jueves, 1 de diciembre de 2011

Álex&Julieta 09


Alex estaba esperándola, como siempre, eso era lo único que él podía hacer ya.
Esperarla.
Apareció donde hasta segundos antes no había nada, pero no era ella. No era su Julieta, ya no era esa persona.
Estaba… transparente. Veía con claridad las hojas de los árboles caer a través de ella. Se espantó ante lo que eso podía suponer. Su pulso se aceleró ante el profundo terror que sentía en ese momento. Y su corazón empezó a saltar, como si con ello pudiese hacer que el color volviese a Julieta.
-Julieta… ¿qué has hecho?-eso fue lo único que fue capaz de decir.
-Alex…-ella parecía no darse cuenta. Levantó una mano hacía Alex, y este solo sintió una suave calidez en el pecho, en el lugar donde la mano de Julieta había llegado atravesándolo. Julieta agrandó mucho los ojos cuando vio su mano, cuando vio lo que había hecho.-Estás… aquí.
-Sí, yo estoy aquí, ¿dónde estás tú?-le preguntó Alex, casi con furia.
-¿Estás bien?-preguntó Julieta, mientras la dura verdad caía sobre sus hombros. Tenía los ojos muy abiertos y una expresión inescrutable en el rostro. Sus ojos tenían un brillo especial, y Alex juraría que se estaban apagando.
-Todo lo bien que puede estar alguien en coma.-le contestó. Julieta dejó caer su mano hasta que quedó colgando a su lado. Después agachó la cabeza para ocultar su rostro. Las lágrimas rodaron por sus mejillas, o al menos por lo que quedaba de ellas. Después sonrió, una sonrisa tan triste que helaba la sangre. Aunque no levantó la cabeza.
-Estás bien…-se dejó caer al suelo. Alex se agachó a su lado.
-Julieta… ¿qué has hecho?-pronunció cada sílaba como si fuese una palabra sola.
-Violeta me dijo que no pudieron hacer nada… que lo sentía… pensé que estabas…-lloró con más ganas.
-¿Qué?-Alex sintió un vacío en el estómago al escuchar estas palabras, al saber lo que ello suponía. El porqué estaba así.-No…
-Pensé que… ya no estabas… que nunca más estarías.-dijo ella, mientras las lágrimas resbalaban hasta caer sobre sus manos.
-¿Y qué?-le gritó Alex, poniéndose de pie.- ¿Y qué si yo había muerto?
-¿Cómo que y qué?-le dijo Julieta, alzando la cabeza al fin.
-¡Qué importaba! Si yo hubiese muerto ya era tarde para mí… pero tú tenías toda una vida por delante, conocerías a otro chico, te enamorarías y te acabarías olvidando de mí. ¡Que yo hubiese muerto sería lo mejor que podría haber pasado!-le gritó. Julieta se levantó tan rápido que Alex apenas la vio, pero de pronto sintió la misma calidez que había sentido en el pecho con su mano, atravesando su cara.
-¡Ni se te ocurra decir eso!-le gritó ella.
-¿Con que derecho te crees que puedes acabar con tu vida solo porque yo hubiese muerto?-le gritó él de nuevo.-Me da igual mi vida, pero la tuya… ¡la tuya es mucho más importante!
-Ya no…-dijo Julieta.-Ya es tarde…
Volvió a bajar la cabeza.
-Julieta… ¿Porqué?
-Yo nunca he querido a nadie, no de este modo… me duele el corazón cuando estás lejos, y es como si un ladrillo me aprisionase los pulmones, me falta el aire… una vez te dije que no imaginaba mi vida sin ti, porque no la viviría. No hablaba en broma.
-Nuestra historia era bonita…-dijo Alex, agachando también la cabeza.-Pero no quería que de verdad esto fuese la historia de Romeo y Julieta. Yo no quería que nadie muriese… ¿y ahora que se supone que debo hacer yo? Solo puedo dejarme morir.
-No…
Alex sonrió un poco y alzó la mano hasta la mejilla de Julieta. La detuvo a un centímetro de ella.
-Ya no puedo hacer otra cosa…
-Me prometiste que te despertarías.-sollozó Julieta.
-Te prometí que me despertaría cuando encontrase la forma de besarte sin que desaparecieras.-le dijo Alex.-No lo he conseguido así que ya no puedo cumplir mi promesa.
-Quizá este sea el momento.-susurró Julieta.-Tal vez no sea el mejor momento, pero puede que nunca más haya otro.
-Si te beso, me atravesarás, como antes. Y eso terminará matándome o volviéndome loco.-le contestó Alex.
-Por favor.-Julieta cerró los ojos más fuerte que nunca, mientras las lágrimas seguían resbalando por sus mejillas. Alex terminó de depositar su mano sobre su mejilla, y no la atravesó. Una energía extraña recorrió todo su cuerpo empezando desde la palma de su mano.
-Julieta…-ella abrió los ojos sonriendo entre las lágrimas.-Estás volviendo… ya… tienes color.
Julieta levantó su mano hasta colocarla en la mejilla de él. La misma energía volvió a recorrerles. Y entonces, al fin, después de tantísimo tiempo, después de tantísimas ganas, sus labios se unieron y la energía fluyó en ellos. Nunca antes habían sentido nada así. Parecía que sus corazones iban a explotar, y sus mentes…
Sus mentes regresaron al lugar donde correspondía.
Y dos jóvenes, en diferentes hospitales, despertaban a la vez cuando los médicos ya habían perdido completamente la esperanza.

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