jueves, 1 de diciembre de 2011

Álex&Julieta 08


Julieta pasó mucho tiempo así, entre visitas y sueños, entre dolor y felicidad.
Era un día de lluvia y rayos el día que se desató la tragedia.
Era por la tarde, Julieta había llegado al hospital y estaba empapada, el paraguas no había hecho muy bien su función de guarecerla de la lluvia.
Pasó por el sitio donde estaba Violeta y la saludó, siguiendo su camino hasta la habitación de Alex.
A Violeta se le desencajó el rostro al verla y salió corriendo tras ella, pero no llegó a tiempo de evitar que entrase en la habitación.
-¡Julieta!-le gritó al llegar a su lado y encontrarla mirando con ojos muy abiertos la cama vacía donde debería de estar Alex.
-¿Dónde está?-un nudo se instaló en su corazón y en su garganta. Le dolía la cabeza, le dolía el alma.- ¡¿Dónde está?!
-Julieta, intentamos que no ocurriese, pero no pudimos hacer nada. Lo siento, Julieta.-Violeta colocó una mano sobre el hombro de la chica, con intención de consolarla. Pero poco podía hacer ella, Julieta sacudió su mano y salió corriendo de allí, dejando el paraguas en el hospital, dejando su propia vida en el hospital. Corrió y corrió y de pronto se encontró en su casa. No había nadie, su madre había salido con su hermano al parque. Una sola idea, una sola locura se le pasó por la cabeza al tiempo que entraba y cogía las llaves del coche.
Julieta no tenía carné, ni siquiera tenía la edad para conducir, pero sabía manejar un coche, su padre la había enseñado antes de irse. Arrancó y activó el limpiaparabrisas, la lluvia caía sin cesar sobre el cristal y apenas podía ver nada. Había niebla allá donde mirase, su mirada estaba empapada en lágrimas. No veía apenas por donde iba. Su instinto de supervivencia le decía que parase, que se hiciese a un lado de la carretera y llamase a su madre, para decirle que estaba bien, que fuese a por ella, que la rescatase como cuando era pequeña y alguien se metía con ella.
Su corazón y su alma, por el contrario, le decían que acelerase, que fuese tan rápido que le plantase cara al mismo viento. Que volase.
Julieta siempre ha sido más de acción. Julieta siempre ha sido más de corazón.
Entre la niebla ve unos faros de otro coche, que viene justo hacia ella. Cuando se da cuenta, no está en el carril que le correspondería, si no en el contrario, en aquel donde el coche se chocaría con ella.
Julieta no se preocupó de nada y solo una persona cruzó por su mente. Solo una persona con la que se podría reunir después de ese accidente. Lo único que importaba ya
Su mente, confusa y en estado de shock, solo repetía una y otra vez su nombre. Hasta que se quedó grabado a fuego en su corazón.
En un último momento pensó en cuanto le dolería su pérdida a su madre, y también pensó en Joaquín, y en que lloraría mucho. Por un segundo dio un pequeño volantazo, el que le hubiese salvado. Después su corazón empezó a arder de nuevo recordándole el rostro de Alex, su voz, su sonrisa, recordándole que si él ya no estaba, nada tendría sentido. Ni siquiera su familia. Nada ni nadie. “Lo superarán” se dijo “se tendrán el uno al otro, pero yo no puedo seguir aquí sin él, yo no lo superaré.”
En apenas un instante, todo terminaría. Cerró los ojos con tanta fuerza que le dolieron. Apretó las manos al volante clavándose las uñas en su propia carne. Se preparó para el inminente fin.

La madre de Julieta junto con Joaquín ya había vuelto a casa cuando el teléfono empezó a sonar.
-¿Diga?-preguntó al coger el auricular.
-¿Está Julieta ahí?
-No, no está, ¿de parte de quien?
-Soy Violeta, la enfermera del hospital. ¿Es usted su madre?
-Sí, ¿puedo ayudarla en algo?
-Verá, hace un rato su hija ha salido de aquí corriendo, creo que yo he tenido la culpa de eso. Creo que me entendió mal, creo que pensó que su amigo había muerto. Dígale por favor que su amigo está bien, solo lo han cambiado de hospital.
-Disculpe, pero…
-Dígaselo, por favor.-y colgó.
La madre de Julieta se preocupó y se asomó al garaje, donde no encontró el coche. En el mismo momento de esto, el teléfono volvió a sonar. Corrió hasta el, al tiempo que la cruda realidad se desplomaba sobre ella y la voz del médico al otro lado de la línea confirmaba sus sospechas. Julieta…

Julieta abrió los ojos y se encontró cara a cara con Alex. Este tenía una expresión horrorizada. La miraba de arriba abajo, temblaba, tenía la respiración acelerada y lágrimas en los ojos.
-Julieta… ¿qué has hecho?
-Alex…-Julieta alzó la mano en busca de su contacto, pero se quedó allí, suspendida en el aire atravesando el pecho de Alex, de pronto se dio cuenta de cuan pálida estaba, y de la translucidez de su piel. De pronto se dio cuenta que Alex y ella ya no pertenecía al mismo mundo.

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