domingo, 1 de enero de 2012

Ella&Él 02


Hacía ya más de 10 minutos que estaban andando, y aún ninguno de los dos había dicho nada. Él ahora caminaba un poco más al lado de ella, y ella había detenido un poco su paso para quedarse rezagada y de vez en cuando lo miraba. Él caminaba con la vista fija en el suelo.
-¿Y bien?-le preguntó ella, cuando ya no pudo aguantar más. Él frunció el ceño y tragó saliva. Aunque no contestó a su pregunta. Ella se detuvo y lo miró, se cruzó de brazos, pero eso tampoco ayudó a que él hablase, sólo a que se detuviese un par de metros más allá.- Mira, si esto es todo lo que tienes que decirme, será mejor que me vaya a casa.
-No…-le dijo él, mirándola por primera vez.
-Pues dime qué quieres, no pienso dar un paso más sin saberlo.-contestó ella.
-Verás… yo… quería preguntarte algo.
-Dispara.
-Bueno… ya sé… que yo… te gustaba.-los ojos de la chica se abrieron un poco a la vez que sus mejillas se enrojecían. Después agachó la cabeza.
-Puede ser.-dijo ella, sin terminar de admitírselo.
-Y quería preguntarte algo relacionado con eso.
-Pues pregunta.-dijo ella, encogiéndose de hombros y pensando en qué podría querer preguntarle justo ahora.
-Quería saber… ¿qué viste en mi?-el chico parecía contrariado, la chica abrió los ojos y se olvidó de la vergüenza, para pasar a la sorpresa.
-¿Que qué vi en ti?-repitió ella. Él asintió y agachó la cabeza en el momento en que ella lo miraba.- Pues…-no sabía que decir, en cierto modo nunca se había planteado ese asunto.-no sé.
-¿No sabes porque te gustaba?-le preguntó él, volviendo a mirarla con la boca abierta.
-Bueno, sabía que me gustabas, supongo que te veía diferente.
-¿Me veías raro?
-He dicho diferente. Me parecía que eras un chico que valía la pena, supongo.
-¿Supones? ¿Cómo puedes “suponer”? ¡Eso deberías saberlo con seguridad!-su voz sonaba un poco más alta de lo que debería, pero por suerte no había nadie más que ellos por allí.
-¡Si me lo hubieses preguntado cuando te enteraste y no un año después tal vez podría haberte dado una respuesta que te sirviese!-le contestó ella, usando el mismo tono de voz que él.-Sabía que no era buena idea venir…
Se giró para irse, pero una mano en su antebrazo la detuvo.
-Espera.
-Suéltame.-con un movimiento rápido se deshizo de él, pero no se fue. Hiciese lo que hiciese, seguía siendo él.
-Lo siento.-dijo él, separándose un poco.-Pero quería saber por qué.
-¿Para qué?
-Porque en 18 años creo que tú has sido la única persona que se ha fijado en mi… y quería saber porqué.
-Bueno, puedes pensar que soy rarita si con eso te sientes mejor.-le contestó ella, él sonrió.- Pero no tengo otra respuesta. No sé porque me gustas...bas, no sé porque me gustabas. Creo que el verte todos los días… me hizo pensar que debajo de toda esa imagen de…-pensó en decir idiota, pero no hubiese sido educado, aunque no hizo falta.
-De gilipollas, puedes decirlo, es lo que soy y he sido toda mi vida.
-Bueno… yo solo pensaba en decirte idiota, pero como quieras.-él sonrió.-pensé que debajo de esa imagen había alguien especial, alguien que merecía la pena más allá de muchas personas.
-¿Y porque nunca me lo dijiste?
-No es fácil decirle eso a alguien que parece que solo piensa en jugar o en beber. Y mucho menos si esa persona la mayoría de las veces solo sabe reírse de lo que digo y agachar la cabeza.-le dijo ella, después sonrió.
-Una lástima que entonces fuese tan idiota.
-Una gran lástima, desde luego. Pero bueno, eso es agua pasada.
-Agua pasada, sí… por supuesto.
-Cómo iba a seguir enamorada de ti. Eso sería ridículo.
-Completamente.
-Demostraría que maduro muy poco con el paso del tiempo.
-Casi nada.
-Si hubiese sido hace un año, pues sí, pero ya, pues no.
-Por supuesto.
-Y creo que esto ya ha llegado a su límite. Me voy a ir.-dijo ella, cuando la situación se volvió del todo incómoda.
-Soy demasiado idiota como para que pueda seguir gustándote, ¿no es eso?-dijo él, metiéndose las manos en los bolsillos y dándole patadas a una solitaria piedra.
-No… no es exactamente eso… es solo que… no creo que tú y yo tengamos demasiadas cosas en común. No te veo yo a ti muy de… leer o… de hablar.
-¿Me estás llamando idiota?
-No.
-Yo leo libros.
-Las revistas y los cómics no se consideran libros.-le dijo ella. Se estaba comportando de una forma un tanto… gilipollas, pero necesitaba demostrarse a sí misma que él ya no le importaba.
-Puedo leer cualquier libro.
-No lo dudo, pero no creo que esa sea tu pasión en la vida.
-Pero podría hacerlo.
-Pero no lo harás y eso es justamente lo que hace que tú y yo no tengamos cosas en común.- dicho esto se encaminó hacia su casa, pensando en lo idiota que había sido y en la manera tan estúpida en la que gracias a ella se habían torcido las cosas.
-¡Al menos yo sé porqué me gusta una persona cuando me gusta!-le gritó él.
-¡Al menos yo tengo la suerte de que tú ya no me gustas y no tengo porqué decirte nada, idiota!-y salió corriendo.

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