Julieta
siempre ha sido una chica charlatana y extrovertida. Siempre consigue sacar una
sonrisa a la persona con la que esté hablando. Es de las que dicen lo que
piensan pese a quien le pese, pero siempre con el suficiente tacto para no
dañar a nadie. No suele estar triste nunca. Es educada, una buena hija, una
buena hermana, una buena amiga. El perfecto ejemplo a seguir.
Cuando
conoce a una persona que le parece interesante, habla mucho, demasiado tal vez,
pero es que en estas ocasiones tiene tanto que quiere saber que no puede
callarse.
En
la escuela siempre está rodeada de gente, se podría decir que es una chica
popular y todo el mundo la conoce y la quiere. Siempre está con sus amigas,
charlando sobre sus intereses comunes: los chicos.
En
realidad a ella no le interesa mucho este tema, puesto que no le gusta nadie de
su instituto, a sus amigas por el contrario, sí.
Pablo,
el chico más guapo, simpático y agradable de todo el instituto. El chico por el
que todas las chicas suspiran cada vez que pasa. El chico que ha pedido a
Julieta que salga con él mil veces y ella ha rechazado mil y una. El chico
perfecto para todas menos para ella.
Julieta
reconoce que es guapo, negarlo sería mentir. Pero no es su clase de chico,
cuando está cerca no siente el corazón desbocado, ni ganas de entablar
conversación. Tampoco siente ganas de alojar una sonrisa de forma permanente en
su cara. Ni de pasar el máximo tiempo posible con él. Cuando está a su lado no
siente absolutamente nada. Aunque eso no ha sido nunca un impedimento para que
él siga persistiendo y sus amigas sigan preguntándose porque ella no lo acepta.
En
casa Julieta es aún más agradable de lo que es fuera. Vive con su madre y con
su hermano. Se podría decir que su hermano es su vida, le encanta estar con él,
es tan pequeño… su madre pasa poco tiempo en casa, siempre está trabajando y
ella siempre está con Joaquín y con Lilia, su niñera desde que ella misma era
pequeña.
Julieta
sí que tienes sueños. Sueños imposibles, como ella misma los llama, pero en los
que sigue teniendo fe.
Hace
dos años y medio que su padre los abandonó a todos y fue en ese momento, cuando
vio a su madre llorando por los rincones cada vez que estaba sola, cuando tomó
la decisión de que nunca se enamoraría, y si lo llegara a hacer, sería de alguien
que verdaderamente mereciera la pena, alguien de verdad, alguien que siempre
fuese a estar ahí. Se enamoraría de un príncipe azul.
Por
eso eran sueños imposibles para ella, porque ella no creía en la existencia de
príncipes azules, ni siquiera confiaba en la existencia de príncipes a secas.
Por eso nunca se enamoraría, se había pedido tanto a si misma para poderlo
hacer que se había creado su propio escudo contra el amor.
Hacía
más o menos dos meses de aquello. De aquel primer sueño, desde entonces todas
las noches soñaba con él.
Al
principio ella siempre era una espectadora cualquiera, alguien entre la gente
que observaba al protagonista pero poco a poco, ese protagonista empezó a
llamar su atención.
Tardó
apenas cuatro días en lograr verle la cara a ese chico, cuatro días para
descubrir que tenía los ojos más bonitos que jamás hubiese visto, para sonreír
cuando sonreía. Cuatro días solo.
Hay
quien confía más en las casualidades que en el destino. Julieta no era de
estas, ella nunca creyó en casualidades, por eso mismo, lo acontecido al día
siguiente del primer sueño donde le pudo al fin ver claramente, la dejó
perpleja y casi sin aliento.
Su
madre recibió la llamada de que a su tía la habían ingresado, no era nada
grave, un simple y desafortunado accidente laboral. Iban a ir a hacerle una
visita esa mañana.
Julieta
llegó junto con su familia al hospital y estuvieron mucho rato bromeando con su
tía, hasta que le entró hambre y le dijo a su madre que iba a buscar algo de
comer. Y así pensaba hacerlo hasta que algo se lo impidió.
Andando
por ese mismo pasillo, encontró una puerta entreabierta, solo lo justo para ver
la cara del ocupante. La cara del chico. Su adorable rostro.
Desde
ese justo instante, Julieta visitó día sí y día también el hospital, lo visitó
a él todas y cada una de sus tardes. Todos y cada uno de sus días hasta que
incluso las enfermeras sabían su nombre y la saludaban al llegar.
Julieta
nunca ha creído en casualidades ni en príncipes.
Julieta
siempre ha creído en el destino y en su propio Romeo.

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