Al
abrir los ojos, Julieta se encontró en un precioso parque. Todo era verde. No
había bancos, ni papeleras, ni nada más que agua, hierba y árboles.
Nadie
excepto ellos dos vería ese lugar jamás. Julieta sonrió, después cayó en la
cruda realidad de ese sitio. Ese sitio imaginario, irreal, tanto como su propia
historia con Alex. Las lágrimas acudieron a sus ojos y de ahí pasaron a sus
mejillas.
-¿Estás
llorando? ¿Por qué lloras?-le preguntó él, preocupado.
-Porque…
porque…bueno, aparte de porque soy una niña llorona…-sonrió un poco entre
lágrima y lágrima.-También lloro porque este sitio es precioso… -pero aún no
había dicho EL motivo, ese que le quemaba el alma.-y… y… porque ¡me muero de
ganas de abrazarte y no puedo hacerlo!
Dicho
esto se dejó caer sobre la hierba que Alex había creado solo para ellos, y
lloró con ganas, como no hacía desde hace mucho.
-No…
no llores.-dijo él, dejándose caer a su lado, siempre a una distancia
prudencial.-Me mata verte llorar y no poder hacer nada. No puedo ofrecerte mi
hombro, no puedo cogerte de la mano, ni siquiera puedo limpiar tus
lágrimas…-Alex agachó la cabeza al tiempo que una única y solitaria lágrima
recorría su mejilla. Luego formó su sonrisa, como pudo.-No llores más, por
favor.
Julieta
lo miró y se olvidó de cómo se lloraba, y de cómo se respiraba, y de cómo se
hablaba. De lo único que se acordaba era de cómo se abrazaba y de que ella no
podía hacerlo. Después, al ver la expresión de Alex, también recordó cómo se
sonreía.
-Gracias.-le
dijo. Él negó con la cabeza.
-Yo
soy quien debe agradecerte, Julieta. Tú eres la persona más especial que he
visto nunca… yo no tengo nada ya, solo esto y ni siquiera es real, ni yo soy
real. Lo único real eres tú. Nada tiene sentido cuando tú no estás, ni mi vida,
si a esto se le puede llamar así. Eres lo único que sigue teniendo sentido. La
única razón de que yo siga luchando por vivir… si tú desaparecieras, si no
volvieses a aparecer por aquí por alguna razón, yo me dejaría morir, y moriría
feliz porque ello supondría que algún día, en otro sitio y en otro tiempo, te
volvería a ver y quizá todo fuese mejor que ahora.
Julieta lo miraba fijamente, tragándose las lágrimas.
Julieta lo miraba fijamente, tragándose las lágrimas.
-Si
tú te murieras… yo no sobreviviría. Hace dos meses no hubiese imaginado ni por
asomo que podría existir alguien como tú, por el que verdaderamente valga la
pena luchar, alguien especial. Ahora no puedo imaginar mi vida sin ti, en
realidad no la imagino porque me negaría a vivirla. A veces me olvido que esto
no es real, de que allí fuera tú estás en coma y yo no te tengo, y todo esto me
parece mucho más real que nada. ¿Y si esta es nuestra vida? Lo de fuera no es
nada, solo un sueño. Siento que cuando estoy aquí es cuando estoy despierta y
cuando estoy allí… estoy en mitad de una pesadilla en la que tú no estás. Para mi
esta es la realidad. Esta es la felicidad. Me da igual no poder tocarte, siento
cuando estás cerca y con eso me basta. Sé que estás a mi lado y que, si
pudieses, me abrazarías igual que yo te abrazaría a ti, y seriamos felices…y
somos felices.
-Yo
nunca… he tenido nadie a quien querer excepto a mi familia. Nadie que fuese
importante en mi vida. Y no me hacía falta, yo estaba bien así. No necesitaba
abrazar a nadie, ni hablar con nadie, ni acariciar la mejilla de nadie. No me
hacía falta coger de la mano a nadie porque para mí eso no tenía sentido. Ahora
entiendo porqué… nada tenía sentido hasta que tu apareciste en mi vida. Me
muero por cogerte fuerte de la mano y no soltarte nunca.-cuando dijo esto
levantó una de sus manos y la alargó a Julieta, quien a su vez levantó la suya.
No llegaron a tocarse, pero sus manos se quedaron muy juntas, casi palma con
palma. Tan cerca que podían sentir la calidez del otro.-Me gustaría abrazarte
tan fuerte que se nos cortase la respiración a los dos. Me gustaría poder alargar
la mano y secar tus lágrimas, y sentir el contacto con tu piel. Daría mi vida
con gusto si con eso consiguiese estar contigo de verdad.-cuando dijo eso, dejó
caer su mano y agachó la cabeza.
-Daría
mí… conciencia con gusto si supiese
que al hacerlo vendría a este lugar contigo…-le dijo Julieta.
Alex
movió la cabeza de un lado a otro, después la levantó.
-Te
prometo que despertaré.
-¿Cuándo?
-Cuando
encuentre la forma de besarte sin que desaparezcas. ¿Me tendrás paciencia?
-Esa
es una pregunta estúpida. Por supuesto que te tendré paciencia y vendré a
visitarte tanto tiempo como sea necesario para que lo logremos. No podría hacer
otra cosa.
-Entonces
prometido.-le sonrió.
¿Por
qué pasaba tan rápido el tiempo allí? Despertaría en cualquier momento, cuando
su madre entrase en la habitación a zarandearla. No se iría de allí sin
abrazarle.
Enroscó sus brazos fuertemente alrededor de su cuello y no tardó en notar las manos de Alex en su espalda, correspondiendo a su abrazo. Correspondiendo a su amor.
Después desapareció, y él se quedó abrazando a la nada.
Enroscó sus brazos fuertemente alrededor de su cuello y no tardó en notar las manos de Alex en su espalda, correspondiendo a su abrazo. Correspondiendo a su amor.
Después desapareció, y él se quedó abrazando a la nada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario