Y
ahora la princesita se siente feliz, pero por escasos momentos. Se siente sola
entre tanta multitud. Tanta gente que va y viene, que no se dan cuenta de su
existencia, que tienen miles de cosas en las que fijarse antes que en una
simple chica. Ve parejas pasar, sonreír, bromear, abrazarse, besarse. Y piensa
si ella tendrá de verdad un príncipe azul, alguien dispuesto a quererla, a
entenderla tal como es, a abrazarla si se siente mal, a ayudarla cuando lo
necesite, a hacer todo lo que ella está dispuesta a hacer por las personas.
Pero no hay nadie, nunca un chico se ha fijado en ella y ella si en miles de
chicos. Se siente fea, la han pretendido, pero siempre por pura ambición, por
querer ser el rey de todo aquello que ella poseía, pero la princesita nunca se
ha sentido importante, nunca ha encontrado a su príncipe, no lo busca,
simplemente deja pasar el tiempo, pensando en cómo será, si llegara algún día,
si tendrá que ir ella a buscarlo...Porque las personas no están hechas para la
soledad, todas las personas necesitan de alguien con quien compartir su vida. Y
ella es una persona tan normal como el resto. Quiere un príncipe, quiere que
alguien la acompañe y la proteja en esa senda tan peligrosa que es la vida,
quiere que alguien le preste atención a sus sueños, la ayude cuando no sea
capaz de seguir adelante, alguien que la quiera. Pasa frente a un escaparate, y
se para a mirarse, pensándolo bien no se ve tan mal, no es tan fea como siempre
se ha sentido, aunque el mundo entero se haya empeñado en repetirlo, no puede
confiar en las palabras de personas que no están acostumbradas a decir la
verdad. Pero a la vez no puede dejar de preguntarse porque siente que su
príncipe no existe, que ella nunca podrá disfrutar de una cena romántica, de un
paso de noche agarrada a la mano de alguien, o de las tantas cosas que pueden
hacer un par de enamorados. De pronto se siente mayor, siente que ya ha pasado
el momento de encontrar a su príncipe, que no lo hará, que es tarde para el
amor...Y mientras la princesita se observa pensativa en el reflejo del
escaparate, el chico la observa...hace mucho que lo hace, desde que era pequeño
y veía a la princesita jugar con sus criadas en el jardín trasero de palacio. Y
lleva desde entonces enamorado de esa chica, no de la princesa, sino de la
chica. De la dulce chica que se asustaba al encontrarlo al revolver una
esquina, pero que después le sonreía como si fuesen amigos de siempre, de esa
que siempre se ha comportado de una forma diferente al resto, que siempre ha
ayudado a todos...de esa que apenas unos minutos antes ha ayudado a una pobre
anciana, porque nadie era capaz de pausar su vida un segundo para hacerlo...de
esa chica con la sonrisa y el corazón perfecto. De la princesita que ha volado,
que ha escapado de lo que no le gustaba, que ha elegido vivir de una forma mas
difícil, pero posiblemente más feliz...
Y la princesita se siente sola, y su príncipe no parece querer
aparecer...
"Estrella se pinta de blanco el pelo y dice que se siente vieja,
vuelve a escuchar la canción que ella piensa que alguien le escribió.[...]Vuelve
a iluminarte estrella, escondida en un cajón, estrella, o dentro de una
botella, estrella, siempre la misma canción, llorando sin ton ni son..."

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