martes, 1 de noviembre de 2011

Desconocidos - Día 03


Solo tenía que doblar la esquina y ya estaría en el parque. Solo una esquina me separaba de él, bueno, vale, una esquina y un mundo me separaba de él, porque ya había dejado claro que los dos no veíamos del mismo modo nuestra “relación”. Inspiro y espiro varias veces, tratando de relajarme. El aire frío de la tarde llena mis pulmones y despeja mi mente. Me gusta el frío, hace que los pensamientos fluyan mejor, el calor te embota la cabeza y te deja medio tonto. Y teniendo en cuenta que desde que conozco a este chico estoy medio tonta por él, lo mejor es que no haga calor que empeore las circunstancias.
Doy un paso, y otro, y otro más. Llego hasta la entrada del parque y no puedo evitar que lo primero que hagan mis ojos sea buscarle donde debería de estar esperándome.
No está.
Suspiro. Casi estoy contenta de que así sea, ¿era lo que yo pedía, no? Que se fuera y que yo fuese libre de irme también, pero sobretodo, de olvidarle.
¿Para qué mentir si todos sabemos que lo estoy haciendo?
Siento un vacío en el estómago solo de pensar que nunca más le voy a ver. Es más, siento un vacío un poco más arriba, donde debería de estar mi corazón. Es mejor así, odio las despedidas con todas mis fuerzas, peor siendo sincera hubiese preferido poder despedirme de él. Si hubiese tenido un ataque repentino de valentía, probablemente le habría contando lo que siento. Bah. No lo habría hecho, soy demasiado cobarde, por eso acepté su amistad sin reproches y sin ni siquiera pensar en decirle la verdad sobre lo que sentía. Pensaría que estoy loca. Yo pienso que estoy loca.
Algo cálido está rodando por mi mejilla, alzo la mano para ver que es. Vaya, no me había dado cuenta de que estaba llorando. Soy una llorica, debería controlarme un poco más, desde luego derramaría menos lágrimas. Dejo que un par más salgan de mis ojos antes de decidir parar. Me limpio los ojos con la manga de la camiseta, y cuando termino me doy cuenta que no he parado de llorar, mis lágrimas no le hacen caso a mi cabeza, le hacen caso a mi corazón y ahora mismo mi corazón necesita que utilizar mis lágrimas para que el dolor sea más soportable.
Está bien, seguiré llorando pero me iré de allí. Total, estoy lejos de casa, no creo que nadie que me conozca vaya a venir a verme hasta aquí a preguntarme que me pasa. Me puedo permitir llorar sin que nadie me tenga que compadecer.
Vuelvo a tomar aire, para ver si esta vez el frío vuelve a despejarme la mente, pero no lo hace, ahora mismo mi cabeza no me controla, solo lo hace mi corazón que se empeña en seguir dejándose llevar por el dolor. Me doy la vuelta aún con lágrimas en los ojos.
Está ahí, justo detrás mía, su cabeza está apenas a unos centímetros de la mía. El vacío de mi estómago se ha llenado de mariposas. Y el de mi corazón ahora palpita más que nunca. Está ahí, tan cerca que si alzase un poco la mano podría tocarle.
-Buh.-dice simplemente, sonriendo. Me mira y se da cuenta de que estoy llorando. Me siento más estúpida que nunca. Está ahí, no se ha ido a ninguna parte, no me ha dejado.- ¿Qué te pasa?
Alza una mano hasta mi rostro y seca las lágrimas que ahora siguen saliendo, pero ya no son tristes, son de alegría, alegría porque él está ahí. Mi corazón se acelera aún más cuando las yemas de sus dedos acarician las zonas por donde se están deslizando las lágrimas. Una sonrisa cubre su rostro y el mío no puede por menos que hacer lo mismo. Soy feliz.
-Ya nada.-le contesto, sonriendo con ganas. Sé que está escuchando mis latidos, al igual que yo escucho los suyos. Sus ojos se han clavado en los míos, creo que buscan saber si estoy siendo sincera o no. Claro que lo estoy siendo, ahora que él está aquí y después de pensar que no le volvería a ver más, ya no me siento mal.
Un impulso me lleva a abrazarlo fuerte. Debe pensar que estoy loca, pero no quiero que vuelva a pasar lo que se me ha pasado por la cabeza hace unos minutos. Si volviese a pasar no me quedaré sin haberle abrazado nunca. Sé que me va a separar de él, que sus ojos reflejaran la incomprensión sobre lo que he hecho. Pero me da igual, mis brazos ahora mismo rodean su cintura y escucho perfectamente los latidos de su corazón, creo que está acelerado.
Pone las manos en mis hombros, ya ha llegado el momento, me va a separar de él. Pero ya me da igual. Ha sido corto, pero yo he sido feliz. Me preparo para el momento en el que me separe de él, me tome por loca y se vaya de allí, pero entonces sus manos se deslizan a mi espalda y me aprietan contra él más fuerte aún.
-Si pensabas que no estaba, siento decirte que no voy a fallar a mi promesa.-me susurra al oído, sin soltarme, aunque tampoco quiero que lo haga.-Te estaré esperando siempre.
Otras lágrimas resbalan por mis mejillas ahora, estás son cálidas y dulces, son lágrimas de amor.
-Y también quiero decirte…-empieza él a decirme, sin separarme aún de su pecho.
Soy una tonta que no puedo parar de llorar, es más, ni siquiera veo por culpa de las lágrimas, y me estoy perdiendo una de las cosas más hermosas del mundo, a él. Levanto la cabeza y medio la sacudo para ver si así despejo mis lágrimas, quiero mirarlo mientras me esté diciendo lo que quiera que me esté diciendo.
Me separa un poco de él, soy un poco reacia a este hecho, pero no puedo hacer nada por evitarlo, tiene más fuerza que yo, aunque me separa y me sigue cogiendo las manos.
-¿Qué quieres decirme?-le apremio al ver que él solo no continúa. Él sonríe mientras separa una de nuestras manos para limpiarme la cara. Me siento tonta, de verdad, yo llorando porque él no estaba y estaba justo detrás de mí y ahora me tiene que ver llorar. Sigue limpiándome las lágrimas aunque yo, por fin, ya he dejado de llorar. Quiero que vuelva a cogerme la mano, pero no lo hace, en su lugar reposa la palma de su mano sobre mi mejilla. Vale, no quiero que me coja la mano. Sigue sonriendo y yo no quiero volver a preguntarle, por no parecer una entrometida. Clava sus ojos en los míos y yo sé con seguridad que debo tener la cara roja, como para no tenerla…
-Es tarde.-dice simplemente.-Deberías de volver a casa.
¿Es impresión mía o cada día nos despedimos antes? Yo no me quiero ir a casa, no justamente ahora, cuando lo tengo tan cerca… pero por su tono sé que no admite réplicas, que me tocará hacer lo que dice si quiero que mañana me cuente eso que no ha querido contarme hoy. Le pongo mala cara y él me contesta con una sonora carcajada.
-No quiero irme a casa aún.-aunque sé que no cederá, continuo intentándolo. Me da un golpecito en la nariz y vuelvo a ponerle mala cara. Obviamente, no me ha molestado, pero aún quiero conservar un poco de la dignidad que he logrado perder hoy.
-Déjame pensar…-por un segundo parece que no está allí, sus ojos se pierden en la lejanía y no parece consciente de que yo estoy ahí. La mano que aún aprisiona la mía parece que la estrecha aún más y yo, encantada, me gusta su contacto, me siento a gusto. La otra mano, la que reposaba en mi mejilla, ahora juega distraídamente con un mechón de pelo que se me ha salido de la coleta. Yo no puedo apartar los ojos de él y permanezco totalmente inmóvil, esperando su respuesta, aún estando segura de que será una negativa y tendré que irme a casa. De pronto parece darse cuenta de que existo y le estoy esperando. Vuelve a sonreír, con su ya más que conocida sonrisa, esa que solo le he visto cuando habla conmigo, esa que me encanta. Vuelve a clavar los ojos en mí yo continúo sin moverme.-Bueno, tal vez si no te vas ahora te quedes sin saber para siempre lo que iba a decirte.
-Eso se llama chantaje.-refunfuño con el entrecejo y los labios fruncidos. Él se ríe con ganas, no sé que le hace tanta gracia. Bueno, vale, tal vez sea la cara que le estoy poniendo.
-No es chantaje.-me contesta simplemente, mientras que con la mano que no tiene con la mía intenta relajar mi boca y provocar una sonrisa. Yo sonrío a regañadientes, pero sinceramente.-Simplemente intento postergar el momento.
-Mañana me lo contarás.-le contesto, no es una pregunta.
-Te lo prometo.-dice levantando la mano libre mientras sonríe.-Pero ahora vete a casa.
Acerca sus labios a mi frente y los deja allí por unos segundos. Mi corazón parece que va a explotar ante semejante acto y me olvido de respirar mientras sus labios continúan allí. Cuando se separa, jadeo en busca del aire que me falta y él vuelve a sonreír.
-Mañana.-le digo como puedo.
-Mañana.-me confirma dejando libre la mano que había cogido hacía ya un rato.-Qué fácil es contigo…
Me acaricia la mejilla y yo le miro, tratando de encontrar una explicación a su comentario en sus ojos, pero, o no la hay, o no la encuentro. Así que expreso la pregunta en voz alta.
-¿Qué es fácil conmigo?
-Sonreír… es tan fácil… casi es algo natural y automático, como respirar o parpadear… o que el corazón lata.-deja caer el brazo hasta que sus dos brazos quedan colgados a su lado, por un momento parece triste y mi corazón se estremece ante semejante cosa. Pero esa expresión dura poco, suspira y me mira sonriendo.-A casa, venga.
Le echo una mala mirada durante apenas un segundo, y de pronto los dos nos echamos a reír.
Me voy de allí riéndome y… feliz.
Tremendamente feliz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario