Alex
no supo muy bien cómo reaccionar ante ese contacto. Solo supo que durante el
instante en que los labios de Julieta rozaron su mejilla fue como si lo
hubiesen conectado a la corriente y como si algo tirase de su cabeza hacia
arriba, para sacarlo de este sueño sin fin en el que se había sumido.
Pero
no despertó, aunque esta vez lo notase incluso más que la vez anterior, no
despertó.
“Cuando
más cerca estamos, más vivo me siento” pensaba a menudo en el tiempo en el que
estaba sin ella. Y después venía otro pensamiento más: “¿Y si la abrazase? ¿Y
si la… besase?”
Cada
vez que estos últimos pensamientos visitaban su soledad sacudía la cabeza y se
sonrojaba. Era ridículo. Nunca había sentido ganas… qué demonios ganas, él no
sentía ganas, él sentía la necesidad de estar en contacto con ella… de
poderla abrazar…
Normalmente,
cuando Julieta desaparecía todo lo hacía con ella, y lo dejaba en aquella
incómoda oscuridad. La echaba de menos, de una forma casi dolorosa, por eso
siempre pasaba el tiempo que no estaba pensando en ella, y justo cuando hacía
esto, todo se iluminaba como si ella estuviese allí de verdad.
No
sabía cuánto tiempo pasaba entre visita y visita. Pero empezó a contar los días
por ella. Cada visita era un día, maravilloso y perfecto, y si ella no venía,
no importaba, no habría pasado el día aún. Y ese “día” le tenía una sorpresa
preparada.
Julieta
pasaba más tiempo soñando despierta incluso que el que pasaba dormida. Y tanto
despierta como dormida solo había una persona allí. Alex.
Se
pasaba el día pensando en él y en si tal vez la extrañaría tanto como ella a
él. Si sentiría lo mismo cuando la veía. Luego volvía a esa realidad en la que
Alex estaba en coma. Esa dolorosa realidad que a veces le parecía mucho más incierta
que sus propios sueños.
No,
Julieta ya no soñaba con príncipes azules, soñaba con Alex, que era mucho más
que eso.
Sus
amigas la miraban preocupas. Era extraño ver a Julieta callada diez minutos, y
últimamente no hablaba absolutamente nada y cuando le preguntaban algo
respondía con monosílabos y con desgana.
Julieta
tenía su propia vida en el hospital, donde se pasaba las horas. Hablaba con las
enfermeras y se hizo muy amiga de una de ellas, la que más se encargaba de
Alex. Se llamaba Violeta y siempre se pasaba por la habitación para ver si
podía ayudar en algo. También le contó que algunas noches, Alex parecía que se
iba a despertar en cualquier momento, que movía la cabeza, o las manos.
Ella
sonreía ante estas revelaciones.
Esa
noche, Julieta se fue a dormir muy pronto. Y tan pronto cayó sobre la cama, se
durmió.
Alex
la esperaba, como siempre. Su vida ahora se basaba en los momentos en los que
ella estaba con él. No había nada más importante que eso, en realidad, ya no
había nada más que Julieta. Ni recuerdos, ni pensamientos, ni libros, ni
familia. Solo Julieta. La única persona con la que podía relacionarse.
-¡Hola!-la
saludó alegremente cuando apareció ante sus ojos y con ella, todo lo demás.
-¡Hola!-Julieta
se acercó cuanto pudo a Alex, hasta que su sentido común le avisó de que era
suficiente.- ¿Qué tal el día?
Había
tomado esa costumbre, porque normalmente siempre hacía que Alex se riese.
-Eterno
hasta ahora.-le contestó.- ¿Y el tuyo?
-Bueno,
he hecho una visita a un amigo en el hospital, él no sabe qué voy a verlo, pero
casi paso más tiempo ahí que en casa.-le dijo ella, con picardía. Alex sonrió
aún más.
-Tu
amigo tiene mucha suerte.-le dijo.
-En
realidad soy yo quien se siente afortunada.
-Cierra
los ojos.-le dijo de improviso Alex, y en lugar de hacerle caso se le
agrandaron.- ¡Vamos!
-¿Porqué?
-¡Es
una sorpresa! ¡Cierra los ojos! ¿No querrás que tenga yo que ir a cerrártelos y
desaparezcas, verdad?
-¡Oh,
no!-exclamó ella cerrándolos con mucha fuerza.
Alex la observó mucho rato, era tan… especial.
Alex la observó mucho rato, era tan… especial.
-Puedes
abrirlos.-le dijo cuando creyó que era suficiente tiempo. Julieta los abrió,
los abrió muchísimo al ver donde estaba y al saber que ella no lo había hecho.
Sonrió mucho y a la vez casi salieron lágrimas en sus ojos.- ¿Estás llorando?
¿Por qué lloras?
-Porque…
porque…bueno, aparte de porque soy una niña llorona…-sonrió un poco entre
lágrima y lágrima.-También lloro porque este sitio es precioso… y… y…y… porque
¡me muero de ganas de abrazarte y no puedo hacerlo sin desaparecer de aquí!
Y entonces rompió a llorar con ganas, y sus lágrimas fueron las de Alex, y su dolor fue el suyo también.
Y entonces rompió a llorar con ganas, y sus lágrimas fueron las de Alex, y su dolor fue el suyo también.

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