Hacía
ya más de 10 minutos que estaban andando, y aún ninguno de los dos había dicho
nada. Él ahora caminaba un poco más al lado de ella, y ella había detenido un
poco su paso para quedarse rezagada y de vez en cuando lo miraba. Él caminaba
con la vista fija en el suelo.
-¿Y
bien?-le preguntó ella, cuando ya no pudo aguantar más. Él frunció el ceño y
tragó saliva. Aunque no contestó a su pregunta. Ella se detuvo y lo miró, se
cruzó de brazos, pero eso tampoco ayudó a que él hablase, sólo a que se
detuviese un par de metros más allá.- Mira, si esto es todo lo que tienes que
decirme, será mejor que me vaya a casa.
-No…-le
dijo él, mirándola por primera vez.
-Pues
dime qué quieres, no pienso dar un paso más sin saberlo.-contestó ella.
-Verás…
yo… quería preguntarte algo.
-Dispara.
-Bueno…
ya sé… que yo… te gustaba.-los ojos de la chica se abrieron un poco a la vez que
sus mejillas se enrojecían. Después agachó la cabeza.
-Puede
ser.-dijo ella, sin terminar de admitírselo.
-Y
quería preguntarte algo relacionado con eso.
-Pues
pregunta.-dijo ella, encogiéndose de hombros y pensando en qué podría querer
preguntarle justo ahora.
-Quería
saber… ¿qué viste en mi?-el chico parecía contrariado, la chica abrió los ojos
y se olvidó de la vergüenza, para pasar a la sorpresa.
-¿Que
qué vi en ti?-repitió ella. Él asintió y agachó la cabeza en el momento en que
ella lo miraba.- Pues…-no sabía que decir, en cierto modo nunca se había
planteado ese asunto.-no sé.
-¿No
sabes porque te gustaba?-le preguntó él, volviendo a mirarla con la boca
abierta.
-Bueno,
sabía que me gustabas, supongo que te veía diferente.
-¿Me
veías raro?
-He
dicho diferente. Me parecía que eras un chico que valía la pena, supongo.
-¿Supones?
¿Cómo puedes “suponer”? ¡Eso deberías saberlo con seguridad!-su voz sonaba un
poco más alta de lo que debería, pero por suerte no había nadie más que ellos
por allí.
-¡Si
me lo hubieses preguntado cuando te enteraste y no un año después tal vez
podría haberte dado una respuesta que te sirviese!-le contestó ella, usando el mismo
tono de voz que él.-Sabía que no era buena idea venir…
Se
giró para irse, pero una mano en su antebrazo la detuvo.
-Espera.
-Suéltame.-con
un movimiento rápido se deshizo de él, pero no se fue. Hiciese lo que hiciese,
seguía siendo él.
-Lo
siento.-dijo él, separándose un poco.-Pero quería saber por qué.
-¿Para
qué?
-Porque
en 18 años creo que tú has sido la única persona que se ha fijado en mi… y
quería saber porqué.
-Bueno,
puedes pensar que soy rarita si con eso te sientes mejor.-le contestó ella, él
sonrió.- Pero no tengo otra respuesta. No sé porque me gustas...bas, no sé
porque me gustabas. Creo que el verte todos los días… me hizo pensar que debajo
de toda esa imagen de…-pensó en decir idiota, pero no hubiese sido educado,
aunque no hizo falta.
-De
gilipollas, puedes decirlo, es lo que soy y he sido toda mi vida.
-Bueno…
yo solo pensaba en decirte idiota, pero como quieras.-él sonrió.-pensé que
debajo de esa imagen había alguien especial, alguien que merecía la pena más
allá de muchas personas.
-¿Y
porque nunca me lo dijiste?
-No
es fácil decirle eso a alguien que parece que solo piensa en jugar o en beber.
Y mucho menos si esa persona la mayoría de las veces solo sabe reírse de lo que
digo y agachar la cabeza.-le dijo ella, después sonrió.
-Una
lástima que entonces fuese tan idiota.
-Una
gran lástima, desde luego. Pero bueno, eso es agua pasada.
-Agua
pasada, sí… por supuesto.
-Cómo
iba a seguir enamorada de ti. Eso sería ridículo.
-Completamente.
-Demostraría
que maduro muy poco con el paso del tiempo.
-Casi
nada.
-Si
hubiese sido hace un año, pues sí, pero ya, pues no.
-Por
supuesto.
-Y
creo que esto ya ha llegado a su límite. Me voy a ir.-dijo ella, cuando la
situación se volvió del todo incómoda.
-Soy
demasiado idiota como para que pueda seguir gustándote, ¿no es eso?-dijo él,
metiéndose las manos en los bolsillos y dándole patadas a una solitaria piedra.
-No…
no es exactamente eso… es solo que… no creo que tú y yo tengamos demasiadas
cosas en común. No te veo yo a ti muy de… leer o… de hablar.
-¿Me
estás llamando idiota?
-No.
-Yo
leo libros.
-Las
revistas y los cómics no se consideran libros.-le dijo ella. Se estaba
comportando de una forma un tanto… gilipollas, pero necesitaba demostrarse a sí
misma que él ya no le importaba.
-Puedo
leer cualquier libro.
-No
lo dudo, pero no creo que esa sea tu pasión en la vida.
-Pero
podría hacerlo.
-Pero
no lo harás y eso es justamente lo que hace que tú y yo no tengamos cosas en
común.- dicho esto se encaminó hacia su casa, pensando en lo idiota que había
sido y en la manera tan estúpida en la que gracias a ella se habían torcido las
cosas.
-¡Al
menos yo sé porqué me gusta una persona cuando me gusta!-le gritó él.
-¡Al
menos yo tengo la suerte de que tú ya no me gustas y no tengo porqué decirte
nada, idiota!-y salió corriendo.

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