-Ahora
dime que no te llamas Romeo, si no me deberé enamorar perdidamente de ti.
El
chico rió.
-Me
llamo Alex.-le contestó. Julieta entrecerró los ojos, juraría que ese nombre le
recordaba algo.
-Pues
yo sí soy Julieta, un placer.-le ofreció su mano al chico, para ayudarlo a
levantar.
Fue
en ese momento, cuando sus manos se cogieron con fuerza por primera vez, cuando
una especie de descarga eléctrica recorrió sus cuerpos. Las farolas cercanas
titilaron, ellos se sorprendieron a la vez que un torrente de recuerdos los
inundaban, la respiración se les paró y el corazón tomó la velocidad del amor.
Recordaron
cada momento vivido, cada palabra, cada gesto, el dolor de no poderse tocar. El
dolor de quererse y no poderlo vivir. Recordaron el porqué y el cómo habían podido
despertar. Se recordaron.
-Julieta…
-Alex…
Julieta
saltó a los brazos de este, llorando de pura felicidad. Alex agarró tan fuerte
a Julieta que parecía que temía que fuese a desaparecer en cualquier momento.
-Julieta…
Julieta… mi Julieta…-repitió una y otra vez en su oído.-No sabes cuánto…-pensó
decir tiempo, pero en realidad, él no había llevado la cuenta del
tiempo.-cuantos sueños he esperado este momento.
-Pensaba
que tú no creías en los sueños.-le dijo Julieta separando su cabeza del pecho
de Alex.
-¿Cómo
no voy a creer? Tú eres mi sueño… y estás aquí… eres real.-la abrazó más
fuerte. Julieta sonrió y se acurrucó entre los brazos de Alex.
El
destino tiene su propia forma de poner a cada uno en su lugar, el destino juega
sus cartas en el orden que quiere porque sabe que al final siempre gana. El
destino es lioso y maleducado. Pero ese mismo destino era el que los había
reunido allí a los dos en ese momento, el que había vuelto a poner orden y
felicidad en sus vidas. Ese destino se había aliado con su amor, y les había
estado tendiendo un camino a recorrer para su propia felicidad. Los había
llevado hasta sus recuerdos, y sobre todo, los había llevado a estar juntos.
Ese lioso y maleducado Sr. Destino les había salvado, no la vida, si no el alma
y el corazón.
Alex
colocó sus manos en las mejillas de Julieta, esta sonrió por el contacto suave
y cálido, pero sobre todo, real. Cerró los ojos, dispuesta a disfrutar de lo
que vendría, ya era hora. Ambos se lo merecían.
Alex
acercó sus labios tierna y lentamente a los de Julieta, tratándola como si
siguiesen en ese sueño donde ella podía desaparecer.
Justo
en el momento en que sus labios se unieron, en ese mismo instante, todas las
farolas de varias calles a la redonda se apagaron sin motivo aparente.
FIN








