Solo
tenía que doblar la esquina y ya estaría en el parque. Solo una esquina me
separaba de él, bueno, vale, una esquina y un mundo me separaba de él, porque
ya había dejado claro que los dos no veíamos del mismo modo nuestra “relación”.
Inspiro y espiro varias veces, tratando de relajarme. El aire frío de la tarde
llena mis pulmones y despeja mi mente. Me gusta el frío, hace que los
pensamientos fluyan mejor, el calor te embota la cabeza y te deja medio tonto.
Y teniendo en cuenta que desde que conozco a este chico estoy medio tonta por
él, lo mejor es que no haga calor que empeore las circunstancias.
Doy
un paso, y otro, y otro más. Llego hasta la entrada del parque y no puedo
evitar que lo primero que hagan mis ojos sea buscarle donde debería de estar
esperándome.
No
está.
Suspiro.
Casi estoy contenta de que así sea, ¿era lo que yo pedía, no? Que se fuera y
que yo fuese libre de irme también, pero sobretodo, de olvidarle.
¿Para
qué mentir si todos sabemos que lo estoy haciendo?
Siento
un vacío en el estómago solo de pensar que nunca más le voy a ver. Es más,
siento un vacío un poco más arriba, donde debería de estar mi corazón. Es mejor
así, odio las despedidas con todas mis fuerzas, peor siendo sincera hubiese
preferido poder despedirme de él. Si hubiese tenido un ataque repentino de
valentía, probablemente le habría contando lo que siento. Bah. No lo habría
hecho, soy demasiado cobarde, por eso acepté su amistad sin reproches y sin ni
siquiera pensar en decirle la verdad sobre lo que sentía. Pensaría que estoy loca.
Yo pienso que estoy loca.
Algo
cálido está rodando por mi mejilla, alzo la mano para ver que es. Vaya, no me
había dado cuenta de que estaba llorando. Soy una llorica, debería controlarme
un poco más, desde luego derramaría menos lágrimas. Dejo que un par más salgan
de mis ojos antes de decidir parar. Me limpio los ojos con la manga de la
camiseta, y cuando termino me doy cuenta que no he parado de llorar, mis
lágrimas no le hacen caso a mi cabeza, le hacen caso a mi corazón y ahora mismo
mi corazón necesita que utilizar mis lágrimas para que el dolor sea más
soportable.
Está
bien, seguiré llorando pero me iré de allí. Total, estoy lejos de casa, no creo
que nadie que me conozca vaya a venir a verme hasta aquí a preguntarme que me
pasa. Me puedo permitir llorar sin que nadie me tenga que compadecer.
Vuelvo
a tomar aire, para ver si esta vez el frío vuelve a despejarme la mente, pero
no lo hace, ahora mismo mi cabeza no me controla, solo lo hace mi corazón que
se empeña en seguir dejándose llevar por el dolor. Me doy la vuelta aún con
lágrimas en los ojos.
Está
ahí, justo detrás mía, su cabeza está apenas a unos centímetros de la mía. El
vacío de mi estómago se ha llenado de mariposas. Y el de mi corazón ahora
palpita más que nunca. Está ahí, tan cerca que si alzase un poco la mano podría
tocarle.
-Buh.-dice
simplemente, sonriendo. Me mira y se da cuenta de que estoy llorando. Me siento
más estúpida que nunca. Está ahí, no se ha ido a ninguna parte, no me ha
dejado.- ¿Qué te pasa?
Alza
una mano hasta mi rostro y seca las lágrimas que ahora siguen saliendo, pero ya
no son tristes, son de alegría, alegría porque él está ahí. Mi corazón se
acelera aún más cuando las yemas de sus dedos acarician las zonas por donde se
están deslizando las lágrimas. Una sonrisa cubre su rostro y el mío no puede
por menos que hacer lo mismo. Soy feliz.
-Ya
nada.-le contesto, sonriendo con ganas. Sé que está escuchando mis latidos, al
igual que yo escucho los suyos. Sus ojos se han clavado en los míos, creo que
buscan saber si estoy siendo sincera o no. Claro que lo estoy siendo, ahora que
él está aquí y después de pensar que no le volvería a ver más, ya no me siento
mal.
Un
impulso me lleva a abrazarlo fuerte. Debe pensar que estoy loca, pero no quiero
que vuelva a pasar lo que se me ha pasado por la cabeza hace unos minutos. Si
volviese a pasar no me quedaré sin haberle abrazado nunca. Sé que me va a
separar de él, que sus ojos reflejaran la incomprensión sobre lo que he hecho.
Pero me da igual, mis brazos ahora mismo rodean su cintura y escucho
perfectamente los latidos de su corazón, creo que está acelerado.
Pone
las manos en mis hombros, ya ha llegado el momento, me va a separar de él. Pero
ya me da igual. Ha sido corto, pero yo he sido feliz. Me preparo para el
momento en el que me separe de él, me tome por loca y se vaya de allí, pero
entonces sus manos se deslizan a mi espalda y me aprietan contra él más fuerte
aún.
-Si
pensabas que no estaba, siento decirte que no voy a fallar a mi promesa.-me
susurra al oído, sin soltarme, aunque tampoco quiero que lo haga.-Te estaré
esperando siempre.
Otras
lágrimas resbalan por mis mejillas ahora, estás son cálidas y dulces, son
lágrimas de amor.
-Y
también quiero decirte…-empieza él a decirme, sin separarme aún de su pecho.
Soy
una tonta que no puedo parar de llorar, es más, ni siquiera veo por culpa de
las lágrimas, y me estoy perdiendo una de las cosas más hermosas del mundo, a
él. Levanto la cabeza y medio la sacudo para ver si así despejo mis lágrimas,
quiero mirarlo mientras me esté diciendo lo que quiera que me esté diciendo.
Me separa un poco de él, soy un poco reacia a este hecho, pero no puedo hacer nada por evitarlo, tiene más fuerza que yo, aunque me separa y me sigue cogiendo las manos.
Me separa un poco de él, soy un poco reacia a este hecho, pero no puedo hacer nada por evitarlo, tiene más fuerza que yo, aunque me separa y me sigue cogiendo las manos.
-¿Qué
quieres decirme?-le apremio al ver que él solo no continúa. Él sonríe mientras
separa una de nuestras manos para limpiarme la cara. Me siento tonta, de
verdad, yo llorando porque él no estaba y estaba justo detrás de mí y ahora me
tiene que ver llorar. Sigue limpiándome las lágrimas aunque yo, por fin, ya he
dejado de llorar. Quiero que vuelva a cogerme la mano, pero no lo hace, en su
lugar reposa la palma de su mano sobre mi mejilla. Vale, no quiero que me coja
la mano. Sigue sonriendo y yo no quiero volver a preguntarle, por no parecer
una entrometida. Clava sus ojos en los míos y yo sé con seguridad que debo
tener la cara roja, como para no tenerla…
-Es
tarde.-dice simplemente.-Deberías de volver a casa.
¿Es
impresión mía o cada día nos despedimos antes? Yo no me quiero ir a casa, no
justamente ahora, cuando lo tengo tan cerca… pero por su tono sé que no admite
réplicas, que me tocará hacer lo que dice si quiero que mañana me cuente eso
que no ha querido contarme hoy. Le pongo mala cara y él me contesta con una
sonora carcajada.
-No
quiero irme a casa aún.-aunque sé que no cederá, continuo intentándolo. Me da
un golpecito en la nariz y vuelvo a ponerle mala cara. Obviamente, no me ha
molestado, pero aún quiero conservar un poco de la dignidad que he logrado
perder hoy.
-Déjame
pensar…-por un segundo parece que no está allí, sus ojos se pierden en la
lejanía y no parece consciente de que yo estoy ahí. La mano que aún aprisiona
la mía parece que la estrecha aún más y yo, encantada, me gusta su contacto, me
siento a gusto. La otra mano, la que reposaba en mi mejilla, ahora juega
distraídamente con un mechón de pelo que se me ha salido de la coleta. Yo no
puedo apartar los ojos de él y permanezco totalmente inmóvil, esperando su
respuesta, aún estando segura de que será una negativa y tendré que irme a
casa. De pronto parece darse cuenta de que existo y le estoy esperando. Vuelve
a sonreír, con su ya más que conocida sonrisa, esa que solo le he visto cuando
habla conmigo, esa que me encanta. Vuelve a clavar los ojos en mí yo continúo sin
moverme.-Bueno, tal vez si no te vas ahora te quedes sin saber para siempre lo
que iba a decirte.
-Eso
se llama chantaje.-refunfuño con el entrecejo y los labios fruncidos. Él se ríe
con ganas, no sé que le hace tanta gracia. Bueno, vale, tal vez sea la cara que
le estoy poniendo.
-No
es chantaje.-me contesta simplemente, mientras que con la mano que no tiene con
la mía intenta relajar mi boca y provocar una sonrisa. Yo sonrío a
regañadientes, pero sinceramente.-Simplemente intento postergar el momento.
-Mañana
me lo contarás.-le contesto, no es una pregunta.
-Te
lo prometo.-dice levantando la mano libre mientras sonríe.-Pero ahora vete a
casa.
Acerca
sus labios a mi frente y los deja allí por unos segundos. Mi corazón parece que
va a explotar ante semejante acto y me olvido de respirar mientras sus labios
continúan allí. Cuando se separa, jadeo en busca del aire que me falta y él
vuelve a sonreír.
-Mañana.-le
digo como puedo.
-Mañana.-me
confirma dejando libre la mano que había cogido hacía ya un rato.-Qué fácil es
contigo…
Me
acaricia la mejilla y yo le miro, tratando de encontrar una explicación a su
comentario en sus ojos, pero, o no la hay, o no la encuentro. Así que expreso
la pregunta en voz alta.
-¿Qué
es fácil conmigo?
-Sonreír…
es tan fácil… casi es algo natural y automático, como respirar o parpadear… o
que el corazón lata.-deja caer el brazo hasta que sus dos brazos quedan
colgados a su lado, por un momento parece triste y mi corazón se estremece ante
semejante cosa. Pero esa expresión dura poco, suspira y me mira sonriendo.-A
casa, venga.
Le
echo una mala mirada durante apenas un segundo, y de pronto los dos nos echamos
a reír.
Me
voy de allí riéndome y… feliz.
Tremendamente feliz.


No hay comentarios:
Publicar un comentario