Hoy
voy feliz hasta el parque, como para no estarlo. Solo he podido pensar en lo
que pasó ayer y aún me cuesta terminar de creerlo. Ya no llueve, es como si el
tiempo fuese acorde con mi estado de ánimo. Ha estado lloviendo todo el tiempo
que yo he estado llorando, pero ahora que sonrío el sol vuelve a salir.
Y
justo allí está mi propio sol, sentado en el banco y con los ojos clavados en
el sitio por donde yo tengo que aparecer. Una gran sonrisa decora su cara al
verme, la mía le responde igual, y mi corazón se acelera al volverlo a tener
delante.
-Hola
Ángelo.-le saludo, sin poder evitar una risa.
-Ángela.-dice
él a forma de saludo, levantándose del banco y acercándose a mí. Vuelve a
besarme, como el día anterior, y mi corazón se acelera, puesto que aún no termina
de acostumbrarse y creo que nunca lo hará.
-¿Qué
hacemos hoy?-le pregunto cómo puedo cuando se separa.
-Se
me había ocurrido que podríamos dar un paseo en barca por el lago.-me contesta,
sin perder esa sonrisa tan encantadora que tiene. A mí la idea de un paseo en
barca no me termina de convencer, que sí, que es bonito y todo eso, pero siendo
como soy acabaré metida en el lago y calada hasta los huesos, y no quiero ni
imaginarme la temperatura del agua.
-Bueno.-acabo
accediendo. Es una buena idea, eso no puedo negarlo.
Coge
mi mano con la suya y mi respiración se vuelve a acelerar, nos dirigimos así
hasta la caseta donde alquilan las barquitas, cogidos de la mano y con una sonrisa
permanente en el rostro.
Apenas
un rato después ya estamos en la barca, él a un lado con los remos y yo al
otro, tan quieta como puedo y con miedo de que vuelque si me moviese un poco,
creo que él lo nota porque se echa a reír. Cuando ya estamos lejos de la
orilla, suelta los remos y se pone de pie. No puedo evitar ponerle mala cara
ante el miedo de que la barca vuelque. Me tiende una mano, mientras se ríe.
-Vamos.-me
dice, y yo niego enérgicamente con la cabeza. No pienso ponerme de pie.-
¡Venga!
-Estoy
muy cómoda seca y lejos de esa agua helada, gracias.-le contesto.
-No
te caerás.-me dice, agachándose un poco hacía mí.
-Sí
lo haré.-le contesto, cruzándome de brazos.
-Bueno,
si lo hicieses sería una experiencia interesante.
-Interesante
y fría.-le contesto, pero él sigue insistiendo y tiende la otra mano hacia mí.
Le echo una mala mirada, pero al final acabo levantándome y cogiendo sus manos.
De un suave tirón me coloca en su pecho y yo me abrazo a él, que ahora mismo es
lo único que no se tambalea. Siento la vibración de su pecho al reírse, de mí,
claro. Coloca sus labios en mi coronilla y me besa y yo pierdo un poco el
miedo, un poco solo.
-¿Ves?
No ha pasado nada.-me dice, mientras me separo de él. Doy un paso atrás y él
otro, la barca pierde la poca estabilidad que le quedaba y yo me precipito al
agua, agarrándome a lo primero que pillo. A su chaqueta.
El
lago no es profundo, apenas nos llega a la cintura, pero con la caída acabamos
igualmente empapados.
-Nada
de nada.-le digo mientras ando hasta la barca. Él llega antes y se sube, para
ayudarme a subir a mí.
Helada
es poco para cómo está el agua. Cuando logro subir con su ayuda ambos caemos
tumbados en la barca, él se echa a reír y yo, a regañadientes, también.
Me
pasa un brazo por los hombros y me acurruca en su pecho, donde casi ni siento
frío.
-¿Puedo
hacerte una pregunta?
-La
que quieras.-le contesto casi instantáneamente.
-¿Por
qué me llamaste Ángelo?-me pregunta, y noto su corazón acelerado.
Sonrío,
aunque él no pueda verlo. Levanto un poco la cabeza para mirarlo.
-Bueno,
desde el primer momento en el que me hablaste me acostumbré a verte como mi
propio sol… eras un ser de luz que había venido a sacarme de las tinieblas.
Ángelo era el mejor nombre que podías tener, puesto que eres mi ángel.-lo he
dicho y aún no sé ni cómo no me he puesto roja.-Vaya,-añado.-sonaba mejor en mi
cabeza, ahora es muy… cursi.
Se
echa a reír y me acaricia la mejilla.
-No
es cursi. Es lo más bonito que me han dicho nunca.-sonrío.
-¿Y
porqué tú me llamaste Ángela?-le pregunto, puesto que ha despertado mi
curiosidad.
-Bueno,
yo también acostumbraba a pensar en ti como mi propio ángel. Me hizo gracia
cuando me llamaste Ángelo, porque desde que te dije que nos pusiésemos nombres
falsos yo tenía claro cuál sería el tuyo. Pero en realidad, cuando me llamaste
Ángelo, tuve otra razón de peso para que tú tuvieras que ser Ángela.-me explica,
sonriendo mientras habla.
-¿Cuál?-le
pregunto intrigada.
-A
ver… si yo era Ángelo tú tenías que ser Ángela. No había más alternativa. Es
como… no sé. Si tu fueses un… ratón, yo sería un ratón, y si fueses una rana,
yo sería una rana. Yo siempre seré lo que tú seas.
-Y
yo lo que seas tú.-soy tonta y esa simple explicación ha servido para
emocionarme. Me abrazo fuerte a su pecho mientras los dos permanecemos
empapados por la caída y tumbados en la barca.

No hay comentarios:
Publicar un comentario