martes, 1 de noviembre de 2011

Desconocidos - Día 04


Está lloviendo, lleva lloviendo prácticamente desde que salí de casa. Encima es la típica lluvia que por mucho paraguas que lleves te acaba empapando. Bueno, ya he dicho que me gusta el frío, ¿no? Un poco de agua helada seguro que le sienta bien a mi cabeza.
He salido de casa sin que nadie se diese cuenta, y sin paraguas, pensando que el aspecto ennegrecido de las nubes no llegaría a tener consecuencias. Obviamente, me he equivocado.
Me sienta bien el agua, aunque la niebla que la acompaña no ayuda mucho a mi visión. El pelo mojado se me pega en la cara y tengo frío.
No sé si espero encontrarle o no, con el tiempo que hace, sería ilógico pensar que estará en el banco sentado, esperándome. Tiene que estar, ayer me prometió contarme lo que no me quiso contar en ese momento, me debe una explicación.
Llego a la esquina de siempre, en la que me detengo a pensar que aún estoy a tiempo de dar la vuelta y olvidarme del asunto.
En realidad, sé que no puedo, ya es demasiado tarde, no podría irme y olvidarlo como si nunca hubiese existido, o como si yo nunca hubiese sentido lo que siento.
Suspiro, como siempre que llego a ese punto y ando casi a ciegas viendo solo lo que hay un metro más allá de donde estoy, debido a la niebla.
No veo absolutamente nada, no se escucha nada excepto el sonido de la lluvia al caer y el de mi propio corazón, que está alterado ante el inminente encuentro.
Llego hasta el banco, nuestro banco, por así decirlo, pero obviamente, como yo ya esperaba y como era más que evidente, no está esperándome ahí sentado.
Vuelvo a suspirar y pongo mala cara.
De pronto deja de llover. Bueno, en realidad yo dejo de mojarme, porque veo y escucho perfectamente como a un palmo de mi la lluvia sigue cayendo.
-Como sigas utilizando tanto esa expresión acabará tatuada en tu cara.-está a mi lado. Me giro lentamente hasta quedarnos frente a frente. Está muy cerca, solo así entraríamos los dos debajo de su paraguas. Está sonriendo, como siempre, con esa sonrisa tan característica suya, esa que me encanta. Yo sonrió, sin poderlo evitar.
-Pues procura que no tenga que ponerla más.-le contesto. Hoy no hablamos en voz baja, como normalmente. Hoy estamos solos y nadie nos puede escuchar con el ruido de la lluvia. Me atrevería a decir que ni siquiera nos verían con la dichosa niebla.
-Vas a pillar un catarro, ¿se puede saber porque no tienes paraguas?-me pregunta.
-Ya no lo necesito, ¿no?-le digo, mirando de soslayo el paraguas que nos guarece de la lluvia. Él se ríe y, claro, yo con él.
-En eso tienes razón. ¿Quieres dar un paseo?-me propone. Acepto, cosa que seguro no os sorprenderá…
Empieza a andar y yo intento mantenerme a su lado, bajo el cobijo del paraguas, aunque no lo logro del todo y la parte de atrás de mi cabeza se moja un poco. Él parece darse cuenta, porque me pasa un brazo por los hombros y me obliga (bueno, obliga no, obligarme sería si yo no quisiese estar allí, pero sabéis que no es el caso) a mantenerme pegada a su cuerpo y a salvo.
Clavo los ojos en el suelo, roja como un tomate y con la respiración agitada.
Andamos. Desde luego, nunca me he alegrado tanto de no llevar un paraguas propio. Ya he perdido la noción del tiempo, aunque estoy segura de que hemos batido el record que teníamos juntos. Me atrevo a mirarlo para encontrarlo mirando al horizonte y sin parecer consciente de que yo sigo allí. Me aclaro la garganta, en un intento de llamar su atención y funciona. Me mira y sonríe.
-Creo…-empiezo a decir justo en el momento en que una ráfaga de aire que nos pilla desprevenidos a los dos, nos revuelve el cabello y hace que el paraguas salga volando. No vemos su trayectoria por mucho rato, desparece en la niebla, por donde debería de verse el cielo.
-¡Oh!-exclama él simplemente, aunque no me suelta, cosa que yo agradezco. Mira fijamente el lugar por donde el paraguas ha desaparecido, pero por menos de un segundo, después clava los ojos en mí, que aún lo miro a él, pues me resulta mucho más interesante que un paraguas prófugo.- ¿Decías?
Las gotas de agua ruedan por su cara, y el pelo le cae mojado sobre los ojos, pero sigue sonriendo, ahora parece que incluso más.
-Decía-continúo, acordándome de respirar.-que me debes una explicación.
-Ah, sí.-de pronto se pone serio y se separa de mí. No debería de haberle dicho nada, prefería la curiosidad a la falta de contacto.-Te prometí que lo haría y lo voy a hacer.
Sonríe, pero no es una sonrisa feliz.
-¿Qué pasa?-le pregunto, preocupada. Me toma la mano, como la tarde anterior y yo respiro aliviada. No puede ser tan malo.
-Esto pasa.-dice alzando nuestras manos unidas. Yo no lo entiendo, y miro nuestras manos, buscando una explicación. Él se ríe, supongo que ante la expresión de incomprensión de mi cara, pero sigue sin ser una risa alegre.-No lo entiendes, claro.
-Pues no.-contesto sinceramente, alejando mis ojos de nuestras manos y mirándolo a él.- ¿Qué es exactamente lo que pasa con esto?
Miro significativamente las manos y después de nuevo a él, que mantiene los ojos clavados en ellas. Suspira y deja caer nuestras manos, deshaciendo el lazo que las unía. Se cruza de brazos y frunce el ceño. Parece contrariado y yo mientras no puedo hacer nada que no sea mirarlo. Puede que al final sí que sea grave.
-Verás…-su voz suena casi dolida y sus ojos andan fijos en el suelo. Le cuesta hablar, según me parece a mí.-Creo que no es buena idea seguir con esto.
Lo suelta todo del tirón, como si estuviese explotando. Y así lo siento yo, como una explosión que rompe unos cristales que salen disparados hasta mi corazón, clavándose en él en forma de palabras. Las lágrimas se amontonan en mis ojos. Algo más frío que la lluvia que nos está calando resbala por mi espalda. No puedo respirar, como si me hubiesen dado un golpe en un sitio clave. El vacío que sentí ayer ha vuelto, pero no está vacío, está lleno de un dolor casi insoportable ante la idea de perderlo, de perderlo para siempre.
Sí, ya sé que he dicho miles de veces que era lo mejor, pero ¡qué coño!, me da igual que sea lo mejor, me da igual que pueda hacerme daño, o que no me convenga, solo me importa él y tener la oportunidad de estar a su lado, de seguir compartiendo esos minutos que ahora me parecen tan lejanos y tan borrosos. De tener recuerdos juntos. De ser feliz.
Feliz…ayer era tremendamente feliz y sin embargo hoy estoy jodidamente hundida. Las lágrimas vuelven a rodar por mis mejillas y se mezclan con la lluvia que cae incesante sobre nosotros.
Siento que me ahogo y todo lo que hay a mi alrededor se vuelve borroso, veo como se aproxima el suelo a mi cara. Eso me pasa por no respirar, no es bueno, no sé si lo sabéis…
Antes de llegar a tocar el suelo siquiera, él me agarra y me mira preocupado, bueno, yo creo que es preocupación, aunque ya no sé qué pensar.
-¿Estás bien?-mi vista al fin se vuelve un poco nítida y consigo centrar su cara, que está a un palmo de la mía. Definitivamente, parece preocupado.
-Sí, ha sido cosa de la lluvia, seguro, tengo mucho frío.-miento más que hablo. En realidad puede colar, dado el hecho de que los dientes me castañean y el cuerpo entero me tiembla. Aunque no es por el frío, claro. Intento acompasar mi respiración y que se me pasen un poco las ganas de vomitar que tengo. Y más o menos, mantengo el control.
-¡Qué susto! Pensé que había sido cosa mía.-me contesta, volviendo a ponerme derecha, aunque me tiemblan las piernas y no sé si podré estar de pie. Me apoyo en la pared que hay al lado, aunque él me tiende una mano para ayudarme. No pienso aceptarla, no, cuanto antes se termine esto, mejor. Tendré que cortar por lo sano.
Mi corazón tiembla ante semejante locura. Cortar por lo sano… ya no hay nada sano en esto.
-Tranquilo.-le contesto, tratando de recobrar la compostura y también la dignidad, para que engañarnos. Sigue pareciendo preocupado, bueno, la verdad es que debo de tener un aspecto horrible después de ese casi-desmayo. Trato de dibujar una expresión despreocupada que no sé si consigo.-Bueno, y ¿porqué exactamente no es bueno seguir con nuestra amistad?
Intento parecer tranquila, de verdad que lo intento, pero una nota histérica decora mi tono, quitándole toda credibilidad.
-Bueno,-dice, en el mismo tono que antes. En realidad no quiero escucharlo, en realidad estoy pensando en echar a correr, y en si podría escaparme sin que él me siguiera. Debe de haberse dado cuenta de que yo no siento amistad por él. De que estoy loca, loca por él, claro, bueno, loca en general, no nos engañemos. No quiero escuchar su respuesta. No, no quiero en absoluto.-en realidad sí que me gustaría seguir siendo tu amigo.-“sí, pero yo la he cagado enamorándome de ti, lo entiendo” pienso en mi fuero interno. Todo esto es culpa mía, si no sintiese eso por él seguiríamos siendo amigos. Solo yo soy culpable del dolor de mi corazón.-me gusta hablar contigo, y me gusta cuando te sonrojas. Me gusta darte la mano porque me encuentro cómodo así. Me gusta mirarte a los ojos, y que tú me mires. Me podría pasar horas así y no me cansaría. Me gusta abrazarte y que me abraces, parece que así nada saldrá mal, y que si saliese mal, me daría igual. Me gusta cómo me siento cuando estoy a tu lado, porque solo estarlo ya hace que pueda sonreír más de lo que he sonreído en toda mi vida. Soy capaz de sonreír solo con saber que sonríes.-no entiendo a dónde quiere llegar con todo aquello, pero desde luego todo esto no le está haciendo ningún bien a mi corazón, que ahora mismo se retuerce agonizando. Permanezco serena, intento parecer serena y me cruzo de brazos, apretando fuerte, a ver si así el dolor remite.-Pero no tengo fuerzas para seguir siendo tu amigo.
-Lo entiendo.-en realidad, no lo entiendo.
-No, no lo entiendes.-dice, como si me leyese el pensamiento.
Lo miro con una expresión de completa incomprensión. Espero una explicación, es más, la exijo.
-Pues explícamelo.
-No tengo fuerzas para seguir siendo tu amigo y en realidad creo que nunca he querido serlo.-eso tan frío que me rodaba por la espalda no cesa, y hace que siga temblando violentamente. Nunca quiso ser mi amigo, claro, es lógico.
-Lo veo normal.-contesto, y me duele el corazón con cada nueva palabra de esta conversación.
-Pues yo no.-contesta, contrariado.-No debería de haberte ofrecido ser amigos, fue sumamente egoísta por mi parte.
-No tienes la culpa.-“solo yo la tengo”.
-Sí que la tengo. Soy feliz estando a tu lado y por eso te ofrecí ser amigos, porque así pasábamos más tiempo juntos. Es extremadamente fácil estar contigo. Demasiado.-no me mira, aunque yo a él sí. Necesito mirarle y no desaprovechar los pocos minutos que me quedan a su lado.-Pensé que podría ser tu amigo, quería utilizarte como mi sol particular. Ser tu mejor amigo. Pero no puedo seguir con esto cuando uno de los dos no siente solo amistad.
Lo sabía, desde el primer momento sabía que todo esto era culpa mía y ahora tengo la certeza, me la está dando él. No quiere ser amigo mío cuando yo no quiero que él sea solo mi amigo.
-Pero yo sí quiero ser tu amiga.-es humillante, pero ya que no puedo recuperar la dignidad que he perdido en estos días ¡al diablo! no puedo acabar más hundida en la miseria. Levanta los ojos y los clava en mí.
-Pero no es justo.-me dice, simplemente. Y claro que no lo es, no puede tener de mejor amiga a alguien que está jodidamente enamorada de él. No podría contarme todo lo que se supone le puedes contar a tu mejor amigo. No es justo en absoluto, ni para él ni para mí.
-Lo sé.-murmuro agachando la cabeza y mirándome los cordones de los zapatos. El fin se acerca.
-Pero no quiero hacerte daño.-continúa.-Eso es lo último que deseo, no podría vivir con eso.
-No me haces daño.-y en realidad, no le estoy mintiendo. El daño ya estaba hecho desde el momento en que acepté su amistad, el daño me lo había hecho yo.
-Yo puedo hacer el esfuerzo de ser tu amigo, de verdad que puedo si tú así lo quieres, si con eso eres feliz seré tu amigo y a mi manera también seré feliz, pero no como quisiera.-levanto los ojos de mis cordones para clavarlos en los suyos, que están preparados para este encuentro.
-No quiero que tengas que esforzarte para ser mi amigo. No quiero que te sientas en la obligación de hacer nada por mí.-le contesto, es lo justo.
-Pero no me esforzaría. Ya te he dicho que es fácil estar contigo, no me importaría tener que seguir siendo tu amigo eternamente, siempre que eso te haga feliz, porque así yo soy feliz. No me importa que ser tu amigo no sea exactamente lo que yo quiero, mientras que sea lo que tú quieres.-creo me estoy perdiendo algo, pero no sé qué.
-Pero no estarías cómodo siendo mi amigo, y yo no estaría cómoda al saber que no lo estás. Nos engañaríamos los dos y viviríamos una mentira.
-Pero una mentira feliz.
-Al parecer tu felicidad no está en ser mi amigo. No te voy a obligar. Si no quieres estar conmigo, no hace falta que estés.-le digo, y las lágrimas se vuelven a amontonar en mis ojos. Añado una frase más, tratando de convencerle.-No me harás daño, de verdad.
Estoy animándole a hacer aquello que me destrozará el corazón, soy consciente de ello, pero pedirle que se quedase sería injusto y egoísta por mi parte, y él no se merece eso.
-¿Qué no quiero estar contigo?-me pregunta, con una expresión extraña.- ¿Cómo se te puede siquiera pasar por la cabeza eso? ¡Estar contigo es lo único que quiero! Pensar en verte es lo que hace que los días se pasen más rápido hasta llegar a estos momentos. Verte es sonreír ¡Claro que quiero estar contigo!
Parece desconcertado y casi fuera de sí, pone los ojos en blanco y yo saco a relucir la más absoluta incomprensión.
-Creo que me estoy perdiendo algo.
-Te estás perdiendo mucho, pero es normal, tampoco te lo he dicho a la cara como para que debas saberlo, pero pensé que era más que evidente.-me contesta, yo lo miro, sin saber que quiere decir.-Lo que te estás perdiendo es que lo que yo no soporto es tener que ser solo tu amigo. No lo aguanto. No quiero ser tu amigo ni que tú seas mi amiga, yo quiero que seamos algo más.-de nuevo me siento mareada. No consigo centrar mis ojos para verle y saber que es una broma, me apoyo más en la pared, él hace el intento de acercarse, pero no llega a hacerlo.-Mira… piensa si quieres ser mi amiga aún sabiendo esto. Si dices que sí, lo seremos, y seremos felices, de verdad. Si dices que no lo entenderé perfectamente y al menos te habré dicho lo que siento.
Mi respiración está mucho más que acelerada y no consigo articular palabra, él parece preocupado, y se agacha, depositando sus labios mojados por la lluvia en mi frente, este contacto dura apenas un segundo antes de que él se vaya y yo me quede ahí, perdida bajo la lluvia y la niebla.


No hay comentarios:

Publicar un comentario