“Solo hace dos semanas que no te veo y
parece que ha pasado todo un siglo. Te echo de menos de una forma increíble. Te
necesito, sí, esa es la expresión. Necesito volverte a ver para arreglar todo
lo que eché a perder, y sin embargo no puedo hacer nada por arreglarlo. Por eso
te escribo aunque nunca vayas a leerlo. Supongo que es una forma de recordarme
a mi misma que sigo escuchando tu voz en cada rincón de mi mente y de mi
corazón, repitiendo que ya no hay posibilidad para el amor, que fui idiota y
dejé pasar nuestro momento.
Al levantarme hoy me he acercado a la
ventana. Pensaba ir al parque de nuevo como cada día en estas dos semanas,
porque hasta ese momento aún tenía la absurda esperanza de que volvieses, de
que me echases de menos o me necesitases, aunque solo fuese la mitad de lo que
lo hago yo.
Pero todo eso ha desaparecido al
asomarme a la ventana. Al ver el sol, en lo alto, enorme, brillando como
siempre, mirándome, riéndose de mi y de mi dolor. Señalándome mientras me
recordaba que estaba allí y que no le iba a dejar el camino libre a la lluvia.
Tú no vas a estar allí. Lo sé y tú
también lo sabes. Puede que quieras ir, pero no lo harás, has cortado por lo
sano, como debías hacer. Le has dado la tregua a tu corazón y es lo mejor que
podías haber hecho. Pero mientras tanto, el mío solo se queja, dice que te echa
de menos, late despacio y no puedo recriminarle, me dice que no puede hacerlo
más rápido, que le falta el motor, que se ha quedado vacío. Lo entiendo
perfectamente. A veces pienso que no tengo corazón, otras duele de tal forma
que no me queda más remedio que saber que sigue ahí, latiendo con esfuerzo,
pero latiendo.
Y aunque tú ya no estás, sigues siendo
el motivo de sus latidos.
Me pregunto si pensarás en mi, espero
que no, o al menos, que si lo haces, no te duela tanto como a mi pensar en ti.
¿Por qué lo compliqué tantísimo? Debería
de haberme plantado frente a ti y haberte dicho que te creía, y más aún,
haberte dicho que yo también te quería. Ahora ya no hay oportunidad. Deberías
de haber desaparecido antes, o no haber aparecido nunca. Pero las cosas no
serían diferentes, ¿verdad? Nos hubiésemos conocido igual. Y yo habría hecho lo
mismo, porque simplemente le tengo miedo a ser feliz. Que idiotez, que
ridiculez, normal que yo sea imbécil cuando le tengo miedo a una cosa así.
Hoy he tomado la decisión, no volveré
jamás. Se acabó el parque. Se acabó mantener esperanzas sin sentido. Se acabó
recordarte de esta forma. Sí, se acabó. Aunque puede que te siga escribiendo,
me sienta bien escribirte, es como si tuviese alguien a quien contarle todo,
aunque en verdad no lo tenga, ni tampoco haya mucho que contar cuando tú no
estás en mi vida.
Yo también voy a cortar con lo sano,
aunque lo que menos está mi corazón en estos momentos es sano. Un corazón sano
no duele de esta forma, ni se clava de esta forma. ¿Sabes qué? Pegué los
pedazos rotos hace dos semanas, pero aún no he hecho que funcione, simplemente
se niega, dice que te quiere.
Yo también digo que te quiero, y que te
echo de menos. Y encima pensarás que no lo hago, donde quiera que estés si me
sigues recordando pensarás que no te quise, ni te quiero, ni te querré nunca. Y
a solo unos kilómetros de ti estaré yo. Fingiendo que te he olvidado o que
puedo vivir sin ti.
El sol sigue ahí fuera. Me mira y se
sigue riendo de mi…”

No hay comentarios:
Publicar un comentario