jueves, 1 de diciembre de 2011

Álex&Julieta 06


Alex no supo muy bien cómo reaccionar ante ese contacto. Solo supo que durante el instante en que los labios de Julieta rozaron su mejilla fue como si lo hubiesen conectado a la corriente y como si algo tirase de su cabeza hacia arriba, para sacarlo de este sueño sin fin en el que se había sumido.
Pero no despertó, aunque esta vez lo notase incluso más que la vez anterior, no despertó.
“Cuando más cerca estamos, más vivo me siento” pensaba a menudo en el tiempo en el que estaba sin ella. Y después venía otro pensamiento más: “¿Y si la abrazase? ¿Y si la… besase?”
Cada vez que estos últimos pensamientos visitaban su soledad sacudía la cabeza y se sonrojaba. Era ridículo. Nunca había sentido ganas… qué demonios ganas, él no sentía ganas, él sentía la necesidad de estar en contacto con ella… de poderla abrazar…
Normalmente, cuando Julieta desaparecía todo lo hacía con ella, y lo dejaba en aquella incómoda oscuridad. La echaba de menos, de una forma casi dolorosa, por eso siempre pasaba el tiempo que no estaba pensando en ella, y justo cuando hacía esto, todo se iluminaba como si ella estuviese allí de verdad.
No sabía cuánto tiempo pasaba entre visita y visita. Pero empezó a contar los días por ella. Cada visita era un día, maravilloso y perfecto, y si ella no venía, no importaba, no habría pasado el día aún. Y ese “día” le tenía una sorpresa preparada.

Julieta pasaba más tiempo soñando despierta incluso que el que pasaba dormida. Y tanto despierta como dormida solo había una persona allí. Alex.
Se pasaba el día pensando en él y en si tal vez la extrañaría tanto como ella a él. Si sentiría lo mismo cuando la veía. Luego volvía a esa realidad en la que Alex estaba en coma. Esa dolorosa realidad que a veces le parecía mucho más incierta que sus propios sueños.
No, Julieta ya no soñaba con príncipes azules, soñaba con Alex, que era mucho más que eso.
Sus amigas la miraban preocupas. Era extraño ver a Julieta callada diez minutos, y últimamente no hablaba absolutamente nada y cuando le preguntaban algo respondía con monosílabos y con desgana.
Julieta tenía su propia vida en el hospital, donde se pasaba las horas. Hablaba con las enfermeras y se hizo muy amiga de una de ellas, la que más se encargaba de Alex. Se llamaba Violeta y siempre se pasaba por la habitación para ver si podía ayudar en algo. También le contó que algunas noches, Alex parecía que se iba a despertar en cualquier momento, que movía la cabeza, o las manos.
Ella sonreía ante estas revelaciones.

Esa noche, Julieta se fue a dormir muy pronto. Y tan pronto cayó sobre la cama, se durmió.

Alex la esperaba, como siempre. Su vida ahora se basaba en los momentos en los que ella estaba con él. No había nada más importante que eso, en realidad, ya no había nada más que Julieta. Ni recuerdos, ni pensamientos, ni libros, ni familia. Solo Julieta. La única persona con la que podía relacionarse.
-¡Hola!-la saludó alegremente cuando apareció ante sus ojos y con ella, todo lo demás.
-¡Hola!-Julieta se acercó cuanto pudo a Alex, hasta que su sentido común le avisó de que era suficiente.- ¿Qué tal el día?
Había tomado esa costumbre, porque normalmente siempre hacía que Alex se riese.
-Eterno hasta ahora.-le contestó.- ¿Y el tuyo?
-Bueno, he hecho una visita a un amigo en el hospital, él no sabe qué voy a verlo, pero casi paso más tiempo ahí que en casa.-le dijo ella, con picardía. Alex sonrió aún más.
-Tu amigo tiene mucha suerte.-le dijo.
-En realidad soy yo quien se siente afortunada.
-Cierra los ojos.-le dijo de improviso Alex, y en lugar de hacerle caso se le agrandaron.- ¡Vamos!
-¿Porqué?
-¡Es una sorpresa! ¡Cierra los ojos! ¿No querrás que tenga yo que ir a cerrártelos y desaparezcas, verdad?
-¡Oh, no!-exclamó ella cerrándolos con mucha fuerza.
Alex la observó mucho rato, era tan… especial.
-Puedes abrirlos.-le dijo cuando creyó que era suficiente tiempo. Julieta los abrió, los abrió muchísimo al ver donde estaba y al saber que ella no lo había hecho. Sonrió mucho y a la vez casi salieron lágrimas en sus ojos.- ¿Estás llorando? ¿Por qué lloras?
-Porque… porque…bueno, aparte de porque soy una niña llorona…-sonrió un poco entre lágrima y lágrima.-También lloro porque este sitio es precioso… y… y…y… porque ¡me muero de ganas de abrazarte y no puedo hacerlo sin desaparecer de aquí!
Y entonces rompió a llorar con ganas, y sus lágrimas fueron las de Alex, y su dolor fue el suyo también.

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