Hoy
también brillaba el sol.
Incluso
más que ayer. Está bien, me gusta la lluvia, pero como cualquier persona
normal, también me gusta cuando el sol sale después de muchos días sin verlo.
Ahora
bien… ¿qué estaba haciendo yo allí? Que ridícula era. Me escondí detrás de unos
arbustos, mirando el sitio donde me había parado el día anterior. En realidad
no sabía que hacía allí cuando me había prometido que no iría.
Y
ahí estaba yo, oculta detrás de unos arbustos esperando que el loco del día
anterior apareciese, sabiendo que no lo haría y aún así deseándolo. Suspiré.
Idiota. Oí algo detrás de mi, y después alguien carraspeó. Me giré y me lo
encontré allí, sonriente.
-Hola.-su
sonrisa se ensanchó.
-Hola.-contesté
simplemente, mirando hacia otro lado. ¿Qué había hecho para que se diese cuenta
de dónde estaba?
-¿Qué
haces aquí?-su sonrisa desapareció y arqueó las cejas.
-Nada,
yo ya me iba.-sí, porque era idiota y ahora tocaba huir. Me adelanté teniendo
en cuenta que debería de pasar por su lado. Aceleré el paso cuando estaba cerca
de él para pasar más rápido. Él me cogió del brazo.
-Y
si te vas ya… ¿por qué has venido?
-Pues…
no lo sé, la verdad.
-Te
lo voy a decir yo.-me soltó.-Has venido porque una parte de ti sabía que no
mentía.
-Eso
es ridículo.-le dije mirándolo fijamente.- ¿Cómo iba a creer semejante idiotez?
-Oye,
no es ninguna idiotez. Simplemente, es la vida. Hay que creer en los sueños, si
no jamás se cumplirían.
-Y
creo en mis sueños pero no tengo porqué creer en los tuyos.
-¿Y
si el sueño es de ambos?
-No
es de ambos. Fuiste tú quien te acercaste a mi, quien dijiste que ya me conocías,
quien había soñado conmigo.
-Y
tú fuiste quien terminó una de las frases que me dijiste en el sueño, ¿cómo
explicas eso?
-Hay
cosas que simplemente no se pueden explicar. Supongo que… casualidad.
-¿Y
no podría ser, precisamente, una casualidad el hecho de que yo haya soñado
contigo y te haya encontrado? La mejor de las casualidades.
Sonreí
y agaché la cabeza, moviéndola de un lado a otro.
-Los
chicos como tú no existen.-levanté los ojos y los clavé en los suyos, donde
había una muda nota de confusión.-No me mires así.
-Es
que no te entiendo.
-Ni
yo a ti.-volví a suspirar. Y tragué saliva, tratando de encontrar las palabras
para expresar lo que pensaba.-Me refiero a que los chicos que creen en sueños
no existen. Los chicos sois más de… cosas simples.
Y
de pronto, en contra de todo lo que yo pensaba que haría, se echó a reír con
ganas. Yo lo miré extrañada.
-Sí,
bueno, los chicos somos más simples, pero eso ya está comprobado. Pero que
seamos más simples no significa que no nos puedan llamar la atención cosas
interesantes.-después se encogió de hombros.-O puede que yo sea rarito.
-O
un mentiroso.
-Oh.-puso
cara de que le hubiesen pegado una puñalada y se llevó la mano al pecho.-Eso me
ha dolido.
Puse
una mala mueca. Y él volvió a relajarse y sonrió.
-No
tengo porqué confiar en ti.
-Y
aunque quería que confiases, sabía que no lo harías.-sonrió y se encogió de
hombros.-Aunque me halaga que creas que miento tan bien. Te diré algo, no lo
hago. Si estuviese mintiendo me habrías pillado hace mucho.
-¿Puedo
irme?
-Claro
que puedes.-se apartó.-La pregunta es… ¿quieres irte?
-Sí
que quiero.-pasé por su lado y anduve un par de pasos. No sé que fue lo que me
llevó exactamente a girarme y a decirle aquello, pero lo hice. Al girarme lo
encontré mirando al suelo triste. Que estupidez, se me encogió el corazón al
verlo así, lo conocía de hacía tan solo un día.
-Oye…
te veo mañana.- y por primera vez le sonreí.

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