viernes, 6 de abril de 2012

Días de lluvia y sequía 02


Hoy también brillaba el sol.
Incluso más que ayer. Está bien, me gusta la lluvia, pero como cualquier persona normal, también me gusta cuando el sol sale después de muchos días sin verlo.
Ahora bien… ¿qué estaba haciendo yo allí? Que ridícula era. Me escondí detrás de unos arbustos, mirando el sitio donde me había parado el día anterior. En realidad no sabía que hacía allí cuando me había prometido que no iría.
Y ahí estaba yo, oculta detrás de unos arbustos esperando que el loco del día anterior apareciese, sabiendo que no lo haría y aún así deseándolo. Suspiré. Idiota. Oí algo detrás de mi, y después alguien carraspeó. Me giré y me lo encontré allí, sonriente.
-Hola.-su sonrisa se ensanchó.
-Hola.-contesté simplemente, mirando hacia otro lado. ¿Qué había hecho para que se diese cuenta de dónde estaba?
-¿Qué haces aquí?-su sonrisa desapareció y arqueó las cejas.
-Nada, yo ya me iba.-sí, porque era idiota y ahora tocaba huir. Me adelanté teniendo en cuenta que debería de pasar por su lado. Aceleré el paso cuando estaba cerca de él para pasar más rápido. Él me cogió del brazo.
-Y si te vas ya… ¿por qué has venido?
-Pues… no lo sé, la verdad.
-Te lo voy a decir yo.-me soltó.-Has venido porque una parte de ti sabía que no mentía.
-Eso es ridículo.-le dije mirándolo fijamente.- ¿Cómo iba a creer semejante idiotez?
-Oye, no es ninguna idiotez. Simplemente, es la vida. Hay que creer en los sueños, si no jamás se cumplirían.
-Y creo en mis sueños pero no tengo porqué creer en los tuyos.
-¿Y si el sueño es de ambos?
-No es de ambos. Fuiste tú quien te acercaste a mi, quien dijiste que ya me conocías, quien había soñado conmigo.
-Y tú fuiste quien terminó una de las frases que me dijiste en el sueño, ¿cómo explicas eso?
-Hay cosas que simplemente no se pueden explicar. Supongo que… casualidad.
-¿Y no podría ser, precisamente, una casualidad el hecho de que yo haya soñado contigo y te haya encontrado? La mejor de las casualidades.
Sonreí y agaché la cabeza, moviéndola de un lado a otro.
-Los chicos como tú no existen.-levanté los ojos y los clavé en los suyos, donde había una muda nota de confusión.-No me mires así.
-Es que no te entiendo.
-Ni yo a ti.-volví a suspirar. Y tragué saliva, tratando de encontrar las palabras para expresar lo que pensaba.-Me refiero a que los chicos que creen en sueños no existen. Los chicos sois más de… cosas simples.
Y de pronto, en contra de todo lo que yo pensaba que haría, se echó a reír con ganas. Yo lo miré extrañada.
-Sí, bueno, los chicos somos más simples, pero eso ya está comprobado. Pero que seamos más simples no significa que no nos puedan llamar la atención cosas interesantes.-después se encogió de hombros.-O puede que yo sea rarito.
-O un mentiroso.
-Oh.-puso cara de que le hubiesen pegado una puñalada y se llevó la mano al pecho.-Eso me ha dolido.
Puse una mala mueca. Y él volvió a relajarse y sonrió.
-No tengo porqué confiar en ti.
-Y aunque quería que confiases, sabía que no lo harías.-sonrió y se encogió de hombros.-Aunque me halaga que creas que miento tan bien. Te diré algo, no lo hago. Si estuviese mintiendo me habrías pillado hace mucho.
-¿Puedo irme?
-Claro que puedes.-se apartó.-La pregunta es… ¿quieres irte?
-Sí que quiero.-pasé por su lado y anduve un par de pasos. No sé que fue lo que me llevó exactamente a girarme y a decirle aquello, pero lo hice. Al girarme lo encontré mirando al suelo triste. Que estupidez, se me encogió el corazón al verlo así, lo conocía de hacía tan solo un día.
-Oye… te veo mañana.- y por primera vez le sonreí.

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