó.
-Vaya…-Julieta
se dejó caer sobre una silla que se materializó justo en el momento oportuno, y
lo miró.- ¿Y porqué no lo recreaste tú?
-Porque
yo no sé hacerlo.-contestó él mientras se acercaba lentamente a la silla donde
Julieta estaba. Esta apretó su espalda contra ella, intentando alejarse lo
máximo posible.
-¿Qué…
qué haces?-preguntó al ver como el chico alzaba una mano hacia ella, con toda
intención de tocarla. Ella se echó aún más hacia atrás hasta que la silla se
volcó.-Oye, si lo que quieres es que me vaya solo tienes que decírmelo.
“Aunque
no podré hacer nada” pensó.
-¡No!-exclamó
él, dejando caer la mano.- ¿Estás bien?
Ella
asintió con la cabeza.
-¿Y
si no quieres que me vaya porqué intentas tocarme?-le preguntó.
-¿Puedes
crear otra de esas para mí?-dijo señalando con la cabeza la silla donde Julieta
se había sentado. Tan pronto lo terminó de decir una igual apareció frente a
ella, a la distancia que creyó prudencial. Él se sentó.-Verás… cuando ayer me
tocaste… fue una sensación muy extraña. Era como si… no sé… como si tu mano
fuese un anzuelo y yo el pez, y cuando se juntaron… me estaban pescando.
Por un momento casi creí que me iba a despertar, nunca había sentido nada así.
-Fue
una experiencia rara.-confirmó Julieta.- Yo me desperté y no pude volver a
dormirme. Y al día siguiente no pude volver.
-¿Han
pasado días?-ella asintió.-Aquí no se puede contar el tiempo. La oscuridad no
es una buena aliada.
-Al
parecer a este lugar le siento bien.-dijo Julieta sonriendo, después agachó la
cabeza.- ¿Y a ti como te siento?
No
se atrevió a mirarle, por eso no vio la sonrisa que cruzó por su rostro. Tragó
saliva dispuesta a escuchar cualquier cosa.
-Digamos…que
este sitio… forma parte de mí.-acabó diciendo Alex. Julieta lo miró sin comprender.
-No
lo entiendo.-le reconoció.
-A
ver… digamos que al principio me resultabas molesta y pesada. Una niña tonta…
-¡Oye!
¡Yo no soy una…!
-Calla
y déjame hablar, por una vez en tu vida déjame hablar.-Julieta calló de
inmediato.-Al principio era así.
-¿Y
ahora?-le preguntó con curiosidad.
-Ahora
odio la oscuridad y la soledad que dejas cuando te vas.-le contestó mientras la
más sincera y hermosa de las sonrisas le decoró el rostro. Julieta le respondió
con una igual.
-Me
alegra saber que al menos soy bienvenida.
-Muy
bienvenida, créeme.-contestó él. Permanecieron un rato callados, sin siquiera
mirarse.
-¿Crees
que… que si volviese a pasar lo del otro día… despertarías?-le preguntó
Julieta, mirando sus manos para no mirarle a los ojos.
-No
lo sé.-dijo él, moviendo la cabeza de un lado a otro.
-Podemos
intentarlo de nuevo si quieres…
-¡No!
Todavía no quiero.
-¿No
quieres despertar?-le preguntó Julieta extrañada.
-Sí,
sí quiero. Lo que no quiero es perderte a ti.-dijo él agachando la cabeza a la
vez que ella la levantaba. Ambos se pusieron muy rojos, pero Julieta se levantó
y acercó mucho su cabeza a la de Alex, obligando a que este la levantara para
alejarse de ella.
-Me
ha llamado molesta y pesada, señorito.-le dijo ella levantando una ceja,
después una enorme sonrisa de derramó en su cara.-De una cosa, o persona en
este caso, molesta y pesada, uno no se libra con tanta facilidad, ¿sabes?
-Genial.-le
contestó él, sonriendo.
-Y
ahora debo irme, yo sí tengo cosas que hacer, no como tú, ¡vago!-volvió a
reírse con esa risa suya, musical y perfecta, a opinión de Alex.
-¿Tan
pronto?-le preguntó él.
-Parecerá
una locura, pero estoy escuchando mi despertador.-le dijo ella, acercando su
cara aún más a la de él.-Volveré, te lo prometo.
Y
dicho esto, depositó sus labios en la mejilla de Alex, para volver a
desaparecer. Y Alex se sintió mucho más "pescado" que antes.

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