Creo
que lo estoy llevando bastante bien.
Lo
sigo echando de menos, claro, pero normalmente me mantengo tan ocupada que no
pienso en apenas en él. Siempre estoy haciendo algo, mi madre dice que me nota
un tanto hiperactiva, pero es la única solución que he encontrado para que no
me duela.
Y
aún así lo hace.
El
dolor es bueno, me recuerda que todo lo que pasó ocurrió de verdad, que él
existes y que donde quiera que esté tal vez, de vez en cuando, se acuerde de
mí. Yo intento no acordarme de él así que últimamente hago cosas que nunca
antes había hecho. Como cuidar de mi hermano pequeño voluntariamente, llevarlo
a donde quiere cuando quiere, sin necesidad de enfados. Cuidarlo es una forma
de no pensar en él, sí, una buena forma.
Hoy
se le ha antojado ir a casa de Pablito, su amigo nuevo del cole. Así que he
aceptado, como siempre que me pide algo. Salimos de casa y el sol se clavó en
mi piel, cálido, burlón, igual que todos los días de todo este tiempo. ¿Cómo no
puede la gente preguntarse porque no vuelve la lluvia? Yo me lo pregunto, pero
la gente simplemente dice que no le gusta. Que estupidez, al menos hay gente
más idiota que yo por ahí.
Intento
no pensar mucho en el sol, porque me recuerda a él. Es como otra seguridad de
que existió, de que la lluvia no vendrá, de que nunca más lo veré. El sol me
duele muchísimo. Mantengo las persianas de mi habitación echadas siempre,
cuanto menos luz, mejor. Pero no puedo evitar ser consciente de su presencia
cuando salgo a la calle.
Íbamos
de camino a casa de Pablito cuando mi hermano salió corriendo parque adentro,
gritando algo como “he quedado aquí con él”. Lo seguí, con paso lento y
cansado. El sol me agotaba, estar en ese sitio me agotaba más aún. Caminé con
la vista clavada en el suelo, evitando mirar a sitios que me lo puedan
recordar.
Mi
hermano ya estaba al lado de su amigo, riendo como si los problemas no
existieran. Los miré con envidia. Jugar, todo lo que ellos tenían que hacer era
eso.
Tardé
en darme cuenta que al lado de Pablito había alguien, que mantenía sus ojos
fijos en los míos, que no lo miraban. Levanté la vista a tiempo de encontrarme
con él, como si nada hubiese pasado, en el mismo sitio, a la misma hora, con el
mismo sol.

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