martes, 1 de noviembre de 2011

Desconocidos - Día 01


-Si te paras a pensarlo…-le dirijo una tímida mirada por el rabillo del ojo, aún no estoy segura de que pasaría si lo miro directamente.-son muchas cosas las que pasan sin que podamos hacer nada. -Él no contesta. Me siento estúpida al lado de ese chico, al cual parece que no le importa nada y no puedo reprochárselo, había llegado, me había sentado a su lado y había entablado conversación con él. Es normal que no me hable, es más, si yo estuviese en su lugar, habría mandado a paseo a cualquier desconocido que hubiese venido a interrumpirme lo que demonios estuviese haciendo. No sé cuál es el motivo que me ha llevado a sentarme allí, junto a él, y mucho menos porqué le he hablado. Soy estúpida, estúpida y más estúpida aún. Me dispongo a levantarme, lo más rápido que pueda a ver si puedo esconderme detrás de algo que oculte el creciente color rojo de mis mejillas, pero en ese momento aparta los ojos de lo que estuviese mirando y los clava en mí. Tenía razón, era mejor que no me mirase.
-No… no te vayas.-su voz no suena como antes, es mucho más profunda, como si sonase en mi corazón y no en mis oídos. Inmediatamente me vuelvo a sentar, debería haberme dado la vuelta, haberme ido por donde había venido y no volver a mirar a ese chico, para no seguir avergonzándome a mí misma, lo sé y es lo que todos pensaréis, pero es que vosotros no lo escuchasteis. Esta vez soy yo quien clava los ojos en el horizonte mientras él me dedica disimuladas miradas, estaba dispuesta a no hablar, a esperar unos minutos y volver a intentar marcharme. Creo que él sabe que intentaré hacerlo, y se debate entre volver a detenerme o dejarme marchar.-Lo siento.-dice simplemente, mientras agita la cabeza, como si acabase de darse cuenta de lo que había hecho. Lo miro y me mira. No sé que hay en sus ojos, pero sí sé que fue eso lo que hizo que me detuviera y me sentase a su lado. Al cabo de un rato no puedo sostenerle la mirada, por lo que agacho la cabeza, y me dedico a mirar como entrelazo y deslazo las manos. Cada vez me siento más estúpida y me muero de ganas de levantarme e irme, cuanto más lejos, mejor. Pero hay algo, no sé que es, que me retiene ahí, parada, sin poder irme pero tampoco mirarle. Es horrible, no os lo recomiendo.
-No sé de qué te disculpas exactamente.-murmuro, más para mí que para él, sin levantar la vista de mis manos.
-Te he visto antes por aquí.-dice él, tal vez ignora mi murmullo, o no lo ha escuchado.-Me gustas. No muchas personas son capaces de sentarse al lado de un desconocido a entablar conversación con él.-dice, sin poder evitar una sonrisa. Yo soy idiota, como he repetido algunas veces ya, y de todo lo que ha dicho mi cabeza solo puede repetir dos palabras. “Me gustas”. Creo que solo yo soy lo bastante imbécil como para fijarme en alguien que acabo de conocer, bueno… en realidad esto aún no se puede llamar conocer, ¿no?
-Siempre te veo aquí sentado, me preguntaba que tenía de especial este lugar.
-Me gusta. Simplemente no concibo mi vida sin sentarme aquí cada tarde y mirar el horizonte, es algo que tengo que hacer. Una de las cosas que pasan sin que podamos hacer nada, supongo.-capto que ha hecho referencia a la primera frase que le dirigí. Sonrío mientras él se ríe mirándome, me gusta el sonido de su risa, en realidad, me gusta el sonido de todas las risas, pero la suya tiene algo, como si no se pudiese escuchar muy a menudo, y ahora me siento feliz por estar ahí, por haber sido testigo de ese momento que parece único. Me río con él. Nos reímos como dos idiotas y de pronto me asusto, la intensidad de los latidos de mi corazón ha aumentado, y descubro el motivo casi sin saberlo. Lo estoy mirando, mientras nos reíamos ambos nos hemos estado mirando sin que ninguno de los dos apartase los ojos del otro. Creo que escucha mis latidos, ¿cómo no iba a hacerlo? Deben de escucharlos desde el otro lado del parque.-Me gustas.-vuelve a repetir el chico, sonriendo tanto como puede, y entonces mi corazón se para del todo, mientras mis mejillas se inundan de rojo, pero sigo sin agachar la cabeza, ni apartar la mirada de la suya. Esta vez su tono era diferente, o tal vez son mis ganas de imaginármelo. Pero soy feliz. Me levanto, sé que es el momento de irme, sino me volveré loca y no quiero, prefiero conservar la poca cordura que me queda después de este encuentro.
-Mañana volveré.-casi le susurro. Y esta vez soy capaz de escuchar sus latidos desde donde estoy, como si formasen una melodía perfecta, y no puedo evitar sonreír, mientras él me devuelve la mirada más dulce de todas las que he visto en mi vida.
-Y yo te estaré esperando.-me contesta, y en cada palabra hay un tono dulce, agradable, adorable y todas esas cosas tan bonitas que terminan en -able. Cuando ya me he dado la vuelta para marcharme, le siento levantarse y acercarse a mí por detrás, no me giro, simplemente espero a que haga algo. Y siento su boca al lado de mi oreja, y su aliento cálido mientras me susurra:-Siempre te estaré esperando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario