jueves, 1 de diciembre de 2011

Álex&Julieta 03


Álex frunció el ceño y le dirigió una mirada de profundo enfado a la criatura. Ella permaneció impasible mientras seguía girando sobre sí.
-¿Cómo que yo te he arrastrado hasta aquí?
-Pues claro que me has arrastrado hasta aquí. Desde hace semanas, cada vez que me duermo acabo en este sitio deprimente.-le dijo ella, adoptando la misma expresión de él.
-Genial, encima te he inventado hasta una vida fuera de aquí.
-¡Oye! ¡Que yo tengo una vida fuera de aquí! Que pertenezca a tu imaginación no significa que no sea real.-le dijo ella, quien parecía indignada. Alex la volvió a mirar.
-Demos por supuesto que yo te “arrastro” aquí como has dicho, en ese caso, ¿por qué no te largas y todos contentos?
-¡Largarme! ¡Oh, vaya, no se me había ocurrido!-le dijo ella con ironía.-Técnicamente estoy soñando, y no sé tú, pero yo no puedo controlar los sueños.
-Nunca he soñado, así que no sé de qué me hablas.-contestó él, cruzándose de brazos.
-¿Te estás quedando conmigo, verdad?-él negó con la cabeza.- ¡Flipa! ¿Pero como no vas a haber soñado nunca? No, no, intentas quedarte conmigo.
-Te estoy diciendo que no me estoy quedando con nadie. Yo no he soñado nada nunca.
-¿Y esto que es entonces, si no es un sueño tuyo?
-Yo no sueño, y menos ahora.
-¿Porqué?
-Estoy en coma.
-¡Flipa por dos!-exclamó la chica, que se iba sorprendiendo a cada nueva palabra de él.-Tienes que estar de broma, si estuvieses en coma, ¿cómo habría yo llegado hasta aquí? No, no, me estás mintiendo, y no sé porqué, porque yo no te he hecho nada y ni siquiera me conoces como para gastarme br…
-¿No te callas nunca?-le preguntó Alex.
-Claro que me callo, si no ¿cómo iba a respirar? Mamá siempre me dice que hablo demasiado, lo sé, pero no puedo evitarlo, me gusta hablar. Pero no creas, también me gusta escuchar. Así que si necesitas un oído a tu disposición yo tengo dos. Claro, primero deberías de dejar de intentar quedarte conmigo y también dejar de mirarme así, me empiezas a poner de los nervios.
Alex recordó cuanto echaba de menos la compañía y se arrepintió enseguida de haberlo intentado solucionar con la creación de esa criatura que no sabía callar.
-No tengo nada de lo que hablar, gracias, puedes irte.
-Me iré, tranquilo…-empezó a decir ella.
-¡Eso si es verdaderamente una buena noticia!
-cuando me despierte.-terminó ella la frase.
-¿Cómo te llamas?-le preguntó de repente, intentando pillar desprevenido a su subconsciente, y así la chica debería de parar a pensárselo y él sabría que era producto de su imaginación.
-Me llamo Julieta, aunque mis amigos me llaman Ju muchas veces, a mi no me gusta en absoluto, Julieta es un nombre la mar de bonito como para que vengan a cambiármelo, ¿no crees?
-Sí, muy bonito.-le contestó él de mala gana al no haber funcionado su plan.
-¿Y tú?
-Me llamo Alejandro.
-¡Oh, encantada Alex!
-Ah, a ti no te gusta que te llamen con un diminutivo y conmigo lo utilizas como si me conocieses.
-Vale, pues “encantada Alejandro” que soso eres, no me extraña que esto esté tan oscuro y vacío.
-Alex estaba bien.-le dijo.
-Ay, chico, entonces no te quejes. Oye, ¿tienes algún problema con los colores o algo? ¿Alguna fobia extraña?
-No.
-¿Y entonces porqué todo tan negro?-le preguntó ella. Alex puso los ojos en blanco y movió la cabeza. De pronto todo cambió de color, y parecía que estaban en una estancia colorida y llena de flores.
-Yo no he hecho esto.-dijo Alex boquiabierto al no reconocer allí ningún lugar visitado.
-Lo he hecho yo, ¿te gusta?-le preguntó la chica sonriendo.
Alex abrió mucho los ojos. ¿Lo había hecho ella? ¿Cómo había sido capaz de hacer nada en lo que era “su imaginación”? ¿Quién era esa chica y cómo había llegado hasta allí?
Y lo más importante: ¿Por qué le resultaba tan… necesaria? ¿Por qué se encontraba a gusto a su lado incluso cuando lo ponía de los nervios de tanto hablar?
-¿Qué? ¿Te gusta o no? De pequeña vivía en un sitio como este. Todo era precioso.
-Está muy…-por un momento pensó en decir “bien” y ser educado, pero la educación pasó rápido.-raro.
-Gracias.-dijo la chica sin perder la sonrisa, y por un segundo Alex se perdió en ella.-Ven, te lo voy a enseñar.
La chica se acercó y lo tomó de la mano. Tan pronto lo hubo hecho lo soltó corriendo. Alex también lo notó. Fue como una especie de sacudida eléctrica. Mucho más que un simple calambre, como una descarga de mucha potencia con la que ambos se echaron atrás. Pero la chica no solo se echó hacia atrás si no que… desapareció.

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