Alex
estaba esperándola, como siempre, eso era lo único que él podía hacer ya.
Esperarla.
Apareció
donde hasta segundos antes no había nada, pero no era ella. No era su Julieta,
ya no era esa persona.
Estaba…
transparente. Veía con claridad las hojas de los árboles caer a través
de ella. Se espantó ante lo que eso podía suponer. Su pulso se aceleró ante el
profundo terror que sentía en ese momento. Y su corazón empezó a saltar, como
si con ello pudiese hacer que el color volviese a Julieta.
-Julieta…
¿qué has hecho?-eso fue lo único que fue capaz de decir.
-Alex…-ella
parecía no darse cuenta. Levantó una mano hacía Alex, y este solo sintió una
suave calidez en el pecho, en el lugar donde la mano de Julieta había llegado
atravesándolo. Julieta agrandó mucho los ojos cuando vio su mano, cuando vio lo
que había hecho.-Estás… aquí.
-Sí,
yo estoy aquí, ¿dónde estás tú?-le preguntó Alex, casi con furia.
-¿Estás
bien?-preguntó Julieta, mientras la dura verdad caía sobre sus hombros. Tenía
los ojos muy abiertos y una expresión inescrutable en el rostro. Sus ojos
tenían un brillo especial, y Alex juraría que se estaban apagando.
-Todo
lo bien que puede estar alguien en coma.-le contestó. Julieta dejó caer su mano
hasta que quedó colgando a su lado. Después agachó la cabeza para ocultar su
rostro. Las lágrimas rodaron por sus mejillas, o al menos por lo que quedaba de
ellas. Después sonrió, una sonrisa tan triste que helaba la sangre. Aunque no
levantó la cabeza.
-Estás
bien…-se dejó caer al suelo. Alex se agachó a su lado.
-Julieta…
¿qué has hecho?-pronunció cada sílaba como si fuese una palabra sola.
-Violeta
me dijo que no pudieron hacer nada… que lo sentía… pensé que estabas…-lloró con
más ganas.
-¿Qué?-Alex
sintió un vacío en el estómago al escuchar estas palabras, al saber lo que ello
suponía. El porqué estaba así.-No…
-Pensé
que… ya no estabas… que nunca más estarías.-dijo ella, mientras las lágrimas
resbalaban hasta caer sobre sus manos.
-¿Y
qué?-le gritó Alex, poniéndose de pie.- ¿Y qué si yo había muerto?
-¿Cómo
que y qué?-le dijo Julieta, alzando la cabeza al fin.
-¡Qué
importaba! Si yo hubiese muerto ya era tarde para mí… pero tú tenías toda una
vida por delante, conocerías a otro chico, te enamorarías y te acabarías
olvidando de mí. ¡Que yo hubiese muerto sería lo mejor que podría haber
pasado!-le gritó. Julieta se levantó tan rápido que Alex apenas la vio, pero de
pronto sintió la misma calidez que había sentido en el pecho con su mano,
atravesando su cara.
-¡Ni
se te ocurra decir eso!-le gritó ella.
-¿Con
que derecho te crees que puedes acabar con tu vida solo porque yo hubiese
muerto?-le gritó él de nuevo.-Me da igual mi vida, pero la tuya… ¡la tuya es
mucho más importante!
-Ya
no…-dijo Julieta.-Ya es tarde…
Volvió
a bajar la cabeza.
-Julieta…
¿Porqué?
-Yo
nunca he querido a nadie, no de este modo… me duele el corazón cuando estás
lejos, y es como si un ladrillo me aprisionase los pulmones, me falta el aire…
una vez te dije que no imaginaba mi vida sin ti, porque no la viviría. No
hablaba en broma.
-Nuestra
historia era bonita…-dijo Alex, agachando también la cabeza.-Pero no quería que
de verdad esto fuese la historia de Romeo y Julieta. Yo no quería que nadie
muriese… ¿y ahora que se supone que debo hacer yo? Solo puedo dejarme morir.
-No…
Alex
sonrió un poco y alzó la mano hasta la mejilla de Julieta. La detuvo a un
centímetro de ella.
-Ya
no puedo hacer otra cosa…
-Me
prometiste que te despertarías.-sollozó Julieta.
-Te
prometí que me despertaría cuando encontrase la forma de besarte sin que
desaparecieras.-le dijo Alex.-No lo he conseguido así que ya no puedo cumplir
mi promesa.
-Quizá
este sea el momento.-susurró Julieta.-Tal vez no sea el mejor momento, pero
puede que nunca más haya otro.
-Si
te beso, me atravesarás, como antes. Y eso terminará matándome o volviéndome
loco.-le contestó Alex.
-Por
favor.-Julieta cerró los ojos más fuerte que nunca, mientras las lágrimas
seguían resbalando por sus mejillas. Alex terminó de depositar su mano sobre su
mejilla, y no la atravesó. Una energía extraña recorrió todo su cuerpo empezando
desde la palma de su mano.
-Julieta…-ella
abrió los ojos sonriendo entre las lágrimas.-Estás volviendo… ya… tienes color.
Julieta
levantó su mano hasta colocarla en la mejilla de él. La misma energía volvió a
recorrerles. Y entonces, al fin, después de tantísimo tiempo, después de
tantísimas ganas, sus labios se unieron y la energía fluyó en ellos. Nunca
antes habían sentido nada así. Parecía que sus corazones iban a explotar, y sus
mentes…
Sus
mentes regresaron al lugar donde correspondía.
Y
dos jóvenes, en diferentes hospitales, despertaban a la vez cuando los médicos
ya habían perdido completamente la esperanza.

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