La
chica paseaba despreocupadamente por la calle, con su libro favorito, Romero y
Julieta, entre las manos. Solía hacer eso muchas veces, encerrarse en ese libro
y tener ojo solo para saber que no estaba cruzando cuando no debía o que no había
nadie con quien chocarse.
Se
sabía ese libro de memoria, aunque eso no quitaba que cada vez que lo leía se
sintiese como si fuese la primera.
Hacia un rato ya que tenía la impresión de que alguien iba detrás de ella. Por eso ahora mantenía el libro abierto sin apenas mirarlo e iba de calle en calle sin seguir una dirección concreta.
Hacia un rato ya que tenía la impresión de que alguien iba detrás de ella. Por eso ahora mantenía el libro abierto sin apenas mirarlo e iba de calle en calle sin seguir una dirección concreta.
De
pronto se encontró con que la calle que había tomado no tenía la salida, ella
sola se había metido en la boca del lobo. Intentó darse la vuelta, para
intentar enmendar su error, pero ya era tarde. El hombre que la había estado
siguiendo ya estaba en la entrada de la calle, caminando hacía ella.
-Hola
guapa.-un estremecimiento recorrió el cuerpo de la chica, al saberse en peligro
y sola. Su respiración se aceleró por el miedo y bajó la mano con la que
sostenía el libro, aún con su dedo marcando la página por la que se había
quedado. Hizo acopio de toda su valentía, que en ese momento parecía muy poca.
-Disculpe.-se
dispuso a pasar por su lado, ignorando el peligro, con la esperanza de que el
hombre recapacitase y la dejase marchar. Pero no, no lo hizo. El hombre le
agarró el brazo con el que sostenía el libro, y al darse cuenta de ello se lo
quitó de las manos.- ¡No!
-¿Romeo
y Julieta? Bah, tonterías.-arrojó el libro un par de metros más allá.
-Suélteme.-le
dijo ella, pareciendo serena.-Suélteme o tendré que gritar.
Una
sonrisa maléfica cruzó el rostro del hombre a la vez que de no sabía dónde
sacaba una navaja, con la que amenazó el cuello de la chica. A esta se le
escapó un débil quejido y trató de separarse lo máximo posible del hombre, que
aflojó su presión en el brazo.
-No
tiene porque pasarte nada, bonita. Tu y yo podemos pasarlo muy bien.-acercó su
cara a la de la chica, que la apartó.
-¡No!-gritó.
El
chico iba caminando cuando escuchó el grito. Acababa de pasar por la entrada de
un callejón y le pareció que venía de allí. No era asunto suyo, pero tenía
curiosidad.
Se
asomó un poco, lo justo para ver a una chica amenazada por una navaja. Abrió
mucho los ojos.
Lo
más sensato, pensó después, hubiese sido llamar a la policía y que ellos
solucionasen todo este asunto. Eso era lo más sensato, desde luego, pero todo
el mundo le decía que últimamente, estaba menos sensato que nunca. Así que, sin
saber bien porqué, se metió en el callejón, tratando de hacer el menor ruido
posible, y cogiendo un par de piedras que había tiradas por allí, se las lanzó
al agresor de la chica.
Siempre
había tenido mucha puntería, así que le acertó en la cabeza de lleno. La chica
aprovechó el momento de confusión para huir un poco del hombre, pero este
reaccionó pronto y volvió a agarrarla del brazo.
-Lárgate
de aquí, muchacho, esto es entre la chica y yo.-le dijo, furioso. El chico lo
miró y no se movió en absoluto.-Lárgate si no quieres acabar mal.
-Suéltala
si no quieres acabar mal.-contestó el chico, a la vez que le lanzaba otra
piedra que el hombre no pudo evitar. La chica, esta vez sí, salió corriendo
hasta llegar al lado del muchacho.-Ponte detrás mía.-le dijo, sin apartar los
ojos del agresor, que ahora los miraba con el odio más profundo.
-¡No
saldréis de este callejón!-el hombre se abalanzó sobre ellos, sin darles tiempo
a reaccionar. Iba a por la chica, ambos lo sabían, primero moriría ella,
después, él. La chica vio la navaja ton solo a unos centímetros de su cuerpo,
casi se preparó para sentir el frío metal hundiéndose en su carne. Pero no
llegó a sentirlo nunca, pues el chico se interpuso, recibiendo él la puñalada
en su lugar. La chica abrió mucho los ojos a la vez que se le llenaban de
lágrimas. El chico cayó hacia atrás por el impacto, justo sobre los brazos de
ella. El hombre pareció asustarse en ese momento, pues salió huyendo de allí.
La chica seguía llorando, mientras, en el suelo, abrazaba con fuerza al chico,
mojando su pecho de lágrimas.
-¡No
tenías por qué hacerlo!-repitió una y otra vez.
-Eh…-el
chico sonrió un poco entre sus brazos.-Estoy bien… no me ha hecho nada.
La
chica buscó la herida, pero no la halló, solo un pequeño corte en la chaqueta,
a la altura del corazón.
-¿Cómo?-el
chico se incorporó un poco y se sacó un libro del sitio donde había ido a parar
el corte. La navaja había atravesado un poco el libro, pero no le había llegado
a hacer nada a él. La chica leyó el título: Romeo y Julieta. Abrió mucho los
ojos y fue a recoger su ejemplar, después se lo tendió a él.-Es lo justo.
El
chico se sorprendió, y después sonrió.
-Gracias,
pero no hace falta…
-Cógelo.
Me has salvado la vida…te podrían haber matado.-le dijo la chica, volviéndose a
arrodillar a su lado.-Ahora dime que no te llamas Romeo, si no me tendré que
enamorar perdidamente de ti.
El
chico rió.

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