Julieta
pasó varias semanas recuperándose del accidente. Siempre había alguien con
ella, su madre no la dejaba después de haber pensado que la había perdido. Los
médicos le habían contado que su recuperación parecía un milagro, que ellos no
tenían esperanzas.
Violeta
pasaba mucho tiempo visitando a Julieta, porque se sentía culpable de su
estado. Le contó todo lo que en verdad pasó con Alex.
-Así
que lo que yo te quise decir es que a Alex lo habían trasladado a otro
hospital, pero no que había muerto.-le explicó.
-¿Alex?-preguntó
Julieta, completamente confundida.- ¿Quién es Alex?
-¿Cómo
qué quien es Alex? ¡Te has pasado meses en este hospital visitándolo!-le dijo,
muy sorprendida ante la falta de memoria.
-Yo
no conozco a ningún Alex, Violeta…
-Debe
de ser cosa del accidente, verás cómo lo recordarás todo…-le dijo Violeta
acariciando su frente.
-Pero
es que yo ya lo recuerdo todo. Me acuerdo de ti… y del accidente… no debí coger
el coche, si ni siquiera tengo carné… sigo siendo tan descerebrada como
siempre, que se le va a hacer.-Julieta movió la cabeza de un lado a otro.
Violeta la observó preocupada.
-Recordarás
a Alex… ya verás…-le dijo ella. Julieta la miró sin entender, pero después
asintió con la cabeza, todo fuese por complacer a Violeta, que se había portado
tan bien.
Cuando
su madre estuvo con ella de nuevo, le preguntó si ella conocía a algún Alex, y
su madre le respondió que hasta donde ella sabía, no había ningún “Alex”, pero
sí le dijo que el mismo día de su accidente, Violeta llamó un poco antes de que
la avisasen de lo ocurrido. Y le dijo que pensaba que Julieta se había
confundido, que lo había entendido todo mal y que hablase con ella antes de que
ocurriese alguna cosa.
-Ese
“Alex” debía de ser muy importante para ti… si no Violeta no se hubiese
molestado en llamar para solucionar el malentendido.-finalizó su relato su
madre. Pero Julieta, por mucho que lo intentó, por mucho que luchó contra su
mente y buscó en su corazón, no logró encontrar ningún rastro de ningún Alex…
Oh, oh, pobre Julieta, que olvida a aquel por el que casi dio su vida.
Alex
despertó de improviso un par de noches después de ser trasladado. Su padre, con
pocas esperanzas ya, aún continuaba durmiendo a su lado todas las noches que
podía.
Alex
abrió los ojos como si hubiese despertado de una pesadilla. Tenía la
respiración acelerada, y su corazón saltaba en su pecho. Fue tan de repente que
su padre despertó a su vez.
Se
sorprendió tanto de ver a Alex despierto… el corazón se le encogió y las
lágrimas afloraron en su rostro. Esa misma mañana los médicos le habían vuelto
a decir que no había esperanza. Y esa misma noche él había abierto los ojos.
“La
esperanza siempre existe” se dijo para sí a la vez que abrazaba con tanta
fuerza a su hijo que este se echó a reír apartándolo un poco.
-¿Qué
ha pasado?-le preguntó a su padre.
-Hijo,
entraste en coma después del accidente.-Alex recordaba perfectamente ese
accidente, recordaba el miedo y la necesidad de proteger a su hermana.
-¡Dalia!-dijo,
tratando de incorporarse en la cama, pero un montón de cables se lo impedían.
-Tu
hermana está bien, hijo.-le dijo él, poniendo una mano sobre su hombro.-Gracias
a Dios, ya todos estamos bien.
-¿Cuánto
tiempo…?
-Cinco
meses y dos días.-le contestó su padre.-Pero eso ya no importa, lo importante
es que estás bien… ¡he estado tan preocupado por ti!
Y
acto seguido volvió a abrazarlo con fuerza.
Un
par de días después, su padre estaba en su habitación junto con Dalia y esta
sacó el tema.
-¿No
va a venir Julieta a verte?-le preguntó su hermana, reposando su barbilla en el
antebrazo de su hermano.
-¿Julieta?
¿Quién es Julieta?-preguntó Alex.
-Tu
amiga.-contestó Dalia.
-Yo
no tengo ninguna amiga…-contestó, y rápidamente añadió-que se llame Julieta.-no
quería lastimar a su padre, que tantas ganas tenía de que su hijo tuviese
amigos.
-¿Cómo
que no?-le preguntó la chica, abriendo los ojos.
-Papá,
¿de qué habla Dalia?-le preguntó a su padre.
-Una
chica llamada Julieta ha estado visitándote los últimos 3 meses. Se pasaba
horas contigo, el tiempo que nosotros no estábamos. Te leía, o hablaba contigo
como si estuvieses despierto. Parecía que era amiga tuya…
Alex
negó con la cabeza.
-Yo
no recuerdo a ninguna Julieta.-contestó él, moviendo la cabeza de un lado a
otro.
-Pues
era una chica muy graciosa y simpática.-le dijo Dalia, que lo miraba
fijamente.-Siempre estaba riendo y me regalaba cosas. Me caía bien… espero que
vuelva a verte pronto…
Oh, oh, pobre Alex, que ya no recuerda a la persona por la cual estaba
dispuesto a dejarse morir.
Y
al igual que habían despertado milagrosamente, a la vez olvidaron quien era el
otro y cuanto se habían amado. Olvidaron todo aquello que tuvieron. Aquello que
los hizo inmensamente felices. Aquello que les había devuelto a la vida.
Oh, oh, pobres Julieta y Alex, que ya no se recuerdan, que sienten el
corazón vacío y ni siquiera saben por qué.

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